A 25 años del derrumbe de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría

Un día como hoy se sepultó a la URSS con la creación de la Comunidad de Estados Independientes. El 25 de diciembre de 1991 Gorbachov admitió “el desmembramiento del país”.
jueves, 8 de diciembre de 2016 · 07:19
La Tercera / Cristina Cifuentes
"Queridos compatriotas y conciudadanos, a causa de la situación que se ha creado con la formación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), pongo fin a mis funciones de presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Los acontecimientos han tomado un giro diferente. Ha ganado la línea de desmembramiento del país y de dislocación del Estado, y es algo que no puedo aceptar”. Con esas palabras el líder soviético, Mijail Gorbachov anunció, el 25 de diciembre de 1991, algo que parecía imposible: el fin de la URSS.

El mandatario soviético hacía referencia a los movimientos separatistas que derivaron en la creación de la CEI, creada de forma secreta el 8 de diciembre de ese año por Bielorrusia, la Federación Rusa y Ucrania, y a la que luego se les uniría Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Azerbaiyán, Armenia y Moldavia. Media hora después de la alocución, la bandera soviética de la hoz y el martillo fue sacada del Kremlin e izada en su lugar la tricolor de la Federación de Rusia.

Perestroika
Cuando en 1985 Gorbachov llegó al poder, el país se encontraba en medio de un severo estancamiento, debido a los graves problemas económicos y políticos que atravesaba. Haciendo frente a esta situación, Gorbachov introdujo, en 1987, un plan de reformas en estas áreas, lo que le valió el elogio de los países occidentales por su sus compromisos reformistas. El cambio económico se conoció como perestroika o reconstrucción, mientras que glasnot fue la política de apertura de expresión. Sin embargo, esto terminó jugándole en contra porque los soviéticos usaron la libertad de expresión para quejarse sobre el fracaso de Gorbachov para mejorar la economía.

La desintegración comenzó en la periferia y no en las áreas rusas, siendo los países de la región del Báltico los primeros en manifestar su deseo de separarse: el gobierno de Estonia fue el primero en pedir autonomía en 1987. Los movimientos independentistas de ese año significaron un gran desafío para Gorbachov, que no los quiso reprimir severamente, pero al permitirlos -señalan los analistas- era evidente que podría significar el colapso de la URSS. Fue así como distintos movimientos independentistas comenzaron a florecer.

Crisis económica
En 1990, el Producto Nacional Bruto (PNB) había caído 2% en comparación a 1989. Y en el primer trimestre de 1991 se había contraído 8%. La baja se había extendido a casi cada sector productivo, desde los alimentos procesados a la energía y la agricultura. Según el estudio Revirtiendo el Colapso de la Unión Soviética, realizado por el profesor de la U. de Harvard, Andrei Shleifer y de la U. de Chicago, Robert W. Vishny, tal caída no tiene precedentes en la economía soviética de la postguerra que históricamente había crecido moderadamente.
 
El reporte señala, por ejemplo, que para 1990 el comercio con Europa Oriental había disminuido 25% y esa caída se profundizó en 1991. Las fricciones entre el comercio regional en la Unión Soviética reflejaba, advierten, la extendida negación de muchas empresas de producir y comerciar basándose en los precios estatales. "Los lituanos no querían vender carne a los rusos a precios estatales, no porque los odiaran, sino porque eran precios muy bajos”, dice el informe.

Disolución de la URSS
La mañana del 19 de agosto de 1991, la Televisión Central Soviética no transmitió como de costumbre los programas de noticias sino que, en cambio, puso al aire el ballet Lago de los Cisnes de Tchaikovsky. La población pensó que alguno de los líderes del país había muerto.
 
Poco después, sin embargo, llegaron los reportes que el Presidente Mijail Gorbachov no podía seguir gobernando el país debido a problemas de salud, por lo que el poder sería traspasado a un Comité Estatal de emergencia, el que iba a estar encabezado por el vicepresidente, Guennadi Yamaev. Conocido como el Golpe de Agosto, fue llevado a cabo por miembros de la línea dura del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), quienes consideraban que el programa de reformas de Gorvachov había ido muy lejos.

El 24 de agosto, Gorbachov dejó su cargo como secretario general del Partido y el 29 de ese mes el Parlamento suspendió las actividades del Partido Comunista.

Putin y el espíritu soviético
"El colapso de la Unión Soviética fue el mayor desastre geopolítico del Siglo XX”. Así describió en un discurso de 2005, el Presidente ruso, Vladimir Putin, los eventos ocurridos en 1991. Y, de cierta forma, muchos de sus compatriotas están de acuerdo con él.

Según un sondeo del Centro Levada, el 56% de los rusos lamenta el colapso soviético y un 28% señala que no lamenta la desintegración. Algo que hace un año era compartido por un 37%.
En un artículo del diario Pravda, se señala que más de la mitad de los que están insatisfechos con el colapso de la URSS dijeron estar preocupados por la destrucción del sistema económico del país. Rusia se encuentra en medio de una crisis económica debido a la devaluación del rublo, producto de la caída del precio del petróleo y las sanciones de Occidente por la crisis en el este de Ucrania.

Pero luego de la anexión de Crimea en marzo de 2014, la posterior participación en la guerra en Siria en septiembre de 2015, la creciente influencia en algunas de las ex repúblicas y la "simpatía” que le tiene el Presidente electo de EE.UU., Donald Trump, Putin ha ampliado la influencia de Rusia a niveles no vistos desde la URSS.

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