La asistencia colapsa y hay más de 1.200 muertos en Indonesia

Las ONG locales e internacionales ayudan a sacar los cuerpos de entre las ruinas, distribuyen comida y agua, o abastecen los refugios con tiendas de campaña.
miércoles, 3 de octubre de 2018 · 00:01

EFE y AFP / Palu, Indonesia

La asistencia continúa colapsada y siguen los saqueos esporádicos de alimentos y de gasolina en la isla indonesia de Célebes tras el terremoto que provocó un tsunami y avalanchas, mientras las autoridades aumentaron ayer el número de muertos a 1.234.

A esto se suman 799 heridos graves y los más 61.000 desplazados, entre ellos decenas de miles de niños, que siguen afectados por las carencias de agua potable y servicios médicos según cifras del portavoz de la agencia de gestión de desastres, Sutopo Purwo Nugroho.

La Policía hizo disparos de advertencia y lanzó gases lacrimógenos para dispersar a la gente que saqueaba comercios en Palu, una ciudad costera destrozada por el temblor de 7,5 grados de magnitud y el tsunami que le siguió el pasado viernes.

Los sobrevivientes luchan contra el hambre y la sed y los hospitales locales están saturados por los heridos.

La Policía, que hasta ahora había tolerado que los sobrevivientes desesperados tomaran comida y agua de los negocios cerrados, decidió detener a 35 personas por robar computadoras y dinero.

“El primero y segundo día no había negocios abiertos. La gente tenía hambre. Había gente realmente necesitada. Eso no es un problema”, dijo el subcomisario de la Policía nacional, Ari Dono Sukmanto. “Pero tras el segundo día, los alimentos comenzaron a llegar, sólo se necesita distribuirlos. Ahora estamos restableciendo le ley”, añadió.

La desesperación es patente en las calles de Palu, donde los sobrevivientes escalan las montañas de restos a la búsqueda de algo recuperable.

Otros se amontonan alrededor de los pocos edificios que aún tienen electricidad, o hacen cola para obtener agua, dinero en efectivo o combustible, escoltado por convoyes de policías armados. “El gobierno, el presidente, vinieron pero lo que realmente necesitamos es comida y agua”, dijo a AFP Burhanuddin Aid Masse, de 48 años.

Los socorristas no tienen maquinaria suficiente y su labor se complica por las carreteras cortadas y los daños en las infraestructuras. Además, el país registró ayer dos sismos más frente a sus costas pero a cientos de kilómetros de Palu.

El balance oficial de muertos ascendió a 1.234 personas, anunció el gobierno ayer. El ejército indonesio dirige las labores de rescate pero, tras el llamado del presidente, Joko Widobo, las oenegés internacionales también desplegaron equipos en la zona.

Entre los muertos hay decenas de estudiantes cuyos cuerpos fueron retirados de entre los escombros de una iglesia devastada.

“El equipo (de socorristas) encontró 34 cuerpos en total”, declaró a la AFP Aulia Arriani, una portavoz de la Cruz Roja local. Inicialmente, 86 jóvenes que participaban en un campamento de estudio de la Biblia en el Centro de formación de la Iglesia de Jonoonge fueron declarados desaparecidos.

No se precisó la edad exacta de las víctimas. El distrito montañoso de Siri Biromaru, al sureste de Palu, es de difícil acceso y los socorristas tienen que llegar a pie para rescatar a las víctimas. Indonesia es el país musulmán más poblado del mundo pero también cuenta con minorías religiosas, como los cristianos, entre sus 260 millones de habitantes.

“Hay algunos sitios a los que no podemos llegar, pero no muchos. En Donggala, por ejemplo, hay algunos distritos donde tenemos que enviar suministros en helicóptero”, corroboró a EFE en Palu el coronel Muhammad Thohir, del Ejército indonesio.

En Sigi Biromaru, el equipo de la Cruz Roja indicó que al menos 34 niños murieron sepultados y 86 están desaparecidos por un alud de barro mientras participaban en un campamento de estudio de la Biblia al sur de la capital provincial Palu.

“Ya está la grúa para abrir el barro pero necesitamos coordinar con el departamento de Sanidad porque la gente hace tres o cuatro días que se ha muerto y es posible que haya infecciones” dijo Agus Ali Satgana, de la Cruz Roja.

El reencuentro feliz de una pareja separada por el tsunami

AFP / Palu

Fueron dos días de angustia, buscando en las morgues y en los hospitales, pero finalmente Azwan encontró a su esposa Dewi, que el tsunami había arrastrado al tocar tierra en la ciudad indonesia de Palu.

El funcionario de 38 años cuenta su historia junto a su esposa en una pequeña carpa instalada junto a la carretera. La emoción es visible en su rostro y los ojos se llenan de lágrimas. “Estaba tan contento, tan emocionado... Gracias a Dios pude volver a verla”, relata a AFP.

Como muchos indonesios, Azwan sólo tiene un nombre. Palu, una ciudad de 350 mil habitantes en la costa occidental de la isla de Célebes, tembló el viernes por un violento terremoto seguido de un tsunami devastador.

Desde entonces reinan la desesperanza y el dolor, con más de 1.200 muertos, según el último balance, por lo que la historia de Azwan y Dewi es una excepción. Dewi estaba registrando a los invitados que iban participar en un festival de un hotel de la costa cuando la tierra tembló.

Luego llegó un muro de agua. “Llegó una ola que me golpeó fuerte. Cuando retomé consciencia estaba en la calle, delante del hotel. Recuerdo haber escuchado a la gente gritar ‘¡Tsunami! ¡Tsunami!’”.

Dewi caminó por las calles repletas de escombros hasta que llegó a un puesto de evacuación, donde pasó la noche.

En la otra punta de la ciudad, Azwan estaba muy angustiado. Había sobrevivido junto a su hija pero no tenía ninguna noticia de su mujer. Al llegar la noche empezó una búsqueda que duró casi dos días. El domingo, cuando se preparaba para aceptar “la voluntad de Dios”, su esposa apareció en el domicilio familiar, en moto. Herida y cojeando, llegó hasta su casa. “Cuando bajó de la moto, fue la euforia”, cuenta Azwan. “Todo el mundo lloraba. Los miembros de la familia estallaron en llantos, la abrazaron”.

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