Los ríos no asustan a migrantes que buscan en EEUU otro futuro

Quienes pudieron salir a flote aseguran que vencieron el miedo a las peligrosas aguas sólo con la confianza en Dios. Muchos lo hacen cargados de sus niños.
viernes, 28 de junio de 2019 · 00:04

EFE / Phoenix, EEUU

 Las peligrosas corrientes y crecidas de los ríos y canales fronterizos entre México y Estados Unidos (EEUU) no asustan a quien está desesperado por lograr un futuro mejor. Se encomiendan a “Diosito” y se lanzan al agua con niños y equipaje, dicen a EFE algunos de los que han salido con vida.

“Nos dijeron que el agua sólo nos llegaría a las rodillas, pero seguía subiendo y uno ya no podía con los niños y las maletas. Una señora que venía con un niño más chiquito que el mío se quedó atrás, y ya no supe de ella”, señala  María Paniagua.

La inmigrante nicaragüense sabe que tuvo suerte al atravesar con éxito un río para llegar a EEUU con sus hijas de 17 meses y 11 años. No tuvieron tanta fortuna un hombre cuyo cuerpo apareció el martes en el río Bravo cerca del puerto de entrada Eagle Pass, que une EEUU y la ciudad mexicana de Piedras Negras, ni una mexicana de 19 años que apareció ahogada el miércoles en un canal en Clint (Texas).

“La recuperación de un cadáver es una de las tareas más duras realizadas por los agentes de la Patrulla Fronteriza”, dijo en un comunicado Raúl L. Ortiz, oficial de esta agencia federal en el denominado Sector del Río, en Texas. Y es una tarea a la que lamentablemente están acostumbrados, pues en lo que va del año fiscal, que comenzó en octubre de 2019, han encontrado 21 cadáveres en el Río.

Desde el 1 de octubre de 2018 hasta la fecha se han incrementado en un 57 % el número de personas ahogadas en el sector Del Río, en comparación con el mismo período del año pasado.

Pero también hay alegrías y en este año fiscal los agentes fronterizos han rescatado a más de 400 inmigrantes indocumentados de las turbulentas aguas del río, incluidos niños pequeños.

Las recientes e impactantes imágenes del salvadoreño Óscar Alberto Martínez y su hija de 23 meses, Valeria, flotando boca abajo a orillas del río Bravo después de haber intentado cruzar desde México es un retrato cruel de los verdaderos peligros que enfrentan los inmigrantes.

“Lo sabemos, sabemos de los riesgos pero también confiamos en Diosito; claro que uno siente mucho miedo por sus hijos, tuve que pasar al más chico en mis hombros, pero veníamos con la voluntad del Señor”, indica el nicaragüense Wilfredo Sevilla, de 42 años. Su familia, compuesta por Francis Johana, de 41 años; Wilmar, de 10 años, y Wilson, de 17 años, decidieron tomar el riesgo y cruzar un canal por Los Algodones, un lugar que colinda con Yuma (Arizona).


En las últimas semanas, los agentes de migración en el Sector Del Río han sido testigos de tragedias e  incidentes casi mortales ante la falta de precaución de los inmigrantes.

El mes pasado agentes de la Patrulla Fronteriza rescataron a un hombre que intentó cruzar el río con un niño de tres meses atado a su pecho. Mientras el hombre luchaba por mantenerse a flote, el niño estaba bajo el agua y casi se ahoga. Una situación similar vivió Elías Puaquiza, de Ecuador, quien al ver que su hija se hundía  –mientras cruzaban un canal por la frontera de Mexicali con California– la agarró de la camiseta para no perderla.

“Uno hace lo que sea para que no se hundan los niños, y pues con los nervios y ver el agua subiendo más allá de la cintura, uno actúa así”, explica.

En mayo pasado una balsa de uso recreativo con nueve personas volcó y tres personas murieron ahogadas, incluido un bebé de 10 meses y un niño de siete  años, mientras que otra menor de siete años sigue desaparecida. 

A ello hay que sumar el fallecimiento de cuatro personas que murieron  en los canales y la red de alcantarillado en El Paso (Texas), por  un repentino aumento del nivel del agua en el río Bravo. “Es preocupante, los agentes de la Patrulla Fronteriza están rescatando a personas, pero también han tenido la ardua tarea de recuperar cadáveres de aquellos que mueren en las caudalosas aguas del Río Bravo, incluidos niños de tan sólo 10 meses”, dijo  Randy Davis, jefe  de la Patrulla Fronteriza en el Sector Del Río.

Trasladan cuerpos de salvadoreño e hija

 Las autoridades mexicanas iniciaron  el traslado de los cuerpos de los migrantes salvadoreños Óscar Martínez y su hija Valeria, ahogados el pasado domingo en el río Bravo tras un vano intento de cruzar a Estados Unidos.

Los cadáveres salieron de la funeraria ubicada en el municipio de Matamoros, en el nororiental estado de Tamaulipas, rumbo a la ciudad de Monterrey, en el estado de Nuevo León, donde se procederá a su repatriación.

El coche es escoltado por una patrulla de la Policía Federal durante el trayecto de tres  horas y media que separa a ambas ciudades.

En Matamoros, el mexicano Federico Peláez, quien conocía al fallecido, contó  que Óscar Martínez “se desesperó porque no calificó para que le dieran un número (en la garita fronteriza) y se le hizo fácil cruzar, se puso a la niña en la espalda y se los llevó la corriente”. Luego de este suceso, otros prefieren esperar.

Salvadoreño ahogado quería una mejor vida para su hija 

Quizá por su delgadez, Tania Ávalos, salvadoreña de 21 años, llamaba cariñosamente “sequito” a su esposo Óscar Martínez, quien cumpliría 26 años en julio. Valeria, su robusta pequeña de casi dos años, era la “gorda” para quien buscaban una vida mejor en Estados Unidos (EEUU).

Soñaron más allá de fronteras, penurias y de los 3.200 kilómetros que recorrieron con terca esperanza. Sólo la corriente del río Bravo, cuya aparente mansedumbre confunde a los desprevenidos, pudo quebrar a los Martínez Ávalos, a pocos metros de sortear uno de los obstáculos mayores para llegar a EEUU.

En shock, Tania vio la tarde del domingo cómo Óscar y Valeria eran arrastrados y tragados por el río, el límite natural entre México y EEUU. No supo más de ellos hasta la mañana del lunes.

Tania y Óscar, quien  trabaja de cocinero en una pizzería, estaban hartos de la pobreza y de las pandillas que aterrorizan a su barrio del este de San Salvador.

Ambos fantaseaban con ver a Valeria jugando y creciendo en la casa que tendrían cuando vivieran en EEUU. “Tenían ese sueño americano, de lograr una mejor vida”, recuerda Rosa Ramírez, la madre de Óscar.

El 3 de abril la familia partió de San Salvador, sin visas.  Atravesaron  primero Guatemala hasta llegar a la frontera con México.

 Decidieron  avanzar más de 1.800 kilómetros desde Chiapas hasta Matamoros, en la frontera con EEUU. Llegaron el domingo y fueron a la oficina de Migración con la idea de solicitar asilo, pero   ésta estaba cerrada. Frustrados, decidieron cruzar el río.

 

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