Al rescate del ajayu nacional

miércoles, 17 de octubre de 2018 · 00:11

El 17 de octubre de 2003 asumió la Presidencia de la República el ciudadano Carlos D. Mesa Gisbert, en cumplimiento de la sucesión presidencial prevista por la Constitución. Gonzalo Sánchez de Lozada había renunciado unas horas antes, presionado por una gigantesca movilización ciudadana que pedía su salida del gobierno. No era una simple transmisión de mando, era el fin de una época.

Desde agosto de 1985 hasta octubre de 2003 Bolivia vivió la etapa del ajuste estructural que muchos denominan, sin mucha precisión sociológica, “neoliberalismo”. En ese momento de la historia sucedieron cosas buenas y malas.

Entre las primeras, la consolidación de la democracia, la participación popular y una incipiente institucionalización del ámbito público; entre las segundas, el incremento de la corrupción, la subordinación de la justicia al poder político y la imposición de un régimen partidocrático, y excluyente.

Los excesos cometidos por los gobernantes de entonces provocaron que el “modelo“ del ajuste estructural no pueda cuajar en un paradigma nuevo; es decir, en un proyecto nacional incluyente que supere definitivamente al nacionalismo revolucionario. De hecho, el paradigma nacional popular, inaugurado en 1952 y que alcanzó su esplendor en dos etapas (civil y militar) hasta 1964, mantuvo su vigor de influencia hasta 1985. Parecía entonces que el ajuste estructural iba a inaugurar un nuevo paradigma, muy a tono con lo que pasaba en el mundo por aquellos años. Pero no, el “modelo” se ahogó en corrupción, partidocracia, cuoteo y entrega de nuestros recursos naturales.

Con lo nuevo que no terminaba de nacer y lo viejo que no terminaba de morir, llegamos al 17 de octubre de 2003. Carlos Mesa asumía las riendas de la nación con un triple desafío: consolidar la frágil democracia inaugurada el 10 de octubre de 1982, ampliar las fronteras de la participación ciudadana reconstruyendo el contrato social a través de una Asamblea Constituyente y recuperar nuestros recursos naturales mediante la convocatoria a un referéndum vinculante sobre la política energética.

Las tres tareas fueron cumplidas con tesón, valor y patriotismo. La vigencia del Estado social, democrático y de derecho, de las libertades ciudadanas y de la institucionalidad pública fueron plenas durante ese gobierno. Se produjo la reforma constitucional para habilitar la convocatoria a la Asamblea Constituyente y se inauguró la era de la democracia directa y participativa con la convocatoria y realización del referéndum del gas, en julio del año 2004.

Todo ello, en medio de la agresión constante de los extremos políticos radicales, enquistados, unos en el Parlamento y los otros en los autodenominados “movimientos sociales”. En ambos ambientes, de acuerdo a su conveniencia y oportunidad, actuó con pragmatismo el Movimiento Al Socialismo de Evo Morales.

El 17 de octubre de 2003 significó para Bolivia una oportunidad cierta de reconstitución del contrato social para dar lugar a la apertura de un nuevo ciclo estatal y la consecuente construcción de un nuevo paradigma incluyente. Lamentablemente, fue una oportunidad perdida, ya que en 2005 se apoderó de la insurgencia social un proyecto político excluyente, cuyo propósito principal fue la imposición de un “modelo” autoritario, neopopulista y de partido hegemónico.

Este “modelo”, como antes el de ajuste estructural, luego de 13 años, tampoco logró trascender a proyecto nacional y hoy naufraga en el pantano de males parecidos: corrupción, subordinación de la justicia al poder político y debilitamiento de la democracia.

Pero la historia nos da otra oportunidad, Carlos Mesa nuevamente asume la responsabilidad de proponer al país una salida. Ante la descomposición y fracaso del “modelo” masista, tenemos la posibilidad de abrir la senda de la concertación, y la inclusión. Un proceso de renovación generacional y ético que consolide la democracia, y nos permita vislumbrar un futuro promisorio, que luego de tanto padecimiento nos merecemos. Vamos pues juntos al rescate el alma nacional.

Ricardo Paz Ballivián es sociólogo.

153
24

Otras Noticias