Permanece en un aeropuerto militar si ser sepultado

El cadáver del nazi Erich Priebke incomoda a italianos

La Iglesia Católica suspendió un funeral debido al rechazo popular y para evitar que grupos fascistas rindan homenaje al autor de una masacre en 1944.
miércoles, 16 de octubre de 2013 · 20:50
AFP / Roma
 El criminal nazi Erich Priebke, cuyo cadáver permanece  en el aeropuerto militar de Roma a la espera de que se decida qué hacer con sus restos mortales después de que su funeral fuera anulado por disturbios, se convirtió en un cadáver incómodo para el Gobierno de Italia.
"Italia quiso extraditarlo, procesarlo, condenarlo, tenerlo detenido por años, ahora esa papa caliente tiene que resolverla”, aseguró  el abogado del excapitán de las SS, Paolo Giachini.
El cuerpo de Priebke, quien falleció el viernes a los 100 años en su residencia de Roma, donde cumplía desde 1998 una condena a cadena perpetua por la masacre en 1944 de las Fosas Ardeatinas, que dejó 335 civiles muertos, se encuentra en el aeropuerto de Pratica di Mare en una zona protegida por la Policía.  
Una ceremonia religiosa, presidida el martes por el movimiento católico ultraconservador lefebvrista,  en la localidad de Albano Laziale, a 25 kilómetros de Roma, fue anulada a causa de la indignación generada en los residentes antifascistas y los disturbios provocados por militantes de movimientos pronazis.
"Nos vimos forzados a suspender el martes los funerales religiosos porque se corría el riesgo de que se convirtieran en una manifestación neonazi”, explicó el miércoles a la prensa el prefecto de Roma, Giuseppe Pecoraro.
Las gestiones para el funeral de Priebke están bloqueadas oficialmente porque la familia no  presentó solicitud alguna.
"Piden un funeral digno, católico, con invitados”, sostiene Paolo Giachini, quien mantiene contacto fluido con los dos hijos del exoficial alemán, uno residente en Estados Unidos y el otro en Argentina.
Una incógnita
Las autoridades de Alemania, país de nacimiento de Erich Priebke,  dijeron que "toca a la familia decidir lo que quiere hacer con los restos de un alemán fallecido en el extranjero”.
A su vez, la Cancillería italiana precisó que el pedido oficial para que el cuerpo sea enviado a Alemania debe ser presentado por la familia o su representante, lo que hasta el momento nadie hizo.
 Por lo tanto, sigue siendo una incógnita dónde recibirá sepultura o si será incinerado Priebke, a quien la ultraderecha italiana intenta convertir en un emblema, un héroe de guerra, ya que jamás pidió disculpas ni manifestó arrepentimiento alguno.
"El Gobierno va a considerar el caso un secreto de Estado y va a hacer desaparecer el cadáver, va a  aducir problemas de seguridad nacional”, sostiene Giachini, considerado cercano a la extrema derecha europea, quien fue el apoderado de Priebke desde que fue extraditado de Argentina a Italia en 1995.

"La comunidad judía teme que la tumba de Erich Priebke se convierta en un santuario neonazi. ¿Por qué no?”, comentó con tono provocador justo el día en que Roma conmemora 70 años de la deportación de un millar de italianos a los campos de concentración nazis, una mancha en la historia de la Italia del siglo XX.

La clave  Odessa
Ciudadano El Centro Simón Wiessenthal recibió informes de la presencia de Erich Priebke en Argentina. De inmediato se contactó con el Gobierno de Italia para que solicitara su detención y extradición.
 Odessa Erich Priebke huyó de Europa hacia Sudamérica utilizando una identidad falsa trabajada concienzudamente por la organización nazi en Paraguay, conocida con el nombre clave Odessa.
  Nazis Odessa era una hidra con varias cabezas. Tanto el Centro Simón Wiessenthal como la Interpol trataron de desarticularla. Sin embargo, el director del FBI, Edgar Hoover, frenó cualquier acción del buró, porque consideraba que "los nazis  en América eran vitales contra el comunismo”.

