El origen de la deuda argentina y la tortuosa relación con el FMI

Las dictaduras dejaron una pesada herencia y en democracia el problema persistió y se agravó en la época de Carlos Menem. Macri se prestó $us 57.000 millones.
miércoles, 26 de febrero de 2020 · 00:24

AFP y Agencia / Buenos Aires

Una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) concluyó su visita esta semana en Argentina donde ratificó que la deuda no es sostenible. El endeudamiento del país vecino es histórico y su relación con ese organismo externo ha sido de amor y odio.

Según un análisis realizado por BBCMundo, el primero que pidió un préstamo en moneda extranjera fue Bernardino Rivadavia en 1824, entonces ministro de Gobierno de Buenos Aires,  cuando Argentina  ni siquiera se llamaba así, sino las Provincias Unidas del Río de la Plata.

El país tardó más de un siglo en poder cancelar esa deuda con la Baring Brothers de Inglaterra por un millón de libras esterlinas (de las cuales, tras una serie de deducciones, sólo recibió la mitad). En el ínterin, los sucesivos gobiernos continuaron endeudándose. En 1880 la élite gobernante, conocida como la “Generación del 80”, casi triplicó la deuda extranjera, que pasó de 14 a 38 millones de libras.

Ya no sólo se   debía a los ingleses, sino también a los franceses y alemanes. Con la llegada del siglo XX, Argentina debía 78 millones de libras.

Pero las crisis económicas que  aquejaron al país   en las últimas décadas, y que en 2002 le llevaron  declarar el mayor default en la historia en ese momento, tuvieron su origen después de la Segunda Guerra Mundial.

Los historiadores apuntan a dos factores que, combinados, resultaron fatídicos: la llegada de los militares al poder y la creación de los organismos multilaterales de crédito.

Si bien el gobierno de Juan Domingo Perón se rehusó a formar parte de los flamantes FMI y Banco Mundial en los años de posguerra, los militares que lo sacaron del poder a mediados de la década de 1950 firmaron el ingreso argentino a ambos organismos. Durante los tres años que gobernaron, la deuda creció de 57 millones de dólares a más de  1.000 millones de dólares (es decir, se multiplicó por 18).

Pero las cosas empeorarían aún más con el regreso de los militares en las décadas de los años 60 y 70. En sólo dos décadas, Argentina pasó a deber 40 veces más.

Cuando retornó la democracia en 1983 el país arrastraba una deuda de más de 44.000 millones de dólares. El presidente Raúl Alfonsín debió afrontar un default ante la imposibilidad de repago a los acreedores.

Con Carlos Menem, su sucesor, se llevó al país a otro periodo de endeudamiento en 1990.

Con el FMI la relación de más de 60 años está marcada por  altibajos, episodios de amor y odio y una sucesión de tira y afloja, en los que los pedidos de rescate por parte del país han sido una constante.  Pero para muchos argentinos, el Fondo es una mala palabra que se asocia a recetas de ajuste y a más recesión.

“Debo confesar que con Christine (Lagarde) hemos iniciado una gran relación ya hace algunos meses, que espero que funcione muy bien y que termine con toda la Argentina enamorada de Christine”, dijo entusiasmado el entonces presidente liberal Mauricio Macri en septiembre de 2018, poco después de pactar un acuerdo stand-by con el FMI por 57.000 millones de dólares.

En asuntos de deuda, Argentina tiene algunos récords: en 2001 declaró la mayor cesación de pagos de la historia, por más de 100 mil millones de dólares, y en 2018 consiguió el mayor préstamo que haya otorgado el FMI, por 57.000 millones de dólares.

El FMI “tiene una imagen muy negativa porque es visto como responsable de las últimas dos grandes crisis”, en 2001 y en 2018, explicó  Matías Rajnerman, de la consultora Ecolatina.

El país sudamericano, tercera economía de la región, ingresó al Fondo  en 1956, durante la dictadura del general Pedro Aramburu (1955-58).

En todas las ocasiones, el recuerdo de lo que dejaron los tratos con el FMI son malos. Pero el peor se remite a la crisis de 2001.

El organismo  había apoyado el plan de convertibilidad un peso igual a un dólar del peronista neoliberal Carlos Menem (1989-99), que finalmente hizo agua en el periodo del conservador Fernando de la Rúa y desató la peor crisis de la historia del país en medio de la cual el gobernante renunció y huyó en helicóptero.

 Su sucesor, Adolfo Rodríguez Saá, que duró apenas una semana, declaró el default.

Desde el regreso de la democracia en 1983, Argentina ha tenido 11 planes con el FMI.

Pero la relación fue suspendida en 2006, cuando el entonces presidente Néstor Kirchner, cuyo jefe de Gabinete era Fernández, canceló 9.600 millones de dólares que aún se adeudaban al FMI. El organismo dejó entonces de realizar sus visitas periódicas y sus informes sobre el estado de la economía.

“Eran los tiempos del boom de las materias primas”, explicó el exdirectivo del organismo de crédito  Claudio Loser. 

Recientemente, Cristina Kirchner dijo que el Fondo debería otorgar “una quita sustancial” al considerar que concedió el préstamo en medio de una fuga de capitales, “violando las obligaciones” del propio organismo.

Gerry Rice, vocero del FMI, se defendió  en Washington al asegurar que “no hubo una violación de las reglas”.

Argentina tiene una deuda total de 311.251 millones de dólares (91,6% del PIB), según cifras del Ministerio de Economía al cierre de septiembre de 2019.  En 2015, cuando asumió Macri, la deuda pública era de 240.665 millones de dólares (52,6% del PIB).

Argentina y el FMI anunciaron el  sábado que avanzan en la negociación de un nuevo acuerdo por la deuda del país sudamericano, tras un encuentro entre la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, y el ministro de Economía, Martín Guzmán, en Arabia Saudita.

 

Negociación actual

  • Obligación Al FMI Argentina le debe actualmente  44.000 millones de dólares. A dos meses de haber asumido, el presidente Alberto Fernández (centro-izquierda) dijo que así como está, la deuda es impagable y reclama al FMI y a los bonistas renegociar los plazos, el capital y los intereses.
  •  Reacción La deuda de Argentina “no es sostenible” y el país requiere que los acreedores privados contribuyan a hacerla sustentable, dijo  el FMI el miércoles.
  •  Meta El Gobierno argentino aspira a concluir el proceso de renegociación de la deuda externa a finales de marzo, un plazo considerado  ambicioso para los analistas.

 

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