Rodolfo Eróstegui T.

Juventud, divino tesoro

martes, 07 de enero de 2020 · 00:12

La gran sorpresa del año 2019 para todos los sesentones, como yo, es que la mayoría de la juventud, a la que caracterizábamos o caricaturizábamos como individuos que andaban tras su smartphone o en actividades triviales, se manifestaron políticamente con una gran madurez y no demostraban no contar con experiencia. 

Lo que muchos criticaban que los jóvenes ya no estudiaban, que todas las respuestas las obtenían de su smartphone,  en definitiva no había sido tal, pues esas habilidades obtenidas les permitieron una comunicación en tiempo real de lo que acontecía en todas las ciudades, permitiéndoles una coordinación entre ellos. Hicieron viral en las redes el: Evo de nuevo, huevo carajo.  Los que estaban más organizados  eran los que en las universidades se vincularon con las ciencias políticas y contaban con su plataforma o agrupación ciudadana.

Lo más interesante es que todo este movimiento juvenil en ningún momento interpuso su demanda;  ellos únicamente querían que el dictador, el que se había apoyado en el fraude electoral, se vaya, que no se cruce en su camino. Querían que se respete su decisión, que la expresaron en las urnas.

Nosotros, los que nos creemos viejos zorros de mar, los que estamos o estuvimos colegiados o sindicalizados, lo primero que pensamos en una movilización es qué vamos a obtener a cambio, también pensamos que al entrar en un conflicto, lo primero que tenemos que saber es cómo salir de él.  Estos jóvenes no, no tenían demanda y no pensaron en el cómo salir del conflicto; tenían el convencimiento de que el usurpador, el corrupto, el que les robaba su voto, debía salir.

Los políticos inteligentes inmediatamente se dieron cuenta de que esa pelea les correspondía pero que la movilización la hacía  la juventud, a la cual ellos no la conducían, a pesar de que seguramente muchos de ellos fueron sus electores. Respetaron y dejaron que ellos manejen el conflicto. Pero no faltaron las  personas que se aprovecharon de la ausencia de liderazgo y se encaramaron en la cresta de la ola, cual si fuera surfista, y todo con el apoyo de papi.

Si bien el detonante de todo fue el fraude electoral, no debemos olvidarnos que la juventud actual tiene inseguridades diferentes de las que nosotros experimentamos en nuestra juventud. Por decir algo, ellos demandan mayor seguridad en el sentido de asegurarse una calidad de vida mejor que la actual, que se va deteriorando todos los días debido al cambio climático. No saben qué les deparará el futuro. El incendio de la Chiquitania, la contaminación de los ríos por la actividad minera, etcétera, les enviaba mensajes de que poco a poco se estaban quedando sin país. 

Si bien no toda la juventud piensa igual, pues los jóvenes de la clase media tienen una demanda de trabajo que se diferencia de las que tienen segmentos más populares: las clases medieras prefieren crear sus propios trabajos, quieren tener las comodidades actuales, pero bajo un signo de responsabilidad ecológica. 

No creen en los trabajos en grandes empresas que se caracterizan por la contaminación, etcétera. Mientras que los pertenecientes a las clases populares sí demandan un empleo más tradicional, a pesar de que su principal fuente de empleo está  en el sector informal. Aquí una coincidencia, las clases medias acomodadas y las populares se encuentran en el sector informal.

En su subconsciente se fue anidando la idea de que las políticas que impulsaba Evo Morales les mostraba un futuro negro. Era una política contaminante, que no hacía nada por el cambio de la matriz productiva. Al mismo tiempo, se fue enraizando la idea de que la política del exmandatario los conducía a vivir en situación similar a la que se vive en Cuba o Venezuela, cuya calidad de vida es menor a la que ellos tienen en Bolivia.  Esta situación se agravó al ver a muchos jóvenes venezolanos con sus familias, pidiendo apoyo en las calles. Eso los aterró.

Pero en general, la juventud actual nos dio una gran lección, por ello reproduzco la frase de Rubén Darío: “Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer”.

Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.
 

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