Bolivianos en el extranjero, lejos de la familia, aislados y en riesgo

En Italia, España, EEUU, Ecuador o Argentina, compatriotas viven la pandemia con temor y añoranza por su tierra. En Bérgamo hay 11 paisanos con el virus.
domingo, 22 de marzo de 2020 · 00:22

María Mena M./ Cochabamba

El mayor deseo de Alejandra es regresar de Italia a Bolivia, pero el Covid-19 la frena. Está en cuarentena, como los 60 millones de habitantes de ese país europeo, por lo que pasa sus días sola o cuidando a una anciana de 91 años en Bérgamo. Ese es el trabajo  que realiza la mayor parte de  la comunidad boliviana en Italia. Hasta el viernes allí se reportaron 11 compatriotas internados por el virus, cuatro de ellos en terapia intensiva. 

Alejandra Orellana migró a ese país del viejo continente en busca de mejor futuro, como miles de compatriotas. Lo que en un principio debía ser una corta estadía, se extendió por más de 15 años. Tenía planeado regresar a Cochabamba en febrero pasado, pero sus planes fueron postergados debido a la pandemia que pone al mundo entero en alerta sanitaria. En obediencia a    la cuarentena, se encuentra aislada y con la nostalgia de reencontrarse con su familia.

“Estamos afrontando las medidas encerrados en casa. Hay mucho control de la Policía”, asegura. Como muchos migrantes en Europa,  Alejandra trabajó limpiando  casas, cuidando de niños y ancianos. Desde hace seis años cuida de una mujer de la tercera edad que está delicada de salud; pese a ello agradece  tener un empleo y  compañía.

Ella es una de los 15.700 bolivianos y bolivianas -de acuerdo con datos de la ONU- que viven en Italia. La mayoría radica  en Bérgamo, al norte de ese país, región donde se registró el mayor brote del Covid-19.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística de Bolivia (censo 2012), 489.559  bolivianos migraron a otros países como Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos y España, principalmente. Se estima que en los últimos años la cifra  se duplicó y que incluso supera los dos millones de migrantes, si se toma en cuenta a sus hijos nacidos en el exterior.

Similares al caso de Alejandra hay miles en el mundo. Página Siete se contactó con migrantes en Italia, España, Ecuador y Estados Unidos, países donde se activaron  medidas drásticas -como la cuarentena- para frenar la expansión del Covid-19.

Relataron sus experiencias del  encierro en  cuarentena; los motivos de su partida y las preocupaciones por sus familiares y amigos en Bolivia, un país con un sistema de salud con limitaciones.

La vida en un país en cuarentena

Italia está en cuarentena y sus habitantes viven con muchas restricciones. “Puedes salir a hacer compras a  supermercados y  farmacias, pero necesitas llenar un certificado declarando tus motivos;  si das una falsa declaración te pueden llevar a la cárcel o imponerte multas económicas  muy altas”, relata Alejandra.

Hasta hace un mes el foco de atención estaba en el epicentro del Covid-19, en Hubei, provincia de China. Actualmente, el panorama ha cambiado  y las miradas del mundo están puestas en Italia, donde el número de muertos supera los 3.000.

Para Alejandra, las medidas sanitarias impuestas por la república italiana no  son suficientes y, pese al conocimiento de la mortalidad de esta enfermedad, muchas personas no cumplen con las normas de la cuarentena, poniendo en riesgo a otros.

“Me siento enojada con mucha gente que no le dio la importancia necesaria a este virus y que aun viendo lo que pasa en el mundo sigue saliendo a las calles”, lamenta.

Prosigue: “Es bastante preocupante y angustiante. Creo que es normal que los bolivianos que vivamos acá nos sintamos así”. 

La comunicación con sus familiares y amigos es la de siempre, pero ahora las conversaciones giran en torno al coronavirus. Les aconseja sobre las medidas sanitarias y preventivas que deben asumir en su diario vivir para   no contagiarse. “Escuché decir que el boliviano es inmune, que no le  pasará nada. Pero no es así. No pueden esperar a que haya muertos”, enfatiza.

Con la experiencia de Italia, que  subió exponencialmente los casos positivos, tiene la esperanza de que los bolivianos aprendan, que obedezcan las restricciones y  adopten hábitos de limpieza.

“Pese a las restricciones la gente seguía saliendo a las calles. Especialmente los jóvenes  no las tomaban en serio. Los primeros días las medidas no eran drásticas, nos decían que no entremos en pánico, pero cuando el virus creció la manera exponencial, recién lo tomaron en serio. Por eso les aconsejo a que no esperen”, destaca Alejandra.

Cuando se le  pregunta si desea regresar a Cochabamba, no puede contener sus emociones.

“Si  respondo con el corazón, obviamente quisiera regresar. Toda mi familia está allá, en Cochabamba. Tenía pensado ir en febrero, pero por esto (el coronavirus) decidí quedarme. No hay que pensar con el corazón, hay que ser responsables. Los casos de Bolivia llegaron de acá”.

Mientras la emergencia sanitaria continúe en Italia, Alejandra será obediente con las normas y permanecerá encerrada añorando a los suyos.

Un paciente  es evacuado a un hospital  en Italia.

 “Tuve que reducir la comunicación”

“Cuanto más información les das, es para que se preocupen más;  por eso es que tuve que reducir la comunicación con mi familia en Bolivia”, cuenta Adolfo Garnica. 

Él es un cochabambino que se encuentra con su familia  en el País Vasco, en el norte de España.

