Dejó al mundo un mensaje de tolerancia

Clamaban venganza contra el apartheid, pero Madiba perdonó

Rechazó la semántica del odio y llevó a Sudáfrica a la reconciliación. Unió a negros y blancos en un equipo de rugby que ganó un Mundial.
viernes, 06 de diciembre de 2013 · 00:46

Agencias  
Londres 

El Mundial de rugby de 1995 cambió la imagen de Sudáfrica a partir de una selección nacional que luchó contra la intolerancia y se convirtió en símbolo inequívoco de unidad nacional.

Las voces clamaban venganza en las calles; incluso en el Congreso Nacional Africano se pedía la cabeza de los líderes del sistema opresor del apartheid, la brutal segregación racial. Pero Madiba se negó en rotundo.

Tenía muy presentes las palabras del monseñor Desmond Tutu, que apelaban al lenguaje de la reconciliación, nunca la aborrecible semántica del odio.
Por eso hubo perdón, comprensión y un proceso justo contra los responsables de la represión. Pero faltaba algo. Desde la Presidencia en Pretoria, Nelson Mandela era consciente de que, después de tantos años de mirarse de soslayo, negros y blancos, mayoría y minoría, aún recelaban y ese problema impedía el desarrollo de un país que buscaba convertirse en potencia emergente entre los no alineados.
El líder se reunió con su gabinete. Preguntó a cada uno de sus miembros qué  gesto político debía realizarse desde su despacho para unir a los sudafricanos.
Nadie respondió. Aquel selecto grupo de activistas por la libertad fue incapaz de  hallar una salida al gran dilema de Madiba. Lejos de disgustarse, el Premio Nobel de la Paz halló una respuesta clara y precisa en el deporte.
"Los negros hallaban su válvula de escape en la cancha de fútbol. Los blancos competían a nivel internacional en los grandes torneos de rugby. Los Springboks, la selección sudafricana de rugby, era reconocida en todos los estadios británicos e incluso muy aplaudida por los aficionados europeos. Todo cambió cuando supieron que un hombre de color defendía su libertad desde la cárcel. Entonces, Inglaterra, a través de su federación real, exigió un cambio. Aquello fue determinante”, escribe el periodista John Carlin en su libro El factor humano.
 Lo primero que hizo Mandela fue pedir la organización del Mundial de Rugby de 1995.
 Luego se reunió con el presidente de la federación nacional. Se entrevistó con los líderes del equipo, sobre todo su capitán François Pienaar,  y les hizo entender que necesitaba una selección competitiva, pero que al mismo tiempo tuviera una capacidad de empatía emocional con el pueblo.
La respuesta fue unánime. "Cansados del odio y el resentimiento racial, los Springboks se conjuraron para ganar la Copa del Mundo. Poco a poco cautivaron a los aficionados locales e internacionales y demostraron que se podía construir una nación desde el deporte, independientemente de la victoria o la derrota. Había que competir y esa lucha era la metáfora de la misma vida de Mandela”, explica emocionado Carlin.
Los Springboks, alentados por miles de sudafricanos, ganaron el Mundial. Mandela entregó la copa a Pienaar, mientras la bandera de la unidad flameaba sobre la intolerancia.
"Aquel abrazo entre el presidente y el capitán adquirió un significado especial. Mostró que la fuerza de voluntad es un valor indestructible”, concluye John Carlin.

Confidencial

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