Roger Cortez

De la cuarentena a la encerrona

martes, 4 de agosto de 2020 · 00:12

Una mortalidad del 95% en la unidad de cuidados intensivos de uno de los más importantes hospitales de Cochabamba (Hospital del Sur) por falta de medicamentos esenciales desbarata la suposición de la Presidenta interina de que su gobierno habría realizado por la salud “más de lo que se hizo  en décadas”. 

Nadie espera que su fugaz paso por la administración subsane los  penosos 14 años previos, ni los otros, de descalabro de la sanidad pública. Pero de allí a proclamar que las obligadas medidas de emergencia adoptadas ante la epidemia viral son una especie de revolución de la salud pública es tan creíble como su afirmación de que clausura el año escolar “para cuidar la salud y cuidar las vidas de nuestros niños y sus familias”. 

¿No se han enterado de que las escuelas están cerradas desde el inicio de la cuarentena? O es que han descubierto que el coronavirus se contagia a través de las clases virtuales. 

La ilógica explicación sobre la unilateral y grave medida adoptada revela que los motivos son completamente ajenos a su justificación y presagia que en vez de prevenir o resolver problemas, nos empujan de las cuarentenas a una encerrona social y política, ideal para los planes y estrategia de violencia abierta, impulsada por Juan Evo Morales Ayma y su estado mayor.

No existe la mejora en la administración de la salud que proclama la Presidenta interina. Al contrario, la situación que afrontamos diariamente, puesta al descubierto por los rastrillajes, el abismal retraso e insuficiencia de pruebas y registros, así como los testimonios de enfermos y familiares están advirtiendo que las cifras oficiales de contagios y muertes no reflejan ni la mitad de lo que pasa en la realidad.

Aún si todo se estuviera haciendo aceptablemente bien, la interferencia de su candidatura con su mandato y compromiso de garantizar la mayor neutralidad electoral confronta automáticamente al gobierno con cerca de la mitad de los electores y, haciéndolo como lo hace, con más del 80%. No entender que sus peleas y cálculos electoralistas lo empuja al descalabro es el factor que más pesa en la ruta de fracaso que está construyendo con ritmo enloquecido.

La idea de encerrarnos por meses era disminuir el ritmo de contagios y parchar el misérrimo sistema sanitario que nos dejaron como herencia. Lo que está pasando en hospitales, centros de salud, en las morgues, farmacias, laboratorios y, finalmente, en las calles demuestra que la tarea no se ha hecho; se continúa omitiendo los pasos básicos, indispensables, para que los sacrificios reporten resultados.

Se despachó, sin problema ni demora, un jet expreso para importar los respiradores inútiles y desarmados, pero no se adoptan medidas para garantizar al abastecimiento de medicamentos esenciales, u oxígeno, a precios accesible.  Así, las familias son empujadas al mercado negro, la especulación y las alternativas “prohibidas” y maldecidas.

Burócratas insensibles lanzan instrucciones henchidas de estupidez, como eso de “no te automediques”, cuando consultorios, hospitales o clínicas se cierran en las narices de cualquiera que no tenga credenciales, influencias o, al menos, una pequeña fortuna. ¿Qué otra opción queda si no es atrincherarse, aislarse y tratar de resolver, por si, dolores, angustias e incertidumbre?

Necesitamos que no falten pruebas, reactivos y equipos para mantener y ampliar las pruebas. Los rastrillajes prueban que podemos y debemos poner en marcha mecanismos de seguimiento y mapeo de contagios.

No debe seguirse tolerando que haya una enfermera, médico, limpiador, policía o cualquier otro que forme parte de la primera línea que carezca de equipo para autoprotegerse y no diseminar los contagios.

Lo anterior necesita acompañarse de un flujo de información, veraz, oportuno y continuo para atender y responder las preguntas que millones nos hacemos sin encontrar respuesta. Todos los recursos para difusión deben concentrarse en esa tarea, a través de medios oficiales, privados y de redes digitales. 

Una parte clave de la comunicación es mantener un equipo de profesionales con la mejor capacidad y experiencia para guiar la inevitable autoadministración de medicamentos para minimizar errores, excesos, intoxicaciones.

 

Roger Cortez es director del Instituto Alternativo.

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