Rodolo Eróstegui T.

De trabajo decente a saludable

martes, 23 de junio de 2020 · 00:11

Desde el año 1999, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) impulsa el concepto del trabajo decente. Éste sintetiza las aspiraciones de las personas durante su vida laboral. La persona debe acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo, la seguridad en el lugar de trabajo y la protección social para las familias. Ahora mucho me temo que los trabajadores priorizarán el trabajo saludable, aunque pierdan la calidad que tenían antes de la pandemia. Como dice mi amigo Gabriel Loza, estamos en una transición del trabajo decente hacia el trabajo saludable.

La crisis sanitaria que se desató en todo el mundo está creando una masa gigante de desempleados. La OIT considera que más de 300 millones de empleos se estarían perdiendo producto de la pandemia. El tiempo para la recuperación de empleos aún no ha sido determinada, pero muchos analistas internacionales afirman que la mayoría de los trabajadores asalariados, aunque recuperen su empleo, perderán la calidad que tenían antes; y aquellos trabajadores por cuenta propia, debido a las cuarentenas y a las nuevas condiciones de relacionamiento entre las personas, dejarán de percibir el ingreso que tenían antes de la pandemia.

En muchos países de Latinoamérica se realizaron esfuerzos estatales para transformar los empleos precarios en decente. Unos vinculados a la informalidad y otros en el sector moderno. Muchos gobiernos modificaron o modernizaron sus legislaciones laborales con la sola intención de mejorar la calidad del empleo. Los resultados no siempre fueron alentadores. Pero ahora, como se dice popularmente, la pandemia, de un solo plumazo, desbarató todos esos esfuerzos y, al parecer, estamos en los albores de una nueva era en las relaciones laborales, en las que el trabajador priorizará el empleo saludable y, recién, en segundo término, tomará en cuenta los conceptos de trabajo decente.  

En Bolivia, según un sondeo, más del 70% de las empresas piensa reducir su planilla y casi el 60% de los empresarios no piensa realizar inversiones en un futuro próximo que, como sabemos, es la que genera empleo. Pero del mismo sondeo señala que la flexibilización o transformación de las relaciones laborales ya comenzó. Se presentan muy pocos casos de reducción del salario, pero se presentan este tipo de políticas, que antes de la pandemia era consideradas como despido indirecto. También se aprecia que el 35% de los empresarios redujo la jornada laboral y el 12% de ellos modificó los contratos de trabajo.

Muchos de los empleadores, de aquí en adelante, no tendrán las mismas condiciones de mercado para operar. El negocio ya no será como antes. Pero para otros, industrias de insumos médicos o de seguridad, la curva ascendente de su emprendimiento recién comienza. 

Al parecer, existe un porcentaje importante de empleadores que antes de la pandemia ya pensaba rebajar su planilla, ahora tiene la excusa perfecta. Podemos estar en los inicios de una transformación radical de las relaciones laborales y con poca resistencia laboral. Pero los empleadores que comiencen a despedir trabajadores y no estén dispuestos a ceñirse a la normativa laboral vigente causarían un conflicto social que sería difícil de controlar políticamente. La sociedad sin ese tipo de actitudes ya está, como decía mi abuela, a punto caramelo.  

Los trabajadores se asirán con uñas y dientes al trabajo que tengan en la actualidad y no querrán estar en paro. Estos trabajadores estarán dispuestos a perder calidad en la relación laboral a cambio que en su empresa proporcionen una protección adecuada contra la Covid – 19, es decir, que amplíen la seguridad industrial y creen protocolos contra el coronavirus.

Como el momento histórico que se vive no está para realizar experimentos políticos ni sociales, lo mejor que se puede hacer es convocar a un diálogo social y político para encontrar soluciones concertadas en los ámbitos que correspondan.

 
Rodolo Eróstegui T. es experto en temas laborales.

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