En medio de incertidumbre, rige el control del dólar en Argentina

Hubo filas en los bancos para retirar depósitos. El tipo de cambio se apreció 3% en un contexto en el que la clase media, igual que el país, está al borde del default.
martes, 03 de septiembre de 2019 · 00:04

AFP / Buenos Aires

Argentina estrenó ayer el control del tipo de cambio del dolar  instrumentado para defender su moneda y las reservas. El Gobierno trata de calmar a los ahorristas que se han volcado a retirar sus depósitos bancarios.

Un día después de que el gobierno del presidente   Macri impuso límites a las compras y transferencias de monedas, el tipo de cambio se apreció 3%, a 59,76 pesos por dólar. Mientras que  el índice Merval de la Bolsa de Buenos Aires subió cerca de 5% en la mañana de ayer.

El ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, fue cauto al comentar esos movimientos. “Considero que el dólar va a estar estable, bajó 2,5 pesos (la cotización del dólar), pero con muy poco volumen” de transacciones, dijo tras una reunión de gabinete.

Al cabo de tres semanas de fuertes presiones sobre la moneda, con una depreciación de alrededor de 20% y caída de 12.200 millones de dólares de las reservas internacionales, Macri adoptó un control de cambios a contramarcha de las políticas aperturistas que había defendido hasta ahora.

El control que regirá hasta fin de año limita a 10.000 dólares mensuales los montos que pueden adquirir los particulares, impide a las empresas atesorar divisas y obliga a los exportadores a liquidar sus divisas en un lapso de entre cinco  y 15 días. 

Clase media endeudada

Tarjetas de crédito impagas, deudas con el psicólogo, el colegio de los hijos y el servicio de salud: la clase media argentina está en crisis y al borde del default, como un espejo de lo que sucede con las cuentas públicas.

“No podemos pagar todo, nos hundimos de a poco”, resume Mónica, quien, avergonzada por el atraso del pago del colegio de sus dos hijos, calla su apellido y se niega a dejarse fotografiar.

Como muchos de sus amigos, Mónica (42 años), abogada, y su esposo, contador, defienden a costa de deudas su modo de vida en medio de una inflación que se proyecta por encima del 50% anual. “Sin ahorros, en los últimos tres años empezamos a financiar gastos diarios con tarjeta. Antes eran regalos de Navidad, ahora el pago de la luz, celular, comida, ¡todo!”, explica.

Su estrategia terminó en deudas impagables, tal como ha sucedido con la frágil economía del país. Esta semana, Argentina anunció que pediría extender los plazos para el pago de sus compromisos con acreedores privados y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que le otorgó el año pasado un crédito de unos 57.100 millones de dólares. “Al principio pagábamos toda la tarjeta a fin de mes, después, no llegamos y con estas tasas de interés de usura (hasta el 170% anual) estamos al borde de la ruina”, dice Mónica, incrédula del repentino cambio.

Estrategias de sobrevivencia

Para no renunciar al uso del auto familiar, Mónica lo reconvirtió de gasolina a gas, que cuesta la mitad, y para ahorrar en peluquería aprendió a cortarse y teñirse el cabello.

Afortunadamente son propietarios de su vivienda y ambos tienen trabajo en un país donde el desempleo llega a 10,1% y la pobreza a 32%.

La necesidad de crédito llevó a esta familia a solicitar más tarjetas. Pasaron de tres a cinco en tres años. Ninguna está al día.

“Le debemos al psicólogo, estamos atrasados con las expensas (gastos de condominio) y la prepaga (seguro de salud), cambiamos el supermercado por el mayorista y renunciamos a las vacaciones”, enumeró.

Miguel tiene 50 años, trabaja desde hace 13 en la limpieza de una oficina y lo desvelan las deudas. Tampoco quiere revelar su apellido. “En tres años saqué cuatro préstamos, dos para pagar la tarjeta que el banco me terminó sacando por falta de pago y otros dos para pagar los primeros créditos porque las tasas se fueron al carajo”, relata.


 Para ahorrar en transporte hace a diario un trayecto en bicicleta, luego toma un tren desde Merlo (periferia oeste de Buenos Aires) y otro trecho pedaleando. “Así gasto unos 300 pesos al mes (5 dólares). De lo contrario sería el doble”, señala.

Claudia, exgerente de una empresa que al quebrar en 2017 puso su vida y la de sus hijos patas arriba. “Nos tuvimos que mudar a un monoambiente. Pasé de gerenciar 40 locales a limpiar casas por hora, así junto unos 10.000 pesos al mes (170 dólares), justo el alquiler”, explica.
 

 

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