Rodolfo Eróstegui T.

Pandemia una nueva oportunidad

martes, 31 de marzo de 2020 · 00:06

Todos podemos infectarnos con el Covid 19. Este virus, al igual que otros, no distingue a las personas por su género, riqueza o pobreza, por el cargo que ocupas, por  la profesión  o si simplemente eres asalariado o trabajador por cuenta propia. La única medida comprobada para evitar el contagio es la que se está haciendo en todo el mundo: quedarse en casa disciplinadamente y, para los desafortunados que se contagian, dotar de un servicio sanitario, los mismos que son deficientes porque se despilfarró el dinero en canchitas de fútbol.

La cuarentena, indispensable para deshacernos del virus, prácticamente paraliza la economía mundial, afecta a todos, a unos más que a otros. Los que más pueden resistir son aquellos que tienen más ahorro disponible. Los que viven de lo que ganan al día son los menos favorecidos. La solidaridad, que siempre emerge cuando alguien pasa dificultades, está emergiendo nuevamente ahora. También se hace una oferta del gobierno para auxiliar con una canasta de alimentos a los menos favorecidos, supongo que ya tienen una estrategia para que lleguen a los más necesitados. A esta altura de la cuarentena, casi todos los hogares son los más necesitados.

Creo que es hora de ir pensando qué es lo que haremos una vez derrotemos a ese enemigo invisible que hace estragos.

Por de pronto, según información, la contaminación mundial disminuyó, aquí en Bolivia lo propio. El hueco de ozono se cerró bastante. Esos indicadores, muestra de muchos más seguramente,  nos muestra que nosotros éramos para la tierra su coronavirus, la estábamos matando poco a poco. Por ello, una vez salgamos triunfantes, debemos plantear la satisfacción de nuestras necesidades a partir de la utilización de tecnologías verdes. No hay de otra, ya no podemos tener industrias con chimeneas que suelten gases contaminantes, canales que lleven a los ríos sustancias nocivas a la naturaleza.

China, Estados Unidos, Europa, India y en general todos los países tienen que sentar cabeza y cambiar radicalmente el concepto de empresa. De ser máquinas de producir ganancias, deben pasar a ser empresas que presten un servicio para satisfacer nuestras necesidades y nuestras necesidades tendrán que ser mucho menores de las que tenemos ahora.

Transformar la propiedad privada en estatal (las famosas nacionalizaciones) no cambiará nada si las empresas públicas sólo son el reemplazo de las privadas y sigan actuando igual o peor que las empresas nacionalizadas. Es una tarea difícil, pero debemos empezar ahora antes que se nos pase el miedo y nos llegue otro enemigo invisible y silencioso peor que este Covid 19 y nos lleve a la fosa común a todos.

Cuando hablamos de las empresas que deben cambiar estamos refiriéndonos también al cambio que deben tener los trabajadores. Las organizaciones de trabajadores no pueden seguir con los mismos idearios, entre otros la lucha de clases. No pueden sujetarse a los conceptos de la ley de 1942, debemos dar paso, de hecho lo están haciendo sin reglas algunas, a las nuevas formas de relaciones de trabajo.

Más del 80% del empleo está vinculado a las pequeñas empresas. Éstas, por la dureza de las medida (no critico las medidas, no veo otras en el horizonte), provocará el despido masivo de trabajadores. La sociedad debe ser solidaria y apoyar su recuperación en los términos que describo en este artículo.

Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.

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