Rodolfo Eróstegui

La gran decepción

martes, 12 de noviembre de 2019 · 00:17

Hace casi 14 años atrás ganaba las elecciones el señor Evo Morales. Yo pensé que él representaba un proyecto bonito, que de llevarlo a la práctica podría traer grandes beneficios para las familias bolivianas y, lógicamente, para el país. Pero, a los pocos meses de ejecutarlo se pudo observar que ese proyecto se había corrompido políticamente, económicamente y socialmente.

Lo que diré no es novedad, lo dije a lo largo de estos casi 14 años. Y cuando digo corrompido no sólo me refiero a lo económico, sino a todas las formas de corrupción que se pueda conocer. Lógicamente en toda corrupción hay presencia de un contenido económico.

Pensé que la Central Obrera Boliviana (COB) se fortalecería, pues el Presidente pertenecía a una forma de organización de trabajadores del campo, que los llamamos por costumbre sindicatos campesinos. Que era un buen momento para modificar nuestra vetusta ley del trabajo y con ella las relaciones laborales distorsionadas con tanta disposición dispersa y contradictoria. Que había llegado el momento para lanzar la cuerda salvadora a todos los trabajadores del sector informal, núcleo básico de refugio de los pobres. También pensé que ahora si se podría revertir la precarización laboral de los trabajadores al servicios del Estado, que se terminarían los “famosos” consultores en líneas.

Pero no. Hicieron todo lo contrario. No modernizaron la Ley General del Trabajo y, por consiguiente, las relaciones laborales siguieron por los mismos caminos, no se incorporó a disfrutar de los beneficios de la protección estatal a los trabajadores de las micros y pequeñas empresas. Los trabajadores públicos siguen con contratos en línea. En definitiva, no pudieron detener la precarización laboral.

Sin embargo, toda la política de ratificación neoliberal fue camuflada con un discurso “revolucionario”, disfrazada con la nominalmente derogación del artículo 55 del DS 21060. Aprobaron muchas leyes y decretos que favorecen a los trabajadores que siempre estaban protegidos, es decir, a los de las grandes empresas. El Ministerio de Trabajo inspeccionaba dos o tres veces al año a las empresas transnacionales, a las grandes empresas donde existen condiciones laborales buenas. Pero no lo hacían en las pequeñas empresas que ofrecen lugares de trabajo insalubres, con riesgos altos para el trabajador.

Efectivamente, la tasa de desempleo bajó, pero los nuevos empleos fueron creados, no podía ser de otra manera, en los sectores de minería, lo cual es un reflejo de la falta de creatividad para cambiar el modelo primario exportador. También se creó empleo en la construcción. En minería y construcción, lo que más demandaban eran peones; los profesionales, los técnicos quedaron desamparados y optaron por salir del país. El sector del comercio al detalle también incorporó a grandes contingentes de trabajadores. Todos estos sectores, a diferencia del empleo industrial, demandan mano de obra de baja calificación y ofrecen condiciones precarias de empleo.

El movimiento sindical sucumbió ante las ofertas de canonjías que le ofreció el partido de gobierno. No reclamaron lo que en verdad los trabajadores necesitaban. Prefirieron recibir hoteles, oficinas, vehículos para su organización que asumir una actitud de reivindicación de las demandas populares.

Dieron su apoyo al partido de gobierno a cambio de algunos curules y cuotas de poder en el Órgano Ejecutivo. Curiosamente, ese apoyo al gobierno le retiró el día en el que el pueblo salió a las calles a defender su voto. Es decir, mostraron un grado ordinario, por decir de algún modo, de participar en política.

Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.

154
5

Otras Noticias