La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas

Dan Nobel de la Paz a entidad que desactiva armas químicas

Analistas cuestionan la concesión del premio de este año, porque en ningún momento la OPAQ detuvo la masacre de civiles en Siria en medio del conflicto
viernes, 11 de octubre de 2013 · 22:08
Agencias / Madrid y Oslo
El premio Nobel de la Paz volvió  a sus orígenes, el desarme y la contribución a la convivencia mundial, aunque algunas voces consideren que en esta ocasión se trate de un reconocimiento político, en medio de una cruenta guerra civil como la de Siria.
 
El comité noruego que entrega el galardón eligió este año a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), un organismo internacional que colabora con Naciones Unidas y lleva 16 años dedicado a erradicar la peor munición imaginable.

"Es un honor que recibimos con humildad”, dijo su director general, Ahmet Uzumcu.
Su equipo, formado por 500 personas, reaccionó con sorpresa. Estaban sorprendidos y honrados. Se consideran una familia que opera casi en la sombra, y sus inspectores trabajan contra el reloj en estos momentos en Siria para desmantelar el arsenal guardado por el régimen del presidente  Bashar al Asad, destaca el diario español El País.

"Tenemos la sensación de que se puede acabar de una vez con las armas químicas. Hay que asegurarse de que estos ataques atroces no vuelvan a repetirse. El premio es un reconocimiento a nuestro equipo y somos conscientes de lo que nos ha pedido la comunidad internacional”, añadió Uzumcu, consciente de que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, estableció una "línea roja” a modo de amenaza al régimen sirio para que cese sus ataques con armas químicas contra la población civil que desde hace dos años se opone firmemente a su mandato.
 

En Siria ha habido más de 100 mil muertos, y la organización Human Rights Watch afirma que el régimen y los rebeldes perpetraron  crímenes de guerra. Pero las imágenes de civiles sirios muertos, presumiblemente por culpa del gas sarín, desataron la ira de Washington, que el 27 de agosto amenazó con un ataque militar.  Moscú, aliado tradicional de Damasco, frenó una inminente operación militar y consiguió que el Consejo de Seguridad aceptara la propuesta rusa al Gobierno sirio para que éste transparente su arsenal nuclear.
  Es ahí donde intervino la  OPAQ. Sus especialistas levantaron información sobre la posible utilización de gas sarín y se comprometieron a dejar fuera de operación el armamento químico que Siria produce en cuatro fábricas de alta tecnología.
 "Éste es el único mérito de la OPAQ. Nada más, no nos engañemos. En ningún momento ha conseguido detener la masacre de civiles en Siria y si bien comprobará que Al Asad cumpla su palabra dada a la comunidad internacional, la espiral de violencia continuará sin límites ante una sociedad global acostumbrada a la muerte y el odio”, reflexiona el analista político Alan Copper en una columna publicada en  el  diario británico The Guardian.   
Decisión controversial
 "Hemos acabado con el 80% de estas armas. Queda un 20% y esperamos lograrlo en la próxima década”, insistió Ahmet Uzumcu recordando la labor de sus técnicos que trabajan en condiciones muy peligrosas en el corazón del  territorio sirio.
Para Alberto Minetti, periodista experto en conflictos en Medio Oriente, "hace mucho tiempo que los premios Nobel, al menos en lo que concierne a la paz,  han dejado de ser un parámetro. Creo que se han desvirtuado notablemente. Si tomamos en cuenta que un grupo de expertos en armas químicas es incapaz de determinar el origen de la masacre del 27 de agosto, no hace falta agregar nada más”.
En esa misma sintonía, el periodista y corresponsal de guerra independiente Charles Quarell sostiene que "no se necesita premiar una obligación, un trabajo bien remunerado, sino aquellas iniciativas desinteresadas en nombre de una cultura de paz. En este sentido, la OPAQ no tiene mérito alguno”.
Opiniones aparte, lo cierto es que la premiación cayó igual de bien en Washington como Moscú, que exige  a Damasco que acepte la resolución de la ONU y reprime con dureza cualquier intento político contra el presidente Al Asad.
Además, en el colmo de las contradicciones, tanto EEUU como Rusia mantienen en plena vigencia sus arsenales militares y satisfacen ampliamente la demanda de aquellos países que usan la violencia como sistema.

Labor  OPAQ
Objetivo La OPAQ lleva 16 años en activo y se encarga de gestionar la Convención contra las Armas Químicas, que celebra su vigésimo aniversario. Como todos los tratados, entró en vigor poco después, en 1997, y sirvió para que 188 países se dieran cuenta de que la guerra química es la frontera que no debe violarse.

Armas La convención contra las armas químicas  suma 188 países y Siria, obligada a aceptarla, entrará a formar parte el 14 de octubre.  Quedan fuera Angola, Corea del Norte, Egipto, Israel y Sudán del Sur.

Análisis
Alfredo Scola   
Periodista
"Un Nobel en entredicho”

Barack Obama, premio Nobel de la Paz en 2009,  impulsa una guerra. Tremenda contradicción. El Presidente de Estados Unidos está en el mismo palmarés que Gandhi. Y ahí, por supuesto,  tenemos un problema  sobre todo de sentido común y quizás, si cabe,  de ética.
   Pero después de esto, ya nada llama la atención. Sobre todo porque detrás de la concesión del Nobel de la Paz existe una lectura política. La hubo al premiar a un político demócrata cuyo único mérito es ser el primer negro en la Casa Blanca. También cuando Isaac Rabin y Yasser Arafat  fueron galardonados por los esfuerzos realizados en nombre de la paz en Oriente Medio y, en honor a la verdad, aquella tierra se desangra a diario.
Hoy, al premiar a la OPAQ se comete el mismo error, al menos desde una perspectiva humanista. El comité reconoce la labor de un organismo de la ONU  que supervisa el desmantelamiento de armas    químicas con más sombras que luces. Es decir, tiene más desaciertos en su haber que logros, y de momento sólo interviene  en los arsenales sirios para constatar que el régimen cumpla su palabra. Eso es todo, no hay nada más, aunque busquemos.  
En cambio Malala, quien derramó sangre por las niñas paquistaníes, quedó en carrera. Claro, cosa de políticos.

Valorar noticia

Comentarios