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Venezuela en un camino sin retorno

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martes, 26 de febrero de 2019 · 00:11

Qué ingenua fue la comunidad internacional al creer que ingresaría la ayuda humanitaria a Venezuela pese a que estaba encabezada por el presidente interino Juan Guaidó. El dictador Maduro traicionó a su pueblo. No sólo cerró las fronteras, sino que ordenó quemar los camiones con provisiones y tuvieron que retroceder. Mientras se observaba la barbarie de la tiranía, era conmovedor ver a los venezolanos tratando de salvar las provisiones. Lograron, sin embargo, llevar algunas por otros caminos.

Qué se podía esperar de un tirano que bloqueó la frontera con Colombia con cisternas y contenedores, cerró la frontera con Brasil y la marítima con las Antillas Holandesas, sitios donde se encuentran apostadas miles de toneladas con alimentos y medicamentos para salvar a 300 mil venezolanos que mueren de hambre y enfermedades.

Maduro, en tanto, bailaba ante sus seguidores y más aislado que nunca reiteraba que Estados Unidos pretende invadirlos. Hecho que le convendría porque lo victimizaría y su país saldría del caos. No es, sin embargo, recomendable para Venezuela.

El mundo reza por Venezuela. Sus habitantes desesperados han adelgazado 11 kilos promedio por persona y ha brotado el sarampión por falta de vacunas.

¿Se creyó que las Fuerzas Armadas se pondrían del lado correcto de la historia? Otra ingenuidad. No bajo la dictadura de Maduro desesperado por atornillarse en el poder para encubrir sus actos de lesa humanidad, violaciones de derechos humanos, corrupción, narcotráfico y ser responsable de la destrucción de su país.

Ni la presencia de los presidentes de Colombia, Chile, Paraguay, del Secretario de la OEA, ni el millón de venezolanos voluntarios, que se ofrecieron a buscar la ayuda a la frontera colombiana, logró romper el cerco.

Al tratar de ingresar la ayuda, los venezolanos pacíficos y desarmados  fueron atacados por las Fuerzas Armadas con gases lacrimógenos y disparados con perdigones. Hubo cinco muertos y 280 heridos. Nadie puede contra las armas.

Era conmovedor ver a uniformados, con lágrimas en los ojos, desertar en la frontera para no ser torturados y encarcelados, como los que se sumaron a Guiadó. Más de 150 militares temen las represalias contra sus familias. Según el Presidente interino, 80% de los militares están con la oposición.

Los grandes ausentes fueron la ONU y la Cruz Roja Internacional, más aún cuando están en conocimiento de la trágica realidad que vive Venezuela. Fue deplorable que el  secretario de la ONU, Antonio Guterres, haya recibido al “canciller” venezolano. Le reiteró que la ONU seguirá actuando de acuerdo con los principios de humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia. Y continuará trabajando con las instituciones venezolanas para ayudar a las personas necesitadas.

Pues debería estar trabajando con Guaidó, reconocido por más de 60 países. La alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet, sólo instó al gobierno a que “deje de emplear el uso excesivo de la fuerza contra manifestantes desarmados”.

Si la ONU hubiese encabezado el convoy con sus movilidades y banderas, probablemente la Policía Bolivariana no los hubiese atacado.

¿Y la Cruz Roja Internacional? Fue otra vergüenza. Emitieron una declaración que decía que deben “garantizar el cumplimiento de su misión exclusivamente humanitaria” y “de acuerdo a los principios fundamentales de imparcialidad, neutralidad e independencia”.

Si ésta no es una crisis humanitaria, ¿qué es? Es importante cuestionar la funcionalidad de dichas organizaciones que utilizan la retórica en vez de actuar en casos de emergencia.

Por su parte la UE condenó la violencia.

Ante un futuro incierto y desesperado, Guaidó ha vuelto a pedir ayuda internacional y afirmó que todas las opciones están abiertas para salvar a su país. Se reunirá con el Grupo de Lima, cita a la que asistirá Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos. El secretario de Estado, de Estados Unidos, Mike Pompeo, dijo que los días de Maduro “están contados”.  

No nos quepa la menor duda que Maduro y su cúpula gubernamental serán juzgados por la Corte Penal Internacional que juzga crímenes y acciones de lesa humanidad, y que es independiente de la ONU.

 

Verónica Ormachea Gutiérrez es periodista y escritora.

 

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