Entre ceja y ceja

La osadía de Almagro

miércoles, 1 de junio de 2016 · 00:00
No me voy a referir al osado adelantado, primer español que pisó suelo que hoy es Bolivia, que luego avanzó hacia lo que ahora es Chile y que disputó la conquista de estas tierras con los hermanos Pizarro, sino a un uruguayo que tuvo ayer la valentía y el decoro de invocar la Carta Interamericana, haciendo uso de sus atribuciones como secretario general de la Organización de Estados Americanos. Luis Almagro justificó ampliamente, en un brillante documento de 132 páginas, la necesidad de que la OEA se involucre en la situación política interna de Venezuela, dada la situación de extrema gravedad que amenaza la institucionalidad democrática de este hermano país.

Luis Almagro no puede ser sospechoso de animadversión ideológica o política en contra del régimen de Maduro. Sus credenciales como alto dirigente del Frente Amplio de  Uruguay y canciller del presidente Mujica  lo liberan de cualquier presunción en ese sentido. Como si aquello no fuera suficiente, Almagro fue un reconocido promotor y activo participante en la consolidación de Unasur y CELAC. De hecho, como miembro de la delegación especial de UNASUR a Venezuela en 2014, fue reconocido por las partes en conflicto  como un mediador idóneo entre Gobierno y oposición para frenar la violencia de aquel momento. 
 
De todas formas, se sabía que la respuesta de Maduro sería, literalmente, brutal. A las ya demenciales acusaciones de "agente de la CIA”, "lacayo del imperialismo”, se suman ahora los pedidos de "inmediata destitución” y otro tipo de descalificaciones en contra de Almagro. Según el mandamás venezolano, en su país no hay ninguna "alteración del orden constitucional” que amerite la invocación de la Carta Democrática Interamericana. Para el autócrata, el hecho de impedir sistemáticamente que la Asamblea Nacional venezolana pueda ejercer sus funciones y que la oposición no pueda activar el mecanismo constitucional del referendo revocatorio, no constituyen sino querellas internas que deben resolver los venezolanos. Maduro y sus adláteres tienen esa posición porque han impuesto, a lo largo de casi dos décadas, un sistema de coerción y control de los órganos del poder público que impiden un ejercicio pleno de las libertades y los derechos ciudadanos. 
 
La oposición democrática prácticamente ha agotado todos los mecanismos a su alcance para reemplazar democráticamente al régimen madurista y actualmente se halla inerme ante la arbitrariedad del abuso gubernamental. Después de enormes sacrificios y paciencia, la oposición obtuvo una amplia victoria que le dio un control absoluto de la Asamblea Nacional, pero este dato crucial no ha querido ser asumido por Maduro que se aferra al poder con uñas y dientes y da muestras que no abandonará el palacio de Miraflores por vías pacíficas o institucionales.
 
La invocación de la Carta Democrática Interamericana, promovida de manera entusiasta y firmada el año 2001 por Hugo Chávez, está plenamente justificada por Almagro en su informe al presidente del Consejo Permanente de la OEA. Allí se argumenta que: "La Secretaría General de la OEA considera que la crisis institucional de Venezuela demanda cambios inmediatos en las acciones del Poder Ejecutivo (…) La continuidad de las violaciones de la Constitución, especialmente en lo que refiere a equilibrio de poderes, funcionamiento e integración del Poder Judicial, violaciones de derechos humanos, procedimiento para el referendo revocatorio y su falta de capacidad de respuesta respecto a la grave crisis humanitaria que vive el país lo cual afecta el pleno goce de los derechos sociales de la población, todo ello implica que la responsabilidad de la comunidad hemisférica es asumir el compromiso de seguir adelante con el procedimiento del artículo 20 de una manera progresiva y gradual que no descarte ninguna hipótesis de resolución, ni las más constructivas ni las más severas”.
 
Más claro agua, lo que pasa es que estábamos desacostumbrados a este tipo de audacia que tanta falta le hacía a la OEA. Gracias Luis Almagro, tu osadía es bienvenida.

Ricardo Paz es sociólogo.

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