Esa furia que rebalsa

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martes, 24 de octubre de 2017 · 00:00
El caso extremo lo representa el Viceministro que estigmatiza de racista a los que se oponen a la nueva candidatura del actual Presidente. Claro que para hacerlo el funcionario necesita borrar de su mente qué son la Constitución y el resultado del referendo del año pasado, que cierran la puerta a la cuarta candidatura oficialista, y no la perfidia opositora.
 
Antes, el Ministro de Justicia y la Presidenta de la Cámara de Diputados ya se habían sacrificado en la imposible misión de hacer entender a los vecinos continentales  la racionalidad y la nobleza  de la cruzada masista por hacer prevalecer el derecho humano presidencial, pisoteado y asfixiado por la Constitución, como previamente lo descubrió, indignado,  el Ministro de Defensa y, después, el Presidente del Senado al tratar que la gente del Tribunal Constitucional (TCP) recuerde una de las incidencias de la Asamblea Constituyente, pero olvidando todo el resto y, en especial, la oposición de los asambleístas indígenas a la posibilidad de reelección perpetua.
 
Lo que tienen en común todas estas manifestaciones, compuestas por una mixtura de disciplina militar con exhibiciones de adulación en bruto, es que se expresan con una rabia apenas contenida, pues aún cuando los encargados de presentarlas se esfuercen en hacerlo con parsimonia y hasta con una sonrisa, se advierte que les es difícil contener un enojo más o menos subrepticio. 
 
Ya sea que la presentación de las tesis que respaldan la reelección sea dicha con cortesía protocolar o con dientes rechinantes, puño en alto y amenazas a discreción, el común estado de ánimo que asoma detrás de las palabras es una furia apenas contenida. Da la impresión de que quisieran trasmitirnos, de alguna manera, cuánto enojo les causa la estupidez de todos los que no entendemos sus argumentos y justificaciones, y exigimos que la Constitución, las leyes y la soberanía popular se respeten, sin pretextos ni demora. 
 
 Ya sean delicados o groseros, con palabras o lenguaje corporal, nos transmiten su convicción de que oponerse a la reelección indefinida es propio de una perversidad y ceguera sin límites, ante lo cual  algo explota dentro de ellos, pese a que traten de esconderlo con algún pudor.
 
Si nos detenemos a pensar sobre cuál puede ser la causa original de que la emoción que predomina detrás de la cruzada por la cuarta reelección no sea la alegría o el entusiasmo, sino la bronca, no será difícil descubrir que se debe a que sus voceros están privados de defender su posición, apelando a  los verdaderos argumentos con los cuales  explicarían  fácilmente lo que se proponen; sin necesidad de recurrir a complicados enredos conceptuales sobre los derechos fundamentales, la ley internacional y la inconstitucionalidad de la Constitución.
 
El primero de ellos es que el MAS está afectado de una impotencia esencial para producir reemplazos y alternativas a su perenne candidato; el segundo es que en la base de esa impotencia se encuentra un pacto de jefes y  jefezuelos para mantener intacto al árbitro de sus disputas, sin hacer estallar el aparato que han construido y que les garantiza su sustento, y el incremento de su capital material y simbólico; el tercero, que la Constitución que hoy niegan y repudian,  no es su obra, sino una creación colectiva, de la cual se apoderaron circunstancial y oportunistamente.
 
Podrían agregar que la dependencia absoluta de una persona no es un mal exclusivo del oficialismo, sino una herencia histórica compartida por la casi totalidad de partidos, construidos con el mismo molde y amparados en el arraigado caudillismo de nuestra sociedad. 
 
Pero, por los mismos motivos que les inhiben de presentar los estudios que justifiquen el delirante plan de obras y endeudamiento que se proponen ejecutar con la reelección, no pueden exponer sus reales pensamientos y sentimientos. Razón por demás para que esa su represión interna y furia no nos arrastre, y les opongamos la alegría, la serenidad y la firmeza propias de una determinación pacífica y democrática  que no se espanta ante amenazas ni represalias.
 
Les pongamos  la alegría, serenidad y  firmeza propias de una determinación pacífica y democrática  que no se espanta ante amenazas ni represalias.
 
Róger Cortez es director del Instituto Alternativo.

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