Asesinan a 4 presos del motín en Altamira durante el traslado

Se investiga las circunstancias en las que murieron los detenidos. Jair Bolsonaro dijo que fuera de las cárceles hay guerra y que “sólo un lado está armado”.
jueves, 01 de agosto de 2019 · 00:04

AFP y EFE / Altamira, Brasil

Cuatro presos implicados en uno de los motines carcelarios más letales de Brasil, en el estado de Pará (nordeste), fueron asesinados durante su traslado a otra prisión, con lo cual el balance de la tragedia del lunes asciende a 62 muertos, informaron ayer  fuentes oficiales.

Los cuatro detenidos, quienes  viajaban esposados en un autobús celular, presentaban señales de haber perecido por asfixia, precisó la Secretaría de Seguridad Pública de Pará (Segup).

Formaban parte de un grupo de 46 reclusos trasladados el martes desde la prisión de Altamira, donde se produjo la tragedia provocada el lunes por enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes, a otros establecimientos penitenciarios.

La Segup explicó que el autobús policial estaba dividido en cuatro celdas con capacidad para 40 personas, y que en ese traslado había 30, todos esposados y pertenecientes “a la misma facción”.  Agregó que las autoridades “investigan las causas de ese hecho lamentable”.

En los enfrentamientos del lunes murieron 58 presos, 16 de ellos decapitados. La mayoría pereció por asfixia tras un incendio provocado por miembros de una banda en el sector que alojaba al grupo rival.

El presidente Jair Bolsonaro, quien asumió en enero con promesas de liberar el porte de armas para combatir la criminalidad, hizo ayer su primer comentario, por Twitter, sobre esa matanza.

“He visto escenas de horrores en la cárcel de Pará, pero también vi escenas macabras practicadas por parte de los que murieron contra personas humildes e indefensas. Fuera de las cárceles también hay una guerra, en la cual prácticamente sólo un lado está armado”, escribió.

Es la segunda masacre carcelaria en dos meses en Brasil.

A fines de mayo, 55 detenidos fueron asesinados en varias cárceles del estado de Amazonas, vecino de Pará, durante crudos enfrentamientos entre pandillas del narcotráfico,

Centenas de presos son asesinados cada año en Brasil, la mayoría en ajustes de cuentas entre bandas que se disputan el control de las rutas de la cocaína procedente mayoritariamente de Colombia, Perú y Bolivia. 

La masacre del lunes enfrentó a un grupo local, el Comando Classe A (CCA), con uno de las mayores bandas criminales de Brasil, el Comando Vermelho, señalaron fuentes oficiales.

Brasil, con 726.354 detenidos, tiene la tercera mayor población carcelaria del mundo (detrás de Estados Unidos y China), según estadísticas oficiales de julio. 

Amnistía Internacional señala una sobrepoblación carcelaria de 800 mil  reclusos respecto a las plazas en las prisiones. 

Las condiciones de vida en ese hacinamiento suelen ser descritas como inhumanas, con una población mayoritariamente pobre, negra y con bajo nivel escolar. El Consejo Nacional de Justicia, un organismo gubernamental, indicó en un informe que las condiciones de la cárcel de Altamira son “muy malas”.

La prisión enfrenta  un hacinamiento de más del doble de su capacidad.

Guerra

 Los familiares de las 58 víctimas del penal –16 de ellas decapitadas– exigen respuestas y el fin de la sangría en las prisiones, que entraña una guerra abierta por el control del tráfico de drogas entre los dos bandos.

Los allegados se agolpan a las puertas del Instituto Forense de Altamira y están indignados. Denuncian la falta de organización a la hora de identificar los cuerpos, según pudo constatar EFE.

Elciane Santos relata que perdió a un hermano de 26 años en la sangrienta matanza. Su cuerpo ya estaba preparado para ser enterrado, pero al abrir el ataúd vieron que no era él.

Preso hace cinco años por homicidio, su hermana desconoce si “formaba parte de una facción”, pero cuenta que desde que ingresó en el penal de Altamira, en el estado de Pará, empezó a pintarse de rojo todos los tatuajes que cubrían su piel.

“Lo que está ocurriendo es una disputa de la ruta del tráfico en el norte de Brasil”, analiza Rafael Alcadipani, profesor del área Seguridad Pública de la Fundación Getulio Vargas. 

Según la investigación, el  ataque de Comando Classe A tenía como objetivo frenar el dominio del narcotráfico que ejerce en la región Comando Vermelho.

 Se busca el control de la  “ruta caipira”, que parte desde  Mato Grosso (centro-oeste) y va hasta Sao Paulo (sudeste), donde la cocaína se exporta a Europa, complementó Alcadipani.

 

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