Verónica Ormachea G.

Nefastas secuelas que dejó Evo Morales

martes, 31 de diciembre de 2019 · 00:11

Entre las nefastas secuelas que dejó Evo Morales tras su renuncia y huida a México  se encuentran las nueve exautoridades asiladas en la residencia de México en Bolivia. Dos tienen orden de aprehensión por presuntos actos de terrorismo y sedición. Estas son Juan Ramón Quintana que, además, declaró que Bolivia se convertiría en un Vietnam, y Wilma Alanoca que ocultó bombas molotov en el Ministerio de Culturas. Nicolás Laguna tiene orden de aprehensión por presunto fraude electoral.

Los asilados están desesperados por salir de Bolivia para no enfrentar a la justicia.

Como consecuencia de esto, hace unos días fuimos testigos de una aberración diplomática por parte de funcionarios de la Embajada de España en Bolivia.

La encargada de Negocios y el cónsul de España en La Paz, así como unos encapuchados del GEO, trataron de ingresar a la residencia de la Embajada de México en dos autos con placas diplomáticas. En ellos había cuatro hombres con pasamontañas que fueron interceptados por la Policía.

Podemos deducir que el intento de dicha “operación fallida” tenía por objeto ayudar a huir de la residencia a los asilados,  ya que el Gobierno boliviano no les entrega el salvoconducto para salir del país porque son requeridos por la justicia. Hay que ser muy ingenuo para creer que era una visita de cortesía, como afirmaron. ¿Desde cuándo encapuchados armados pretenden entrar de forma clandestina a una embajada donde hay asilados?

La instrucción tuvo que haber sido de las más altas esferas, ya que funcionarios diplomáticos no toman acciones por cuenta propia y menos de ese tipo. La conspiración e injerencia a la soberanía boliviana realizada por el gobierno de Pedro Sánchez es inaceptable.

Que le quede claro al Gobierno español que Bolivia no es su colonia, es un país independiente y soberano, y la torpeza cometida contra nuestro país es un claro abuso a nuestra soberanía que pone en riesgo las relaciones entre ambos países.

El  Gobierno español debe realizar una investigación, dar explicaciones claras a nuestra Cancillería, los funcionarios involucrados deben ser retirados de Bolivia,

Y la encargada del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, Margarita Robles, debe comparecer ante el Congreso de su país.

Se teje un sinfín de especulaciones sobre lo ocurrido. Entre ellas que AMLO y Podemos -partido vinculado al PSOE- habrían estado involucrados, ya que la izquierda no concibe que Morales ya no esté en el poder.

La sociedad civil boliviana que derrocó pacíficamente a Morales se encuentra haciendo vigilia en el barrio donde se encuentra la residencia de la Embajada de México para evitar que los asilados huyan. El pueblo exige justicia.

El  canciller mexicano Marcelo Ebrard anunció que presentará una demanda a Bolivia ante la CIJ de  La Haya por “hostigamiento”, ya que Bolivia aumentó la seguridad alrededor de la Embajada de México en La Paz. Un absurdo. Dichos refuerzos fueron solicitados cinco veces por la embajadora de México en La Paz.

¿Por qué Ebrard se preocupa por el exceso de resguardo de la residencia donde se encuentran los asilados?

La caída de Morales ha traído otras consecuencias. Desde el exilio anunció que se le había hecho un golpe de Estado, lo que fue respaldado por el gobierno de AMLO, lo que es falso.

Hizo abandono de funciones y hubo una sucesión constitucional y Jeanine Añez asumió la presidencia de forma legítima.

Aquello, sin embargo, quedó en el consciente colectivo en los ciudadanos en el  extranjero, lo que ha provocado una peligrosa desinformación que es permanentemente aclarada por el Gobierno y sus delegados especiales.

Evo Morales abandonó México y pidió refugio a Argentina para estar cerca de Bolivia y hacer política donde también se lo permiten.

Allí afirma que sigue siendo presidente de Bolivia y dice que instalará su centro de operaciones en Orán, a 20 kilómetros, de la frontera. Tiene cargos por supuestos delitos de terrorismo y sedición,  ya que desde el exilio llamó a sus bases a la violencia y murieron más de 30 personas.

 
Verónica Ormachea G. es periodista y escritora.

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