Rodolfo Eróstegui T.

Salarios y productividad desequilibrados

martes, 18 de febrero de 2020 · 00:11

Al parecer el tema salarial está en agenda, por lo menos a esa conclusión llego después de  que la Central Obrera Boliviana, el magisterio urbano y algunas cámaras empresariales (Rolando Kempff, de la Cámara de Nacional de Comercio,  y Hugo Siles, asesor de la Cámara Nacional de Industrias) también hablan del tema. Es hora de comenzar a analizar este tema, pero desde una perspectiva más neutra respecto a los intereses de los actores de la relación laboral. 

El debate salarial no tiene que girar en torno a las estadísticas. Creo que en los últimos años se llegó a un acuerdo tácito, entre trabajadores y empleadores de  que el salario mínimo y el salario básico de los trabajadores no guardan una relación adecuada con la productividad.  Por lo tanto, se tiene que comenzar a discutir en torno a cómo sincerar los salarios y productividad con la economía nacional. Hasta ahora lo que se ha hecho en el último lapso azul perjudica a la producción nacional y con ello a la inversión.

La población asalariada, en el mejor de los casos, llega a representar el 25% de la población ocupada, pero el salario mínimo es un referente para la remuneración en el sector informal, de ahí su importancia.  

El Gobierno de transición debería tender a conciliar este aspecto de la economía, pero como se volvió Gobierno-candidato, mucho me temo que el enfoque salarial no esté muy alejado a lo que hizo el MAS durante los últimos 14 años: campaña. Si esta sospecha se verifica, entonces estaremos profundizando los problemas de la economía en lo que respecta a su competitividad internacional;  por ello es importante  devolver el equilibrio salarial en el mercado de trabajo para favorecer al empleo. 

Estamos en una coyuntura ideal que al parecer no la volveremos a tener en el corto plazo para concertar entre empleadores y trabajadores la política salarial y la productividad. 

La ley faculta al Ministerio de Trabajo fijar periódicamente el salario mínimo de acuerdo a las regiones y sectores económicos, y no significa que se está en la obligación de aumentar el salario todos los años, sino cuando el deterioro del salario sea notorio. Este fenómeno puede darse en más de una oportunidad en el año o puede pasar más de un año para que el ministerio tome una decisión al respecto. Pero por la fuerza de la costumbre lo realizamos una vez al año y las costumbres creo, y mucha gente cree, que hay que respetarlas.

Por otro lado, el Convenio 131 de la Organización Internacional del Trabajo sobre la fijación del salario mínimo, del año de 1970, establece que el Gobierno, el Ministerio de Trabajo, concretamente, deberá hacer consultas exhaustivas con las organizaciones de empleadores y trabajadores, que no es lo mismo que negociar. Con dichas sugerencias, el Estado  podrá fijar el nuevo nivel de salario mínimo. 

Pero en el país, desde el último gobierno de Paz Estenssoro, el salario mínimo ha sido negociado. A este mecanismo lo OIT no se opone, porque esta organización promueve el diálogo social. Considero que ahora esta herramienta debe ser utilizada en este campo. Pero el diálogo tiene que implementarse técnicamente para que éste no provoque el inicio de un conflicto social.

Tan importante es fijar el salario mínimo como el incrementar la productividad del trabajo; por lo tanto, a tiempo de negociar el alza salarial se debe discutir una política de mejora permanente de la productividad. El restablecimiento del equilibrio entre productividad y remuneración al trabajo es un tema urgente.

 

Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.

 

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