Rodolfo Eróstegui T.

El cuento del golpe de Estado y los compradores engañados

martes, 10 de diciembre de 2019 · 00:12

El cuento del famoso golpe de Estado en Bolivia es un tema para consumo externo y para aquellos que defienden las políticas populistas latinoamericanas desde hace más de 20 años. Sin embargo, esta ficción puede traer algunas consecuencias precisamente en el campo internacional. Por ello es importante aclarar a los de allá qué es lo que aconteció acá. 

La invención del golpe de Estado es ideado por Evo Morales para tapar el fraude electoral que cometió con sus colaboradores y su partido. Esta artimaña de endilgar a otros por sus actos dolosos o de sus errores la utilizó en Bolivia durante 14 años. Ahora la realiza a nivel internacional y un dignatario de Estado como  Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, y personalidades, como Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de La Paz, o instituciones desorientadas, como Clacso, cayeron en la trampa, y comenzaron a recitar el guion sin un mínimo de crítica; el resultado fue que se enredaron en la mentira. 

De esta manera,  la mitomanía de Morales se convierte para ellos en  “verdad”. Es más, algunos incautos creyeron las falsedades de un grupo de aventureros argentinos, seguramente apoyados por el Foro de Sao Pablo, que afirman que en Bolivia se cometieron atrocidades contra los derechos humanos, utilizando argumentos de sucesos acontecidos en la época de la dictadura argentina (Puka Reyesvilla “De alucinaciones y piratas”, 6 de diciembre). Ahora se suma  un juez argentino y  pretende iniciar un proceso contra la presidenta Añez, basado en esas mentiras. Es para reír.

La verdad es que Evo quiso eternizarse en el gobierno bajo el argumento que ese era su derecho humano. La Constitución boliviana, aprobada por Evo Morales, en su Artículo 168 dispone claramente que el periodo de mandato del presidente y vicepresidente es de cinco años y pueden ser reelectos una sola vez. Evo Morales quería su cuarto mandato. La reforma de la Constitución está normada en la propia Constitución, en su Artículo 411, que señala que la reforma tendrá lugar a través de una asamblea constituyente originaria plenipotenciaria, activada por voluntad popular mediante referendo.

Por lo tanto, la modificación del Artículo 168 estaba blindada. Sólo la voluntad popular podía cambiarla. Por esa razón Evo convocó a un referendo en el que preguntó si los bolivianos estábamos de acuerdo con reformar el 168 de la Constitución para que él y García pudieran ser reelectos. La respuesta mayoritaria del pueblo fue un No. Para volver a ser candidatos no les queda otra que violar la Constitución y el resultado del referendo. De esa manera  instruyeron a su Tribunal Constitucional (Evo  lo nombró) a emitir una sentencia que los  habilite. 

El Tribunal Constitucional no tiene atribución para modificar o interpretar la Constitución; son “habilitados” por una chicana jurídica y  participaron en las elecciones de este año. Pero no se dieron cuenta de que la reelección no era un tema jurídico, sino ético; por ello los resultados electorales de este año nuevamente le son contrarios y para recalcar su falta de ética, instruye  se haga fraude,  ahora comprobado por la OEA,  y así violentaron la  voluntad popular. 

Los jóvenes, en particular, y el pueblo, en general, se volcaron pacíficamente a las calles a defender su voto, portando únicamente pitas (cuerdas) que las amarraron en las esquinas y paralizaron al país por 21 días. La respuesta del masismo, instruido por Evo (hay un audio), fue con armas de fuego, garrotes, machetes, cortando los suministros a las ciudades, cuan si fueran paramilitares. Por ello salió el Ejército a las calles. Pero La contundencia de la manifestación ciudadana los obligó a renunciar.  

Ahora el país está  empeñado en el reencuentro, que por ahora está siendo entorpecido desde el exterior, por autoridades mal informadas; por dictaduras, como la cubana y venezolana, que defienden su propia supervivencia para que sus pueblos no utilicen pititas, y ellos también tengan que salir. A este coro de desentonados se suman algunas personalidades e instituciones de la izquierda dogmática, que no les permite ver más allá de su ideología.

  

Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.

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