Rodolfo Eróstegui T.

Apostar a las Mypes es sacarse suerte sin blanca

martes, 10 de noviembre de 2020 · 00:11

En esta crisis sanitaria casi todas las personas recurrimos a una pequeña o microempresa (Mypes) para abastecernos de productos básicos o para adquirir los insumos necesarios para combatir el virus. Ahora se entiende más el libro de Schumacher escrito en 1974, “lo pequeño es hermoso”.

La parálisis del mercado y el comercio mundial no se notó en el mercado interno porque estos pequeños emprendimientos se adecuaron inmediatamente a las condiciones económicas y sociales. Para lograr ese cometido se crearon muchas empresas de servicios, sobre todo para  facilitar la adquisición de los productos.    Pero también debemos reconocer que muchas Mypes periclitaron, sobre todo aquellas que estaban ubicadas en segmentos de mercado como el turismo.   

Para que se entienda más, la microempresa se caracteriza, desde la perspectiva del número de trabajadores, por tener menos de nueve personas ocupadas. Mientras que la pequeña empresa es aquella que contrata entre 10 y 19 trabajadores.  En la microempresa se cuenta con  tres o  cuatro trabajadores y generalmente son familiares. Los trabajadores en las  pequeñas empresas fluctúan entre 10 a 12 trabajadores, muchos de los cuales también son familiares.

 En los dos segmentos hay empresas productivas y de servicios.  Son intensivos en mano de obra y operan en un mercado reducido; no pagan todos los tributos al Estado, por ello se dice que  la mayoría de estos establecimientos son empresas informales. 

Se dice que más del 80% de la población ocupada está en este segmento. Y como se pudo apreciar en los momentos más duros de la pandemia, este 80% hizo gala de su imaginación y no nos abandonaron.  Primero subsistieron como personas y luego como empresas, y nos abastecieron con su oferta de bienes y sus servicios. 

De esta manera,  los bolivianos pudimos sobrevivir a esta emergencia sanitaria, la misma que todavía no termina. Sin embargo, las autoridades que acaban de ingresar (a pesar que no son tan nuevos) creo que no llegan a entender el rol de este tipo de empresas en el país, por lo menos eso se extrae de su programa ofertado al país.

Las políticas destinadas al sector históricamente, con excepción al gobierno de Belzu,  han estado más cercanas a lo que consideramos como  política social. Lógicamente la excepción es parte de la regla. Lo que quiero decir es que no estuvieron en la óptica de la política la económica, sobre todo para desarrollarlas y consolidar a los emprendimientos pequeños. En otras palabras, se los reconoce como un sector social y no así como un actor económico.

 Por ello las políticas son de capacitación y/o formación de mano de obra para elevar la productividad y la calidad del producto, de acceso a servicios de apoyo empresarial que patrocina alguna Organización No Gubernamental, como ser ventanillas de información sobre tecnologías, mercados, etcétera. Pero sobre todo, los pequeños emprendedores encuentran información para la  formalización. Estas últimas son más de apoyo al Estado.  Sin embargo, el Estado pide que estas empresas sean más eficientes y generen más empleo.

El Estado, lejos de ser útil a las Mypes, optó, en algunos rubros, por impulsar emprendimientos que son su principal competencia, sobre todo en la producción de alimentos, ya que el Estado se dedicó a producir lácteos, productos de almendra, o endulzantes y frutícolas, por ejemplo.

El Estado reconoce que uno de los principales problemas del país es la pobreza. Pretenden  solucionarla otorgando bonos. Dan el pescado pero no enseñan o incentivan a pescar. Se puede apreciar que el Estado está lejano de los emprendedores cuando éstos necesitan apoyo, pero siempre están ahí, al acecho, para multarlos, cobrarles impuestos etcétera. 

Si el empleo está concentrado en las Mypes, es de suponer que en ese segmento se encuentra concentrada la pobreza; entonces, por qué no invertir en su desarrollo y consolidación para que éstas puedan mejorar los ingresos de los trabajadores y, a al mismo tiempo, atacar un frente abandonado que es la atención de la salud. Todo trabajador asalariado está o debería estar afiliado a una caja de salud.

Esta crisis sanitaria está mostrando dónde están concentradas las posibilidades de actividad económica y  para enfrentar la pobreza. Creo que apostar por las Mypes es entrar a una rifa de alasitas donde todos ganan: suerte sin blanca.

 

Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.

 

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