Diletantismos

El azar y la literatura

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sábado, 28 de abril de 2018 · 00:07

El azar y lo que yo llamaría la dinámica del cangrejo dirigen la inmersión interminable (salvo por la muerte, supongo) en la literatura. 


 Comencemos por lo segundo: uno es arrojado, in media res, en una época y lugar literarios, y de ahí en más, una vez tocado por el vicio, sólo le queda retroceder, a medida que se interna en el océano de la literatura. Pongamos por caso, “yo y mis amigos” (cf. Dante) fuimos arrojados al ruedo en los años sesenta y setenta. 


 Nos tocó en suerte leer por ejemplo, en tanto hispanoamericanos, a Vargas Llosa, Rulfo, Cortázar, Paradiso, Rayuela, el boom en general (como a nuestros abuelos o bisabuelos les tocó en suerte leer a Verlaine, a Rimbaud, a Vargas Vila o Darío, todo junto y revuelto como siempre). Pero en cualquier caso, el hecho es que siempre es sólo el pistoletazo inicial para correrse hacia atrás, siempre hacia atrás, hacia el fondo espacioso de un siglo XX en el que brillan los grandes antecedentes. 


 Uno lee que Onetti, que García Márquez, escribieron a la sombra de Faulkner, de Joyce, de Virginia Woolf, y emprende su lectura, se presta o compra (si tiene plata) El ruido y la furia, Ulises, etcétera.

etcétera; luego lee otras cosas de éstos (ardua tarea en la que emplea preciosos años), pero además le dicen los comentarios críticos que la proeza joyciana tiene algo que ver con la de Flaubert, y la de éste con Tolstoi, con Dostoievski, con el siglo XVIII, y otro extenso etcétera se despliega ante el largo tiempo que tiene un joven para leer. 


 Hasta que, al fondo de los tiempos, entrevé con esperanza, que todo esto, afortunadamente, había comenzado con el ciego y quizá inexistente Homero. Es la dinámica del cangrejo.


 En cuanto a lo primero, además del ya señalado albur de haber nacido latinoamericano e hispanohablante, está el hecho de qué podía uno leer en esos tiempos cuando tener los libros al alcance no era nada fácil. Si en cierto momento no hubiera caído en mis manos La náusea o La peste (vaya nombrecitos, pero en cualquier caso, cómo, por qué, aconsejado por quién leí esos libros, ya no me acuerdo); si no hubiera sido ese azar, no me hubiera costado tanto entender que Malraux era harto mejor novelista que Sartre y Camus juntos, filósofos devenidos en novelistas al fin.


  Quiero decir que con la literatura siempre es así; a nada bueno lleva actuar como esa caricatura de personaje que hizo Sartre en esa su novela, ese “autodidacto” que iba todos los días a la biblioteca a leer de acuerdo con un estricto plan alfabético, de la “a” a la “z”. Era una caricatura porque nadie haría tal tontería, pero ilustra en un sentido la distancia entre el crítico y el lector; este se deja llevar, ocioso, por el azar; aquél trata de ordenar, estudia, quiere ser exhaustivo, pobrecito.


 En El hombre precario y la literatura, André Malraux discurre hermosa y densamente (con una densidad que a ratos me cuesta seguir) sobre este y otros asuntos: “Todas las sectas presentan en común el hecho de estar formadas no por hombres libres de dejarlas en cualquier momento, sino por hombres intoxicados. Los grandes pintores ocasionales son raros; los aficionados, apenas menos. No pueden dominar su pasión. Nadie se muestra aficionado a la literatura de vez en cuando: vivimos o no una vida literaria. Aun cuando como tantos escritores pobres, entreguemos al Minotauro la mitad de nuestra vida”.


a) El Minotauro era, claro, la vida pública y política de Malraux (llegó a ser, como se sabe, Ministro de Educación de De Gaulle), así que noto en esa declaración cierta perplejidad: esa emotiva alocución romántica acerca de la pasión literaria entra en contradicción con el hecho de que la vida es quizá menos rotunda de lo que cree. 


b)  Malraux está hablando de la secta de escritores; yo, de la de los lectores, también pobres, es cierto. Pero es lo mismo, también los lectores encallecidos viven una suerte de doble vida, entre la rutina demoledora y la posibilidad de sustraerse un ratito con una buena novela.

Wálter I. Vargas es ensayista y crítico literario.

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