Entre ceja y ceja

El banderazo

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miércoles, 07 de marzo de 2018 · 00:07

El presidente Morales lanzó la idea en una rueda de prensa el 14 de febrero pasado, propuso confeccionar una kilométrica bandera azul, con estrellas doradas y una bandera tricolor boliviana al lado de una wiphala: la “bandera del mar“. Al principio, los más cercanos  se pusieron raudamente a la tarea de instruir a todo el aparato administrativo del Estado para que acojan la sugerencia y consigan tela, operarios  y demás insumos para completar una bandera de unos 20 kilómetros de largo por 10 metros de ancho, una verdadera desmesura; un “récord“ mundial, como para aparecer en los Guinness.


Pero luego, el asunto se desbordó hasta el extremo. Se dice ahora que la bandera medirá más de ¡100 kilómetros! Y que será desplegada por más de 40.000 funcionarios públicos, civiles, policiales y militares a lo largo de la doble vía que une las ciudades de El Alto y Oruro. 


 Si asumimos que el rollo de tela de 50 por 1,50 metros cuesta ahora en el mercado, resultado de la arrasadora demanda, 500 bolivianos, estamos hablando de un costo de la mega bandera de algo más de seis millones y medio de bolivianos, casi un millón de dólares. Si agregamos a este costo de la tela, la confección y la logística para el traslado de la bandera, más la movilización y alimentación del personal encargado de desplegarla, el gasto se eleva considerablemente.


Todo ¿para qué? Los promotores y entusiastas afirman que se trata de simbolizar, ante el mundo entero, la decisión que tenemos de reivindicar nuestro derecho a una salida soberana al océano Pacífico, además de brindar un apoyo espectacular (en todo el sentido de la palabra) a nuestros delegados ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, en el momento que se produzcan los alegatos finales relativos a nuestra demanda en contra de Chile. 


 Los detractores piensan que se trata de un ardid propagandístico del Gobierno que da inicio, de esta manera, a toda una estrategia de aprovechamiento político electoral de esta causa nacional para beneficio de la figura de Evo Morales.


 Las preguntas que debemos hacernos al respecto son: ¿es una buena idea gastar millones de bolivianos, que podrían ser destinados a paliar los efectos de los desastres naturales u otras necesidades imperiosas de la colectividad, en la confección y posterior exhibición de una bandera, cuyo uso y utilidad es probablemente importante, pero indiscutiblemente efímera? 


 ¿Realmente la confección, posterior despliegue y exhibición de la megabandera es la mejor manera de llamar la atención del mundo sobre nuestro derecho a una salida soberana al mar? Creo que todos estamos de acuerdo en que bolivianas y bolivianos debemos estar unidos en torno a nuestra reivindicación marítima, pero esto no implica acompañar iniciativas evidentemente irreflexivas como esta del “banderazo”. No me parece que las estridencias y exageraciones, sobre todo si son tan onerosas, contribuyan a nuestra causa nacional.


 Si el Presidente quería dar una señal al mundo de la unidad de los bolivianos, mucho más efectivo hubiese sido que, previamente a los alegatos finales en La Haya, anuncie su respeto al voto del pueblo, expresado en los resultados del 21 de febrero de 2016 y, por consiguiente, su desistimiento definitivo a los intentos de repostulación inconstitucional. 


 Un compromiso de esta naturaleza, realizado con sinceridad y valor, con toda seguridad nos habría unido férreamente, mucho más que el “banderazo”. De esa manera, habríamos asistido a La Haya  mostrando al resto de los países  la autoridad moral de una nación y un pueblo unido que vive apegado a la ley, al respeto a la palabra empeñada y al Estado de Derecho. 


 De todas maneras, sin callar nuestra disidencia, más allá del despropósito del “banderazo”, expresamos nuestro apoyo incondicional a la causa marítima, a nuestro equipo jurídico que nos representa ante la CIJ y a nuestro vocero. Auguramos una victoria total en nuestra demanda, que, ni duda cabe, nos acercará, un paso más, hacia el océano Pacífico.

Ricardo Paz Ballivián es sociólogo.

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