Entre ceja y ceja

De héroe a villano

miércoles, 03 de octubre de 2018 · 00:11

El 1 de octubre, pasadas las 10 de la mañana, hora boliviana, la Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya dictaminó que Chile no tiene la obligación jurídica de negociar con Bolivia un acceso soberano al océano Pacífico. En poco más de una hora, el alto tribunal pulverizó, uno por uno, todos los argumentos y alegatos bolivianos, dejándonos atónitos y desolados. La CIJ emitió un fallo que no esperaba ni el más optimista de los chilenos y ni el más pesimista de los bolivianos. Negó, sin atenuantes, la demanda boliviana.

Hasta entonces todo parecía indicar que el fallo sería favorable a Bolivia y que lo que se discutía era la magnitud que tendría la derrota chilena. Un primer fallo, en 2015, contrario a Chile, que ratificaba la competencia de la CIJ para tratar la demanda, nos hizo pensar que el peor escenario para Bolivia era que se obligue a Chile a negociar un acceso al océano Pacífico, aunque sin mencionar el concepto de soberanía. ¡Cuán equivocados estábamos!

Sobre la base de la presunción del fallo favorable, el gobierno del MAS había montado una estrategia propagandística para sacarle el jugo al asunto. Se intentó posicionar a Evo Morales como al adalid, artífice y conductor, no solamente de la estrategia marítima, sino directamente de la “recuperación del mar para Bolivia“.

Toda la comunicación oficial estaba dirigida a persuadir subliminalmente al público que el actual Presidente nos iba a conducir a la recuperación del acceso al mar con soberanía. Se generó una enorme expectativa y optimismo desbordante. La estrategia comunicacional no admitía la probabilidad de un resultado negativo, todo estaba preparado en función de la victoria.

Las oposiciones políticas y ciudadanas, también presumiendo un fallo favorable a Bolivia, trataron de posicionar la idea de la no politización del tema marítimo. Las menciones al tema, los discursos y los mensajes fueron todos en la dirección de separar el tema del mar, que es de todos los bolivianos, de la política cotidiana.

Muchos entendimos que el mar está más allá de las circunstancias y apoyamos sin condiciones la estrategia gubernamental, soslayando el hecho de que aquello podría favorecer al MAS eventualmente, ya que creemos que los intereses superiores de Bolivia están siempre por encima de cualquier coyuntura, pero a otros no les hacía ninguna gracia que Evo Morales capitalice políticamente el seguro fallo favorable de La Haya.

En todo caso, en menos de dos horas, el “héroe“ del mar, el preclaro y audaz conductor de la demanda marítima, el “único“ presidente que “puso a Chile en el banquillo“, se convirtió en el “villano“ que “jugó con nuestra esperanza“, en el “perverso manipulador“ que nos hizo “retroceder 100 años” en nuestra reivindicación marítima, en el “inepto” que nos dejó en ridículo ante Chile y el mundo.

De pronto, los papeles se invirtieron de manera radical. El Gobierno empezó a reclamar que no se politice el tema y algunas oposiciones, lanza en ristre, emergieron para hacerle pagar a Evo Morales el mayor costo político posible.

El gobierno está padeciendo los rigores de una apuesta muy fuerte, que no parecía muy arriesgada, pero que, visto el resultado final, demostró ser catastrófica. Independientemente de que alguna gente, entre los que me incluyo, pensemos que es oportunista e indecente, execrar y vilipendiar lo que ayer apoyábamos o ante lo cual, por lo menos, guardábamos un prudente silencio, lo cierto es que la factura que está abonando Evo Morales, ante la opinión ciudadana, es muy onerosa. El tamaño de la frustración y de la bronca siempre es directamente proporcional a la magnitud de la expectativa y la ilusión generadas.

Los estrategas del MAS apostaron todo (o casi todo) a la ola de popularidad gigantesca que se alzaría después del fallo favorable en La Haya y que llevaría a Evo Morales a la repostulación, y a la posterior victoria electoral. No sospecharon que los dioses les tenían preparada una cruel jugarreta y que, en realidad, la ola sería un tsunami que dejaría en despojos sus anhelos de reproducción indefinida en el poder.

Ricardo Paz Ballivián es sociólogo.

588
25

Otras Noticias