Rodolfo Eróstegui T.

Cómprame pues caserita

martes, 9 de junio de 2020 · 00:11

Con la crisis sanitaria se pusieron varios temas sobre el tapete. Nosotros nos referiremos únicamente a la capacidad productiva del país para enfrentar, con nuestros propios medios, situaciones como la actual. 

La crisis del Covid – 19 agarró a todo el mundo por sorpresa. Los implementos necesarios para combatirlos tienen una alta demanda y escases de oferta. Esto provoca especulación de precios. Hay colas de países en las puertas de las fábricas para adquirirlos. También se abre la posibilidad de cometer actos de corrupción. Nosotros nos pusimos en la cola, en vez de aprovechar nuestras posibilidades reales de producción.

Las autoridades nacionales ufanándose eficiencia comenzaron a importar barbijos. Luego se procedió a importar respiradores y ventiladores, jactándose de su efectividad, por último se necesitaban los famosos kits de diagnóstico del Covid – 19. Los mismos que también se están importando. También se pavonearon por cerrar una fábrica informal de jabón líquido y sanitizador de manos. Ahora sólo los importamos.

Para producir barbijos se requieren tela, hilo y máquinas de coser. En el país existen muchísimos micro y pequeños empresarios que tienen la capacidad instalada para confeccionarlos. Sin embargo, los gobiernos (nacional, departamental y municipal) se esforzaron para adquirirlos fuera del país. El argumento compartido por algunos ingenieros es que se requiere de ciertos niveles de controles de calidad, sobre todo en la tela y en el diseño. 

Sin embargo, en Google encontramos tutoriales para confeccionarlos que incluyen desde la tela específica y diseño. Es más, indican cómo se puede confeccionar estos elementos de bioseguridad en los hogares. Los pequeños empresarios, fieles a las orientaciones de la mano invisible del mercado, los copiaron y comenzaron a producir y ahora los venden en las calles. De esa manera los emprendedores comenzaron a proporcionar más seguridad a las familias de que la que da el Estado y, al mismo tiempo, evitan la pérdida de empleos.  En todo este proceso el Estado está ausente. 

 La Escuela Militar de Ingeniería comenzó desde hace poco la producción barbijos 3D, facial y bucal, que permiten resguardar la salud de las personas ante la amenaza de contagio del Covid-19. 

Con los respiradores pasa algo similar. La Facultad de Ingeniería de la Universidad de Mayor de San Andrés comenzó con la fabricación de respiradores. En Cochabamba la empresa Quantum, fabricante de automóviles eléctricos, se puso a producirlos, la empresa Scorpion Soft, que desarrolla software, tiene la capacidad demostrada para la elaboración de prototipos de respiradores médicos.  Como en Bolivia no les compraron, tuvieron que vender sus productos en Chile.

Respecto a los kits de diagnóstico, que al parecer hasta ahora no llegan al país, la Universidad Mayor de San Simón inauguró un laboratorio tecnológico y de investigación para armar los famosos kits de diagnóstico de coronavirus. 

El gobierno propuso dos planes de creación de empleos. Uno “plan trabajo”, similar a los de empleo de emergencia de moda hace 20 años, y, el plan “salario”, crédito a los emprendedores para pagar salarios y endurecer la legislación laboral para evitar despidos. 

Debemos señalar que la verdadera política de empleo la ejecutan los emprendedores. Sólo hay que darles la oportunidad creándoles mercado.  El Estado sólo optó por copiar los proyectos de empleo de emergencia de la década de los 90. Esto sólo huele a campaña. 

Lo que muestra esta crisis sanitaria es capacidad de producción y aplicación de la ciencia que se enseña en nuestras universidades. El empleo decente va de la mano de las inversiones y del aumento de la producción. Falta la decisión estatal para impulsar el emprendedurismo. 

Hasta ahora, en este gobierno y en el de Evo,   el apoyo a los emprendedores ha sido y es puro discurso.

Por de pronto los productores nacionales están diciendo “cómprame pues caserita”.

 
Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.

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