El sistema penitenciario en América Latina sigue en crisis

martes, 2 de septiembre de 2014 · 20:40
AFP / Montevideo
 Sobrepobladas, violentas y en ocasiones con escasez de los servicios más elementales: las prisiones de América Latina siguen  en una situación desastrosa según asociaciones de derechos humanos, a pesar de que muchos de los actuales jefes de Estado pasaron por ellas durante la dictadura militar.  
En Brasil, cuya presidenta, Dilma Rousseff, estuvo encarcelada durante tres años (1970-1973), casi la mitad de los centros no tienen suficientes camas para todos los prisioneros, según la Federación Iberoamericana del Ombudsman (FIO), que agrupa a los defensores del pueblo e instituciones de derechos humanos de la región latinoamericana.  
Recientemente, tras un motín en Carcavel (Paraná), dos presos fueron decapitados.
En la cárcel de Pedrinhas, que alberga 2.500 reclusos en 1.700 plazas, más de 60 presos murieron en un motín en 2013.
"Es una vida donde se lucha a muerte todos los días”, cuenta Mario Ibáñez, encarcelado en Santiago de Chile, donde numerosos detenidos hablan de celdas sin luz ni ventilación, describiendo la situación como "una jungla llena de animales salvajes sin respeto a los DDHH”.  
Chile también está gobernado por una mujer de izquierda, Michelle Bachelet, torturada y detenida durante varias semanas en 1975. En este país "hay una sensación de inseguridad de las personas, a veces alimentada por los medios de comunicación, que quieren prisión, prisión, prisión”, indica Ana María Morales, responsable de la reinserción en la ONG Paz Ciudadana.
"No se trata sólo de violencia entre detenidos, sino también de parte de funcionarios”, añadió, denunciando el abuso de sanciones disciplinarias. Cometimos un error, se está pagando, pero no somos monstruos sino seres humanos”, se justificó Darío, encarcelado por robo en Punta de Rieles, Uruguay.
Uruguay es otro ejemplo de país gobernado por un exdetenido, José Mujica -que pasó más de 13 años en las cárceles de la dictadura (1973-1985)- y regularmente puesto en la lista negra por las condiciones de vida carcelaria.
Sensación de inseguridad
Para Mirtha Guianze, directora del Instituto Nacional de Derechos Humanos, "hay una sensación de inseguridad en la población, a veces alimentada por los medios, y las personas quieren la cárcel, la cárcel, la cárcel” para castigar los delitos.
Guianze está preocupada por el proyecto de la oposición política uruguaya de bajar la edad de responsabilidad penal a los 16 años. Se pregunta si estos adolescentes "irán a cárceles de adultos” para llenarlas aún más.
"Esto lo hemos preguntado pero ninguno de ellos lo ha aclarado” agrega Mirtha Guianze describiendo el preocupante panorama en Uruguay.

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