“Alcatraz rocoso”, la cárcel de la que El Chapo no podrá huir

La prisión de máxima seguridad (ADX) en Florence, Colorado, fue construida en 1994 en el corazón de un desierto montañoso; nadie se ha fugado de allí.
viernes, 15 de febrero de 2019 · 00:04

AFP  / Los Ángeles

“Infierno de alta tecnología”, “Alcatraz rocoso”, “SuperMax”: son algunos de los sobrenombres de la cárcel a la que podría ser enviado el narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán, que es considerada una de las más seguras y crueles de Estados Unidos. 

El Chapo fue declarado culpable por un jurado de Nueva York de delitos de narcotráfico, posesión de armas y lavado de dinero y en junio debe ser sentenciado a una cadena perpetua no negociable y enviado a la prisión de máxima seguridad (ADX) en Florence, Colorado (oeste). 

Construida en 1994 en el corazón de un desierto montañoso, de esta instalación rodeada de torres de vigilancia y hombres fuertemente armados es prácticamente imposible escapar, incluso para El Chapo, que se fugó de prisiones de máxima seguridad en México en dos oportunidades. De Florence nadie ha escapado. 

Los prisioneros más peligrosos están confinados 22 horas y media al día en una celda de hormigón y acero de 2,1 por 3,6 metros, de la que sólo pueden salir con grilletes en pies y manos. 

Robert Hood, un exguardia en Florence, dijo que esta prisión no era más que “una versión del infierno más limpio”, “mucho peor que la muerte”.

 El Chapo se unirá allí a otros narcotraficantes condenados, pero también a condenados por terrorismo como Ramzi Youssef, autor intelectual de los primeros ataques al World Trade Center en 1993; o Zacarias Moussaoui, el francés condenado en relación con los ataques del 11 de septiembre de  2011. 

Un informe del Centro de Información sobre Correcionales de Washington DC (DCICC), organización autorizada por el Congreso de Estados Unidos, indicó que la inmensa mayoría de los reclusos (92% de 427 prisioneros al momento de la visita en abril 2017) fueron transferidos de otras cárceles federales por “problemas disciplinarios”. Muchos sufren también desórdenes mentales. 

“Estar aquí no corrige tu comportamiento o lo que sea que hayas venido a buscar, como la gente de  afuera puede pensar. En la mayoría de los casos te hace aún más amargado y agresivo debido a la forma como te tratan”, dijo un recluso citado por la organización. 

La cotidianidad de los prisioneros de máxima seguridad no es color de rosa: están encerrados en solitario en la celda de ocho metros cuadrados, con una cama, un escritorio y un banco de concreto. 

Una ducha, inodoro y lavamanos de acero inoxidable y la luz del día pasa por un agujero profundo de 10 centímetros de ancho a 120 centímetros de altura, que impide ver hacia el exterior. Las celdas tienen una puerta de acero sellada, por lo que los reclusos no pueden hablar entre ellos. El único contacto humano viene con las pocas palabras que intercambian con los guardias, cuando traen y se llevan la comida.

 

 

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