Entre ceja y ceja

Un acto de fe

miércoles, 05 de septiembre de 2018 · 00:11

Un antiguo proverbio inglés enseña: “Hope for the best, prepare for the worst and receive what comes”, que traducido al español dice: “Espera lo mejor, prepárate para lo peor y acepta lo que venga”. Se trata de un principio básico de la estrategia, aplicable a casi todas las situaciones en las que requerimos tomar decisiones, en función de la construcción de escenarios probables. Una adecuada prospectiva política, por ejemplo, nos obliga a generar respuestas para varios escenarios, desde los óptimos para nuestros propósitos, hasta los más adversos.

La flamante Ley de Organizaciones Políticas (LOP), aprobada en la Asamblea Legislativa Plurinacional, genera un cambio radical en la situación y los tiempos de la política boliviana. Adelanta el cronograma electoral, lo cual obliga a los diversos actores políticos a asumir definiciones de manera anticipada a sus planes. Por una parte, el oficialismo debe adecuar todo su paquidérmico aparato gubernamental al servicio de sus objetivos electorales (como ya lo hiciera en 2009 y 2014), resolver el raudo deterioro de la imagen del régimen y de sus candidatos, y diseñar una estrategia política capaz de resistir más de un año de campaña electoral, en medio de los escándalos de corrupción y de gestión cotidianos.

Las oposiciones políticas, por su lado, tanto las partidarias como las no partidarias, la tienen aún más complicado. Deben adecuarse a los desafíos logísticos, normativos y procedimentales de la nueva LOP, lo que implica definir alianzas, candidatos, y estrategias electorales a velocidad de lince y sin muchas opciones de enmienda.

Hasta ahora, el signo común de la respuesta ha sido la sorpresa. En el Gobierno están tratando de entender este súbito cambio de estrategia, decidida de manera atolondrada por un sector de la cúpula, pero incomprendida por el resto de la dirección política. Muchos no están de acuerdo con la electoralización temprana, pues consideran que profundizará mucho más la descarnada lucha interna por las diputaciones y senaturías, con las consecuencias que son de prever.

En el campo de las oposiciones, los colectivos y las plataformas ciudadanas, parecen decantarse mayoritariamente por mantener la defensa de la soberanía popular, expresada en el voto del 21F de 2016, sin margen todavía para discutir una estrategia electoral; encaminando los esfuerzos a la abrogación de la LOP. En cambio, las organizaciones políticas, sin renunciar ni por un segundo a la defensa del 21F, dan la impresión de comenzar a preparar un escenario de eventuales alianzas y definición de candidatos.

Obviamente, el mejor escenario, para los fines de reposición del Estado de Derecho y la vigencia de la democracia, es el definido por los colectivos y las plataformas ciudadanas. En términos de nuestro proverbio, lo mejor que podríamos esperar de la resolución de esta coyuntura es la abrogación de la LOP y la imposición del resultado del 21F, con la consecuente no repostulación del binomio oficialista.

Lo peor que podría suceder, y para ello debiéramos estar preparados, es la imposibilidad de lograr la abrogación de la LOP y la inscripción (y legalización) del binomio oficialista para las elecciones primarias.

Si logramos, con la movilización ciudadana pacífica y una voluntad de hierro, abrogar la LOP e impedir la repostulación inconstitucional de Evo Morales y Álvaro García se abrirá un horizonte democrático. Pero si aquello no sucede, las organizaciones políticas y los colectivos y plataformas ciudadanas tienen el deber (se lo deben al pueblo boliviano) de concertar una alianza política – electoral lo más amplia posible y un binomio presidencial de consenso.

Sería, sin duda, un acto de fe, ya que se invertiría el clásico orden de la negociación política (primero que me das, que te doy y luego el acuerdo), pero no veo cómo, de otra manera, se pueda enfrentar con posibilidades de éxito esta nueva arremetida autoritaria del MAS. Es la hora de la grandeza y la generosidad. Es el tiempo de creer.

Ricardo Paz Ballivián es sociólogo

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