Atando cabos

Informalidad y relaciones laborales

martes, 10 de julio de 2018 · 00:12

Comúnmente se dice que el mercado de trabajo es aquel espacio donde se encuentran la oferta y demanda de mano de obra, y su equilibrio determina el nivel salarial, así como el nivel de empleo de equilibrio.  Si bien esta afirmación es cierta, debemos decir que es tan general que oculta detrás de cada palabra algunas verdades.

Efectivamente, el mercado de trabajo es ese espacio donde interactúa la oferta que realizan los buscadores de empleo con la demanda que realizan los empleadores. Pero los desempleados no son homogéneos, se diferencian por experiencia,  sexo, edad, nivel de educación, pertenencia a clases sociales y, sobre todo, aspiraciones. Por su lado, los empleadores también son diferentes. Pertenecen a sectores diferentes, sus empresas son de distinto tamaño, tienen una relación de capital/trabajo diferente, tienen preferencias para contratar trabajadores de determinado sexo, de un nivel educativo específico. 

 En fin, en el mercado de trabajo interactúan todas estas variables. Pero además, en esta determinación con base en tantas variables, nos encontramos con la acción que ejerce la legislación laboral, que otorga derechos a los trabajadores y obligaciones a los empleadores. 

 Hasta ahí todo marcha bien, pero ese razonamiento parte de la consideración de que todos los mercados de trabajo  pertenecen al mundo de la economía moderna, no toman en cuenta que la mayoría de los trabajadores son por cuenta propia o están vinculados a emprendimientos denominados informales y donde se destaca el sector de comercio al detalle. En este mundo, donde están cobijadas más de tres millones de personas, lo que las caracteriza es la precariedad laboral, bajos ingresos y un absoluto irrespeto a la legislación laboral y a las autoridades del trabajo. La precariedad laboral del mundo informal al parecer impacta en las relaciones en el mundo formal o moderno.  

La informalidad, a diferencia de lo que muchos creían en la década de los 70 del siglo pasado, ya no se lo puede considerar un fenómeno coyuntural o un refugio de los desempleados; la informalidad debemos considerarla ahora como un elemento estructural del mercado de trabajo. Al parecer, ahora, todo trabajador debe optar por un empleo con algo de protección en el sector moderno o un empleo de una desprotección absoluta en la informalidad.

 La Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su Recomendación 204 del año 2015 señala que la mayoría de las personas que se incorporan a la economía informal no lo hacen por elección, sino como consecuencia de la falta de oportunidades en la economía formal y por carecer de otros medios de sustento. Esta organización también señala que “la alta incidencia de la economía informal, en todos sus aspectos, representa un importante obstáculo para los derechos de los trabajadores, con inclusión de los principios y derechos fundamentales en el trabajo, así como para la protección social, las condiciones de trabajo decente, el desarrollo inclusivo y el Estado de derecho, y tiene consecuencias negativas para el desarrollo de empresas sostenibles, los ingresos públicos y el ámbito de actuación de los gobiernos, en particular por lo que se refiere a las políticas económicas, sociales y ambientales, así como para la solidez de las instituciones y la competencia leal en los mercados nacionales e internacionales”.

 En otras palabras la OIT, que hace más de 40 años acuñó el término de la informalidad, comienza a observar que las relaciones sociales en el mundo de la formalidad comienza a desquebrajarse por la acción que ejercen las relaciones laborales caracterizadas por la precariedad del mundo informal.

La respuesta estatal en Bolivia ha sido formular más normas de protección a los trabajadores asalariados del mundo formal, sin darse cuenta que, al parecer, estas nuevas disposiciones están provocando resistencia a contratar a nuevos trabajadores en las empresas denominadas modernas. De esta manera, como lo muestran algunas reflexiones, el universo de la informalidad se expande a costa de los trabajadores formales. 

 Creo que este tema ya no sólo tiene que ser visto desde la perspectiva de las relaciones laborales, sino que la ampliación del trabajo formal tiene que ser enfocado desde la perspectiva del desarrollo industrial.

 
Rodolfo Eróstegui Torres es experto en temas laborales

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