Rodolfo Eróstegui T.

Bailamos al ritmo que toca la banda del coronavirus

martes, 2 de febrero de 2021 · 05:15

La pandemia llegó al mundo y  algún día, espero que lo más pronto posible, se irá. Pero sus efectos, en cuanto al comportamiento social y familiar, en las relaciones laborales y las comerciales y muchos otros aspectos más, se quedarán por  muchísimos años.

El coronavirus provoca muchos males en la salud, en la economía y en el empleo. Eso está fuera de discusión. Sin embargo, lo que acontece con el comportamiento de las personas y las empresas, en cuanto a su actividad laboral,  los está transformando para bien o para mal. Sus impactos recién los podremos medir en el futuro.

También hay que estar alertas a los efectos que este bicho puede provocar en el comportamiento democrático, venido a menos en los últimos años. Puede despertar los espíritus autoritarios y/o dictatoriales.

La Covid–19 llegó como un tornado, destruyendo a su paso las instituciones sociales creadas durante las políticas del Estado benefactor, así como a las creadas con el neoliberalismo. Ambas quedaron obsoletas. Algunas ya estaban rebasadas en la práctica por el desarrollo de la sociedad. Nos referimos básicamente a la Ley General del Trabajo (LGT)  y de las normas que rigen la seguridad social de corto plazo del año 1956 y la de largo plazo, implementadas a partir del año de 1996.  

Creo que el “bicho malo” que nos está atacando lo que hace es dar un golpe de gracia a las normativas laborales.  En los últimos años, antes de que empiece la pandemia, la legislación laboral ya había sido superada por nuevas formas de trabajo, las mismas que, para el Estado boliviano, eran formas ilegales por no estar reglamentadas por la Ley del Trabajo de 1942. Con esta actitud estatal lo que se provocó es que muchas actividades pasen a engrosar la informalidad. 

El combate más efectivo a la  Covid–19 fue aplicando el distanciamiento físico de las personas. Esto impulsó a que muchas actividades se las pase a realizar en los hogares del trabajador, ya sea bajo la modalidad del teletrabajo o de trabajo en el domicilio.   La legislación que ahora las rigen fueron creadas después de que las empresas y los trabajadores optaron  por poner en práctica esa modalidad laboral. 

Se dieron impulso a formas de comercio que antes apenas eran perceptibles, me refiero a la modalidad de “delivery”. Todos se sintieron cómodos por esta forma de comercio, no sólo porque no pueden salir de compras por miedo al virus, sino que es mucho más cómodo para todos. Creo que  el delivery llegó para quedarse.

Lo que antes era una anécdota comercial, utilizando el Facebook para comprar y vender bienes y servicios, ahora constituye un instrumento eficaz de promoción y realización de ventas de los más variados productos. Esto también se quedará y crecerá más aún. 

Muchos trámites y pagos ahora se los hace en línea. Sin embargo, algunas instituciones, como la seguridad social, están atrapadas por la burocracia creada desde  1956.  Quizá consideran que la pandemia se irá muy pronto. Pero lo más seguro es que en este tipo de instituciones se está velando por el empleo de sus trabajadores, lo cual no está mal. Sin embargo, todos los estudios y las previsiones serias afirman que el bicho malo perdurará bastante tiempo. ¿Podrán aguantar más tiempo?  No creo. Las empresas y las instituciones tendrán que seguir adecuándose al ritmo que toca la “banda del coronavirus”.

Pero también debemos estar alertas porque las tendencias políticas autoritarias de izquierda o derecha  están vivitas y coleando. Creo que este virus también puede crear las bases para que las respuestas antidemocráticas para contrarrestar la pandemia se manifiesten, lo cual sería nefasto para nuestra convivencia. Hay que atacar el virus, pero con los instrumentos e instituciones democráticas.

La democracia nacional no atraviesa por su mejor momento, pero estoy seguro que el sentimiento anti-autoritarismo  difícilmente será cambiado en su esencia. Lo que se tiene que hacer es utilizar a sus instituciones para coordinar las acciones. Las organizaciones de trabajadores, formales e informales, y las de los empleadores deben de jugar un rol de primer orden.

La democracia es tan rica que tiene métodos e instituciones que pueden adecuarse a las más diversas circunstancias, por ello considero que esta forma de gobierno por la que optamos los bolivianos para vivir y resolver los problemas es la más adecuada.

 

Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.
 

 

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