Rodolfo Eróstegui T.

Hijos de la intolerancia

martes, 29 de septiembre de 2020 · 00:10

No hacemos ningún descubrimiento cuando decimos que los conflictos sociales son uno de los obstáculos para la satisfacción de las necesidades sociales y económicas. Impiden la atención a la salud, estancan la productividad, impiden el tránsito de las personas en su afán de ir o retornar del trabajo; afectan a las empresas,  no permiten a las autoridades cumplir con sus obligaciones como limpiar las ciudades. En otras palabras, polarizan a la sociedad porque hay gente que se opone a las manifestaciones públicas afectando a terceros que no tienen nada que ver.  Y como dijo Benito Juárez a fines del siglo XIX: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

Cómo y cuándo se creó la cultura del conflicto, de la confrontación, no lo sé, pero  no ha sido instituida de la noche a la mañana. Se construyó a lo largo de la historia. Aportaron su alícuota los cercos a la ciudad de La Paz en 1781  realizados  por Túpac Katari y Bartolina Sisa.  También las masacres, como en 1869, una en Taraco  y otra en Huaicho , Puerto Acosta, (gobierno de Melgarejo). El siglo XX   registra masacres en la minería: en Huanuni, en Catavi, en Siglo XX, o la de campesino en Tolata y Epizana. La historia relata masacres que llegan hasta este siglo, el XXI.

En los ambientes sindicales se decía que la mejor escuela de capacitación sindical era el conflicto. Ahí se forjaban los líderes de los trabajadores.  Pero eso dejó de ser verdad cuando observamos a los mismos dirigentes activando conflictos con vecinos, con trabajadores o con campesinos.  La explicación sencilla es que no son únicamente trabajadores, sino también vecinos; pero la verdad es que representan a un partido u organización política. No buscan el beneficio de la colectividad, sino los intereses partidarios o buscan  habilitarse como candidatos en una de las instancias de representación estipuladas en la Constitución. Esto es una distorsión de la protesta protegida por la Constitución y que se tiene que respetar en democracia.  

Está demás decir que los que nos adscribimos a los conceptos y prácticas de la democracia no podemos responder a estos actos masacrando al sector en conflicto, como se hizo en Chaparina o con los discapacitados. Si no,  tenemos que crear las condiciones para revertir la pedagogía del conflicto. El Estado nacional y los gobiernos subnacionales tienen que invertir recursos para educar a los actores políticos en otras formas de resolver los conflictos.  También se tienen  que crear los organismos que  institucionalicen el conflicto, no podemos responder con represión las provocaciones políticas de los opositores. 

La coyuntura electoral actual, que ya dura dos años, debe servirnos para debatir   cómo se debe manejar los conflictos;  sin embargo, de las ocho tiendas políticas sólo una, Comunidad Ciudadana, vende la idea de no sólo administrar el conflicto, sino integrar a los distintos actores para que estos puedan participar en forma protagónica en la definición de las políticas públicas. Propone crear, con carácter consultivo, el Consejo Económico y Social como un espacio permanente y autónomo de deliberación,  constituido por representantes de las organizaciones sindicales, los gremios privados y las instituciones públicas, con el objetivo de concertar las políticas sociales, económicas y ambientales, y representar los intereses de los trabajadores y de los empresarios entre sí, y ante los poderes del Estado.  

Creo que desde las negociaciones entre la Central Obrera Boliviana (COB) y el Gobierno, en los primeros años de la década de los años  90 del siglo pasado, esta es la primera vez que se propone institucionalizar el diálogo para buscar consensuar las políticas públicas.  En las negociaciones entre la COB y el Gobierno incluso se debatía el Presupuesto General de la Nación antes de enviar dicho instrumento al Congreso. 

La sociedad se educó y formó en la pedagogía del conflicto. Somos hijos de esa cultura, pero debemos hacer un alto y comenzar a cambiar el futuro de nuestra relación ahora.

  
Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.
 

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