El debate para la destitución de Rousseff genera fuertes tensiones

La apertura de un juicio político requiere el apoyo de dos tercios de la cámara (342 diputados, de un total de 513) y su necesaria ratificación por el Senado.
sábado, 16 de abril de 2016 · 00:00
AFP /Brasilia

La Cámara de Diputados de Brasil empezó a debatir ayer  la apertura de un juicio que podría terminar destituyendo a la presidenta izquierdista Dilma Rousseff, en uno de los capítulos más dramáticos de la historia democrática del país sudamericano.  
 
Puertas adentro, los legisladores pronunciaban encendidos discursos, en lo que se anuncia como una maratón de sesiones, mientras las calles de acceso al Congreso eran patrulladas por fuerzas de seguridad que permanecerán custodiando la zona hasta el domingo, día de la votación, cuando se esperan gigantescas movilizaciones. 
 
La jornada comenzó con la presentación de los argumentos de la acusación, que señalan que Rousseff, de 68 años, cometió "crímenes de responsabilidad” al haber maquillado las cuentas públicas y abrir créditos sin la aprobación del Congreso en 2014, el año de su reelección, y a inicios de 2015. 
 
El abogado general del Estado, José Eduardo Cardozo, negó los cargos y denunció una tentativa de "golpe de Estado”, levantando indignación entre los opositores y aplausos de los diputados del Partido de los Trabajadores (PT), que gritaban a voz en cuello  "¡No habrá golpe!”.  
 
Cardozo apuntó contra el polémico presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, uno de los arquitectos del impeachment (juicio de destitución), pese a que él mismo está siendo juzgado por la Corte Suprema por denuncias de que se embolsó millonarias sumas de una red de sobornos de la empresa  estatal Petrobras. 
 
Un proceso histórico
 
Ajeno a los ataques contra su figura, Cunha llegó envuelto en un enjambre de cámaras para presidir una sesión
que lo tiene como protagonista central. 
 
"Es un proceso histórico, no hay ninguna duda, es un proceso muy grave sobre el que tenemos la responsabilidad de su conducción y vamos a conducirlo para que haya una decisión, sea cual sea, para que el país tenga una respuesta y siga su vida normal”, declaró antes de adentrarse en el recinto parlamentario. 

La compleja saga de tres días infartantes ya suma 170 diputados inscritos para hablar a favor del impeachment y 79 en contra, y tendrá su cierre el domingo a la noche, con un resultado que puede dar proseguimiento al proceso en el Senado o archivarlo definitivamente. 
 
La apertura de un juicio político requiere el apoyo de dos tercios de la cámara (342 diputados de un total de 513) y su ratificación por el Senado. 
 
Según el diario O Estado de Sao Paulo, los partidarios del impeachment cuentan desde el jueves con los 342 votos necesarios para dar el primer paso. 
 
En tal caso, Dilma Rousseff sería reemplazada transitoriamente por su vicepresidente Michel Temer, un abogado de 75 años del centrista PMDB, el mismo partido de Cunha. Y si el Senado la condena formalmente en un plazo de seis meses, Michel Temer, a quien Roussefff llama "traidor”, completaría el mandato, hasta fines de 2018. 
En la agitada jornada de la Cámara de Diputados, sobrevolaba la figura de este discreto constitucionalista. El diputado Paulinho da Força, del opositor Solidaridade, dijo a la prensa que había discutido con "el presidente”   Michel Temer acerca "del futuro gobierno de Brasil”. 
 
A menos de cuatro meses de la inauguración de  los esperados  Juegos Olímpicos de Río, Brasil se halla en una situación de suma inestabilidad política, e ignora quién será en ese momento su presidente.
 
Lula acude al rescate de la Presidenta 
 
El expresidente Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010) salió una vez más al rescate de su ahijada política. 
 
En un video, el emblemático líder de la izquierda instó a los diputados a no embarcarse en "aventuras, creyendo en el canto de sirena de los que se sientan en la silla antes de tiempo”. 
 
"Quien traiciona un compromiso sellado en las urnas no va a respaldar acuerdos hechos en las sombras, el golpe del impeachment no pasará”, añadió el expresidente.  
 
Lula fue designado jefe de gabinete de Rousseff, pero nunca pudo asumir el cargo porque un juez sospechó que su nombramiento era una maniobra para ponerlo al abrigo de la justicia ordinaria, que investiga si se benefició de sobornos que circularon por la estatal petrolera. 
 
Para impedir incidentes el domingo, las autoridades tendieron una enorme valla metálica de un kilómetro. (AFP)
 
Crisis institucional  
  • Decisión El Supremo Tribunal Federal  rechazó por amplia mayoría la madrugada de ayer  el recurso presentado por el Gobierno para frenar un proceso de destitución de la presidenta Dilma Rousseff. 
  • Efecto La apertura de un juicio político requiere el apoyo de dos tercios de la cámara baja  -342 diputados de un total de 513- y la ratificación por el Senado. 
  • Salida En ese caso, Rousseff, de 68 años, sería separada del cargo y reemplazada por su vicepresidente, el centrista Michel Temer, de 75.

Temer, el político que se cansó de los bastidores

AFP/ Sao Paulo

Cuando Dilma Rousseff recibió en diciembre el primer golpe del impeachment, Michel Temer se destapó con una carta de despecho donde se quejaba de ser un "vicepresidente decorativo”: después de tres décadas en la sala de máquinas del poder, este glacial abogado ya no quiere las sombras, quiere gobernar Brasil definitivamente.  
 
Se hará con los mandos hasta 2018 si Rousseff no sobrevive al juicio político que mañana  puede dar una zancada crucial en un Parlamento en rebeldía. 
 
Especialmente después de que él mismo gestionara el desembarque de su decisivo partido -el centrista PMDB- de un gobierno al que llegó como número dos y del que se convirtió en verdugo. 
 
A los 75 años, este estratega de andar erguido y aire distante lleva meses coqueteando con un protagonismo que siempre le rehuyó. Pero tras sobrevivir casi 30 años en los envenenados pasillos de Brasilia, supo dosificar las señales de que su matrimonio de conveniencia con la presidenta  Rousseff ya no le convenía.
 
Incluso con su jaque a la reina surtiendo efecto, Temer siguió trabajando entre bambalinas, aunque consciente de que ahora los focos le buscaban a él. 
 
Tanto que ya ensayó ante el espejo su discurso por si acaba con la banda presidencial cruzada en el pecho. En su segundo "descuido” desde que el sillón de Dilma Rousseff comenzó a tambalearse, el lunes se filtró un nítido audio en el que se dirigía "al pueblo brasileño” proponiendo un "gobierno de salvación nacional”.

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