Análisis
Giulio mArdoff
 Periodista e historiador
"Paseando el cadáver del nazi”
 Se puede considerar, evidentemente, una cuestión de principios. De hecho, es lógico que la Iglesia Católica de hoy, más reformista y social que antaño, haya rechazado un funeral por Erich Priebke, el oficial de la siniestra SS, responsable de la masacre de las Fosas Ardeatinas (1944).
Sin embargo es inadmisible, desde una perspectiva humanista, que el cadáver del nazi siga insepulto en el aeropuerto de Roma. Es una muestra de ese profundo trauma que supone borrar los resabios del pasado histórico con el codo, para    quedar bien con el presente políticamente correcto.
  Porque lo que debería hacer el gobierno italiano de Enrico Letta es ordenar la cremación de los restos mortales de Priebke y esparcirlos al mar, para que no quede evidencia de su terrible paso por este mundo y, al mismo tiempo, evitar que radicales fascistas conviertan su tumba en un centro de peregrinación, como sucede con Rudolf Hess o Francisco Franco en el Valle de los Caídos.
 Lo que no puede ni debe hacerse es dar rienda suelta a un espectáculo macabro, con un ataúd por aquí y allá, sujeto al escarnio de los familiares de las víctimas y al aplauso de unos cuantos locos de la corriente de Lefebvre que niegan el Holocausto y culpan de los desastres mundiales al contubernio judeo-masónico.
 Sea como fuere, alguien deberá ponerle el cascabel al gato y solventar este despropósito inhumano que pone en evidencia la incapacidad de las autoridades italianas para usar el sentido común.
La cuestión  es si alguna vez lo han usado como deber ser.

 La masacre de las Fosas Ardeatinas y la implicación de Priebke

Agencias / Madrid
Al comienzo de la primavera de 1944 los alemanes defendían la estratégica línea de Cassino frente a los aliados y ocupaban la mitad norte de Italia, incluyendo Roma. Sin embargo, la resistencia necesitaba un golpe de alto impacto.  

A mediodía del 23 de marzo de 1944, un comandante comunista colocó una bomba en un carro de basura situado en Vía Rasella, la cual hizo explosión a las 15:30, cuando pasaba por el lugar una columna de reservistas alemanes, reclutados en el Alto Adagio, que ejercían funciones de vigilancia en edificios oficiales. El atentado produjo 33 muertos. Como consecuencia, desde Alemania llegó a Roma la orden de Hitler de fusilar a 50 italianos por cada alemán muerto.
La magnitud de la represalia horrorizó a los propios jefes alemanes, que lograron reducir la venganza a 10 italianos por cada muerto en Vía Rasella.
La orden de ejecutar a 330 italianos le llegó al coronel Kappel, que para reunir el número necesario de víctimas sacó de las cárceles de Roma a todo tipo de detenidos, destaca la revista temática española Historia y Vida.  
El 24 de marzo, a media tarde, comenzaron las ejecuciones en las Fosas Ardeatinas, unas cuevas de los alrededores de la ciudad. El oficial que llevaba la contabilidad era el capitán Erich Priebke, que extremó su celo mandando a la muerte a 335 hombres, cinco mas de los que figurarían en la orden.
Priebke fue juzgado y condenado después de la guerra, pero en 1977 logró escapar.
De nuevo en manos de la justicia italiana, fue juzgado en 1996.
Su defensa se basó en el cumplimiento de las órdenes recibidas, pues de lo contrario él mismo podría haber sido ejecutado, y descargó la responsabilidad sobre los comunistas autores del atentado del 23 de marzo.  
Esa incriminación de los partisanos comunistas desató toda una campaña de prensa, que puso de actualidad la guerra civil que vivió Italia desde el verano de 1943 hasta el final de la contienda. En aquellos días las acciones de represalia fueron el denominador común del horror.

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