Dos nuevos actores calientan la carrera para sustituir a Obama

La primera batalla electoral de EEUU se libra en Iowa

Las asambleas populares de Iowa y las primarias de New Hampshire del 9 de febrero concitan siempre gran atención, dada la histórica relevancia de estos estados.
domingo, 31 de enero de 2016 · 00:00
AFP / Washington

El estado de Iowa definirá mañana los primeros puntos en la carrera de las nominaciones a las presidenciales de Estados Unidos, revolucionada por la irrupción del millonario Donald Trump y del senador Bernie Sanders.

El estado rural al borde de las grandes planicies estadounidenses tiene una historia irregular en escoger el eventual ocupante de la Casa Blanca, pero bien puede redefinir la carrera, a casi nueve meses de las elecciones presidenciales de noviembre.

La exsecretaria de Estado Hillary Clinton, de 68 años, se mantiene como la favorita de los demócratas, pero ya no es la incontestable candidata.

Sanders, el senador "socialista”  de 74 años conquista la juventud demócrata que sueña con una revolución en Washington y cárcel para Wall Street.

En el lado republicano, Trump, el magnate inmobiliario de 69 años y el senador ultraconservador de origen cubano Ted Cruz, de 45, se disputan la voz de los votantes más conservadores molestos con las élites y el "establishment” en Washington y su propio partido.

Trump lidera los sondeos republicanos a nivel nacional desde julio con una retórica incendiaria. Insultos por doquier, ataques contra inmigrantes y musulmanes, apologías al uso de la tortura contra prisioneros: el millonario rompe añicos todos los tabúes de las campañas políticas.

Pero en Iowa enfrenta una batalla cerrada con el senador Cruz, estandarte de la derecha religiosa.

La complejidad de los caucus


Tras meses de sondeos imperfectos, Iowa será la primera prueba real del temple y atractivo de los candidatos. Es la tradición desde 1972: Iowa lanza el periodo de primarias. Los 49 estados restantes de la Unión y cinco territorios como Puerto Rico votarán luego, hasta junio, para determinar los delegados de los candidatos, que en las convenciones nacionales de julio investirán el candidato demócrata y el republicano para las presidenciales del 8 de noviembre.

En Iowa, donde solo se elige el 1% de los delegados, lo importante es la simbología. Y la forma cómo se desarrolla el proceso solo acentúa la imprevisibilidad de los resultados.

A diferencia de las primarias normales, en Iowa los electores son convocados a  caucus, o asambleas del partido.

Los republicanos votan en secreto, pero los demócratas deben declarar a cual candidato prefieren. Esas peculiaridades reducen la participación a los más comprometidos políticamente. En los últimos días, los equipos de los candidatos invadieron el terreno: legiones de voluntarios tocan puertas de votantes potenciales para recordarles de ir a votar puntualmente. Poco se sabe de la capacidad de movilización de Trump, quien prefiere hablar a sus seguidores desde una alejada tarima. Cruz, estrella del movimiento ultraconservador Tea Party, visita personalmente restaurantes y plazas  y se jacta de movilizar una fuerza de 12.000 voluntarios y empleados en todo el estado.

 "En Iowa, el apoyo de la derecha religiosa y del movimiento de enseñanza en el hogar da una gran ventaja sobre otros candidatos”, dijo a la AFP el politólogo Cary Covington.

Iowa y Nuevo Hampshire marcan la campaña

Desde 1972, cuando Iowa y Nuevo Hampshire comenzaron a abrir el proceso de primarias en Estados Unidos, solo Bill Clinton ha llegado a presidente habiendo perdido las dos, mientras que Ronald Reagan, Barack Obama y George Bush, padre e hijo, alcanzaron la Casa Blanca ganando solo una.

Ese año, de manera bastante accidental, Iowa se convirtió en la primera prueba real para los aspirantes presidenciales, seguida de Nuevo Hampshire, que desde 1920 había inaugurado las primarias. Nacía así el sistema de elección moderno.

Esos dos estados, mayoritariamente blancos, han marcado desde entonces las campañas políticas  en tal medida que, sin su impulso definitivo, un desconocido gobernador de Georgia llamado Jimmy Carter y un joven senador de nombre Barack Hussein Obama nunca hubieran sido presidentes. En la historia del sistema moderno hay reveses memorables como el que sufrió en Iowa la entonces favorita Hillary Clinton frente al recién llegado Obama en 2008: no sólo perdió teniendo una amplia ventaja en las encuestas, sino que además quedó tercera. Obama ganó entonces más que una votación.

El senador afroamericano logró ese impulso que atrae la atención de los medios y puede cambiarlo todo. Demostró que podía plantar batalla a la favorita.

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