Diletantismos

Opinar en tiempos de “dictablanda ”

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sábado, 02 de marzo de 2019 · 00:12

Me ha llamado la atención el artículo que ha publicado el pasado domingo el señor Jorge Patiño Sarcinelli sobre las columnas de opinión de este periódico (“Una directora y diez columnistas”, suplemento Ideas). A título de hacer un examen, por lo demás conceptualmente interesante, de la corriente de opinión que circula en este periódico, creo que lanza dos o tres cosas harto problemáticas y dignas de reflexionar.

Para comenzar, de su análisis saca la conclusión de que la mayoría de columnistas de Página Siete estaríamos obsesionados con el “tema Evo Morales”. Aparte de que es lo más natural que los medios de comunicación se ocupen diaria y ampliamente sobre el primer ciudadano de un país (si no, basta ver la presencia de Trump, “el primer ciudadano del mundo”, en los medios globales), yo diría que la ocupación excesiva de los opinadores sobre el asunto presidencial responde más bien a otra obsesión: el amor desmedido que ha demostrado sobradamente el señor Morales por la silla presidencial. 

Me parece que el hecho de que EMA esté gobernando de manera mañosa desde 2014 y, para peor, se disponga a permanecer en el poder de manera ilegítima y groseramente antidemocrática otros cinco años amerita que la gente proteste y se moleste de manera machacona. Y en una perspectiva aún más negra, cosa que antes la gente bienpensante consideraba una exageración, que el régimen involucione hacia una tercera versión de las tragedias venezolana y nicaragüense, explica –insisto– la honda preocupación y hasta temor que ha comenzado a circular en el país.

Para continuar, Patiño deduce de esto dificultades futuras para los opinadores del periódico: “Sin embargo, Evo se irá; en un año o seis, no sabemos, pero se irá, y entonces periódico y columnistas tendrán que cambiar de tema. No será un desafío sencillo”. Nada sería que tengamos problemas para conseguir tema de qué escribir, sino que, más allá de consideraciones personales, aquí Patiño muestra de manera sintomática la seguridad, cercana al candor, de que los intelectuales y la clase media adoptan frente al gobierno que tenemos. 

Porque si Morales ya se dio el lujo de ignorar la voluntad popular por medio de mil y una triquiñuelas leguleyescas, no sé qué bola mágica le hace asegurar que dentro de un año se irá, o en seis, o en 10, o quizá cuando se muera, en 40 años, como Fidel Castro, en calidad de tatarabuelo (hace unos días ha dicho que finalmente está pensando irse en 2025, pero esto, en vez de esperanza, ya ha despertado sonoras risotadas, lo cual me parece un avance en términos de realismo político).

Me gusta recordar al respecto cómo Castro, el mentor de Morales, anunció en 1959, después triunfar en la revolución, que iba a llamar a elecciones libres el año siguiente, y cómo el pueblo cubano se quedó esperando 50 años a que ocurra eso. Por su lado, otro alumno aventajado de Castro, Nicolás Maduro, acaba de decir, después de haber asesinado a sus conciudadanos y quemado la ayuda humanitaria, en la jerigonza paramarxista  barata acostumbrada, que la derecha nunca más va a gobernar en Venezuela.

En tercer lugar, creo que no estaría mal ampliar el novedoso método de Patiño a quienes creo se lo merecen un poco más: la multitud de medios estatales y paraestales de propaganda del régimen. Sin recurrir a programa informático alguno, yo arriesgo doble contra sencillo que la obsesión con el tema Morales se dispararía exponencialmente.

Finalmente, y toda vez que echo de menos el motivo de la presencia de la directora de Página Siete en el título del artículo que estoy examinando, debo decir que este periódico es tan democrático que yo he leído columnas ocasionales de ministros y funcionarios gubernamentales expedirse, obviamente en términos panegíricos, sobre este o aquel acto del caudillo, cosa impensable en el periódico Cambio o el canal del Gobierno (que no del Estado).

Dicho lo cual, nobleza obliga, no puedo despedirme para dar paso al Carnaval sin agradecer al señor Patiño Sarcinelli por ser uno de los pocos lectores de mis diletantismos, y enterarme de que soy acreedor de vez en cuando de algún que otro “like”, renuente pertinaz como soy a las redes sociales.

 

Walter I. Vargas es ensayista y crítico literario.

 

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