Ciudadanos y ciudadanas

martes, 16 de octubre de 2018 · 00:12

Los últimos años vivimos la usurpación de la ciudadanía por los movimientos sociales y los corporativismos sindicales. Ahora creo que las urnas definirán o ciudadanía o movimientos sociales.

El sistema democrático se construye sobe el reconocimiento de los ciudadanos y ciudadanas, por ello una persona es un voto. Pero la mayoría de los políticos se aferran a los movimientos sociales, sobre todo el MAS, para garantizarse gobernabilidad y/o gobernanza. Nos puentean a los ciudadanos, obligándonos a recurrir a estas organizaciones para acceder a servicios de salud, educación, justicia y un largo etcétera, tan largo como las necesidades de los ciudadanos. Muy pocos políticos se atreven a dejar a un lado a estos movimientos sociales y convocar directamente a la ciudadanía.

Generalmente, los movimientos sociales se nutren de los conflictos, nacen en los conflictos, de ahí que en los últimos años el Gobierno propició conflictos contra autoridades electas contrarias a ellos. Allá donde los movimientos sociales eran contrarios a los intereses del Gobierno central, crearon movimientos sociales paralelos.

Organizaron una Federación apócrifa de vecinos en la ciudad de La Paz para oponerse a la construcción de viaductos, que harán más habitables La Paz; utilizaron a los sindicatos de choferes para oponerse a los PumaKatari, que modernizan el transporte público.

No hay interés por mejorar la atención en la salud o justicia, pues de esa manera los ciudadanos se ven obligados a pedir el favor para que una organización social (movimiento social) haga gestiones y solucione el problema.

El movimiento social se consolida porque hay personas, ciudadanos que están obligados a recurrir a ellos para solucionar sus problemas cotidianos o estructurales que los presionan y les impiden progresar socialmente o económicamente. Ahora se hace justicia sólo para aquellos que tienen apoyo de organizaciones sociales o mucha plata.

Por ejemplo, la Central Obrera Bolivia (COB) es un movimiento social de trabajadores asalariados y en algún momento de su historia también representó eficientemente a campesinos, cooperativistas, etcétera. Se organiza en sindicatos, federaciones y confederaciones, que aglutinan a trabajadores con el fin de defender sus intereses comunes ante los empleadores y el gobierno. Los intereses son económicos, sociales y políticos. Por ello se habla que el sindicalismo es un movimiento socio-político.

Desde esa perspectiva el sindicato es necesario en la representación de los trabajadores. Eso no está en duda. Pero un sindicato no es partido político. Este sindicalismo representado por la COB, en el pasado gozaba de credibilidad debido a que era una representación plural, dado que en su seno estaba incorporado todo el abanico político que se movía dentro el movimiento sindical. Ahí radicaba su poder, ahí radicaba su convocatoria, porque la independencia política de la organización estaba garantizada por encima de todo. Porque entendían el sindicalismo socio-político.

En la actualidad en la COB sólo se escucha una voz con tono azul. De esa manera, se convierten en la amplificación del discurso oficialista. La COB, desde esta perspectiva, perdió credibilidad política. Quizá todavía tenga algún reconocimiento en materia social.

Carlos Mesa está interpelando a los ciudadanos y ciudadanas, no a las organizaciones sociales. Lo hace así porque entiende que las políticas públicas impactan positiva o negativamente en los individuos y no así en las organizaciones. Se dirige a la población en el entendido de que los ciudadanos y ciudadanas son lo suficientemente lúcidos y pueden entender sin necesidad de que alguien les traduzca o explique las políticas, y, mucho menos, interprete sus necesidades. Evo Morales considera que los individuos necesitan intermediarios entre el ciudadano y el candidato, entre el ciudadano y el Estado.

La elección se basa en que una persona es un voto, de esta manera se llega a efectivizar que todos somos iguales ante la ley.


Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.

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