El jefe del FBI pidió más dinero para investigar a Trump antes de ser despedido

El lunes transmitió esa petición. Y el martes, fue cesado de forma fulminante y sin explicación por Trump.
jueves, 11 de mayo de 2017 · 07:04
elmundo.es /
James Comey pidió la semana pasada al número dos del Departamento de Justicia de EEUU, Rod Rosenstein, más medios para investigar la presunta relación entre el equipo de Donald Trump y el Gobierno ruso. El lunes, transmitió esa petición a varios miembros del Senado. Y el martes, fue cesado de forma fulminante y sin explicación por Donald Trump.

Comey hizo su solicitud a Rosenstein porque el número uno del Departamento de Justicia, Jeff Sessions, se ha recusado de la investigación de Rusia después de que se descubriera en febrero que había mentido bajo juramento al Senado al negar haber tenido contactos con altos funcionarios del régimen de Vladimir Putin. Sin embargo, el cese de Comey fue, según el propio Trump, recomendado por Sessions. Así pues, el presidente destituyó a la persona que le investiga, a instancias de otra persona que podría estar siendo blanco de esa misma investigación.

El diario The Wall Street Journal, cuyo propietario, Rupert Murdoch, es amigo personal de Trump, resumía ayer ese sentimiento en una frase: No hay vínculos. Eso, de acuerdo con fuentes anónimas de la Casa Blanca citadas por ese medio, es lo que el equipo de Donald Trump quería que Comey dijera públicamente con respecto a las relaciones entre el presidente y Putin.

La cuestión, ahora, es qué va a pasar. El FBI es una organización muy descentraalizada, con numerosas íslas que operan de forma indpendiente, según una persona que la conoce bien y que prefiere mantener su identidad en el anonimato. Según esa tesis, el cese de Comey no tendría, en principio, que afectar a la investigación.

Pero el Partido Demócrata no lo ve así. Y ha pedido la creación de una comisión especial del Senado, o el nombramiento de un fiscal especial, para que investigue el Rusiagate, que es como algunos llaman al escándalo de la relación entre Trump y Putin, y que hace referencia al famoso Watergate que provocó la dimisión de Richard Nixon. Precisamente, el cese de Comey ha sido equiparado a la Masacre del Sábado Noche, cuando, en octubre de 1973, Nixon cesó inesperadamente al investigador especial del Watergate, Archibald Cox, en un intento de descarrillar el proceso que iba a acabar forzándole a dimitir 9 meses más tarde.

Pero hay dos diferencias rotundas entre el cese de Cox y el de Comey. El primero provocó la dimisión inmediata - e inesperada - de los números uno y dos del Departamento de Justicia de Nixon. En esta ocasión, son esos mismos número uno y dos quienes han pedido la destitución del director del FBI. Además, con Nixon, la oposición demócrata controlaba el Congreso, y los propios republicanos coincidían en que la actuación del presidente en todo el escandalo debía ser investigada.

Los republicanos apoyan al presidente
Ahora no es solo que los demócratas están en minoría, lo que da al Partido Republicano un poder virtualmente absoluto. Es que, además, los líderes de esa formación apoyan al presidente. El presidente del Senado, Mitch McConnell -cuya esposa, Eliane Chao, es secretaria de Transporte con Trump - declaró ayer en la cámara que cualquier nueva iniciativa para esclarecer las relaciones entre Trump y su equipo y Putin, solo servirá para entorpecer el trabajo que se está haciendo.

Hasta la fecha, los republicanos del Senado han logrado obstaculizar la investigación de esa cámara sobre el Rusiagate con tanta efectividad que no hay ni una sola persona trabajando a tiempo completo en ella. En la Cámara de Representantes, la situación es aún más confusa. El presidente del Comité de Inteligencia de esa cámara, Devin Nunes, ha tenido que recusarse de la investigación rusa después de que se descubriera que estaba coordinando sus actividades con la Casa Blanca para obstruirla.

El único senador republicano que ha pedido la creación de un comité especial para investigar el caso es John McCain, que ayer respondió con un ni lo sé ni me importa a las preguntas de la prensa acerca de por qué ninguno de sus compañeros de partido se ha sumado a su petición.
Lo más que Trump ha dicho para justificar el cese es que Comey no estaba haciendo un buen trabajo. Paradójicamente, lo dijo después de reunirse en el Despacho Oval con el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, y con el embajador ruso, Sergei Kislyak -el mismo que se había reunido con Sessions en secreto al menos dos veces -, en un encuentro en el que la prensa de EEUU no estuvo autorizada a entrar, aunque sí la agencia oficial de noticias rusa, Tass.

Pero Trump tiene un as en la manga: los propios demócratas. Éstos ya habían acusado a Comey, que es republicano, de haberle dado la presidencia a Donald Trump cuando, a falta de 11 días para las elecciones de noviembre, informó al Congreso de que había reabierto la investigación sobre los emails enviados por Hillary Clinton desde un servidor de internet privado y sin seguridad cuando era secretaria de Estado. La propia Clinton ha dicho que, de no haber sido por Comey, habría ganado las elecciones. Así pues, los republicanos están simplemente repitiendo que los demócratas están haciendo un ejercicio de hipocresía al rasgarse las vestiduras por el cese de quien consideran que dio las llaves de la Casa Blanca a Donald Trump.

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