Desea regresar a Bolivia junto con su familia, pero las fronteras están cerradas. Tiene  esperanza en que pronto se levanten las restricciones y que con ello  la rutina y la calma retornen a su vida.

En el País Vasco también están en cuarentena. Allí hubo más de 80 muertos y la situación es igual de “crítica” que en las demás regiones europeas.

“Todo está cerrado y hay muchas limitaciones. Una sola persona -por familia- puede  salir de compras  al supermercado o a la farmacia. Estamos encerrados en casa, sin salir, para cuidarnos”, afirma Adolfo.

Las restricciones son casi similares en toda España. Se suspendieron las clases, los negocios están cerrados y está prohibida la circulación durante todo el día y la noche. Toda la ciudad está militarizada.

Durante las compras, ya sea al supermercado o a la farmacia, se  debe guardar una distancia  de uno a dos metros entre cada  persona. Ese espacio es  para protegerse del virus. 

“No pensé que iba a vivir para ver esto. Pero así es la realidad lejos de Bolivia”, lamenta Adolfo.

Sin embargo, pese a las medidas, asegura que “mucha gente aún no asumió conciencia de la magnitud de la pandemia, y que mientras no le llegue a un familiar, estas personas no lo tomarán en serio”.

“Es mi cumpleaños y creo que tengo coronavirus”
 

La cochabambina Roxana Cardozo cumplió años el pasado 18 de marzo encerrada en su departamento en Madrid, España. Tiene un  dolor de cabeza desde hace siete días y está segura de que es portadora del Covid-19. No se hizo la prueba ni acudió al hospital. Está confiada en que sanará y que la cuarentena servirá para  que no contagie a nadie.

A diferencia de otros cumpleaños, no tuvo una torta ni recibió la visita de amigos o familiares. La cuarentena los tiene aislados y temerosos de enfermarse.

“De seguro que tengo el coronavirus. Me duele la cabeza desde hace siete días, pero nada más. Así que no salgo a contagiar. En los hospitales, si los síntomas son leves ya no hacen la prueba y los mandan a casa a hacer cuarentena”, dice Roxana.

Desinfección  de un bus en Burgos, España, para prevenir el  coronavirus.
 Foto: AFP

Sin embargo, pese a su estado de salud, se siente tranquila y aliviada porque tiene provisiones para su pequeña familia, su esposo y su suegra de 85 años. “No salgo ni por pan, mucho menos a trabajar. Es mejor cuidarse y quedarse en casa”, recomienda.

Cuenta que en España el Gobierno aplicó “drásticas” medidas y que todas las instituciones y empresas -a excepción de los hospitales, farmacias y supermercados- están cerrados ocasionando que muchas personas pierdan su empleo.

Asemeja el centro de Madrid a una “ciudad fantasma”, muy similar a las películas de zombis o pandemias que dejan desoladas  naciones enteras.

Todo el tiempo está expectante de las noticias, pero lo que más le impacta es el trabajo que realizan los médicos y enfermeras; los policías, bomberos y militares. “El personal sanitario trabaja siete días a la semana y algunos duermen en sus garajes para no infectar a sus familias”, cuenta.

Sobre la posibilidad de que contagie a los suyos, Roxana explica que con su esposo Fernando, por precaución, convive  a una distancia de dos metros. Su más grande temor no es contagiar a su esposo, sino a su suegra que es la más vulnerable.

Hasta el  19 de marzo, la cifra de muertos en España superó los 741 y los 14.678 infectados. En un solo día hubo 184 muertos, un 54% más.  La noticia más alentadora para el mundo es que China, por primera vez,  no identificó un nuevo contagio desde que se expandió la pandemia.
 

 Un mundo   en cuarentena

  • Cementerios  Por el número de muertos en  Italia,  los cementerios están abiertos  24 horas. Habilitaron las iglesias  para acoger los ataúdes.
  • FFAA  Los militares van a los cementerios a recoger los cuerpos porque en los camposantos ya no hay espacio para los cadáveres. Se los llevan fuera de la ciudad.
  • Negocios  El  norte de Quito, Ecuador, era una zona caracterizada por el movimiento económico que generan bares, restaurantes y otros negocios de diversión, pero por la cuarentena cerraron.
  • Estados Unidos  El país del norte cerró parcialmente sus fronteras por la cantidad de contagios y muertes. 

“No es por mí, es por los ancianos”

Por sus estudios, Liliana Rocha vive en Ecuador hace unos cinco meses. Ese país  también está en cuarentena para frenar la propagación del coronavirus, pero la “inconciencia” de muchas personas las lleva a no cumplir las normas sanitarias.

Ese no es el caso de Liliana. “Estoy en aislamiento. No es por mí, es por las personas de la tercera edad que son las que corren más riesgo. Por conciencia y  respeto a ellos,  decidí entrar en cuarentena”, afirma con convicción.

Ganó una beca para una maestría en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Antes de que  Ecuador asuma la cuarentena, se abasteció de alimentos y cambió su rutina diaria. 

No asiste a clases presenciales, sino virtuales, como todos sus compañeros; sólo va al supermercado, a la farmacia o al hospital si fuese necesario. Lee con más frecuencia,  y la comunicación con sus amigos y familiares de Bolivia es más continua.

En similar situación está Carlos Santibáñez, un joven boliviano, también becario en la Flacso. Pese a las medidas, se siente bien y tranquilo. Para su cuidado personal usa barbijo, alcohol en gel, un lavado permanente de manos y acude a su codo si necesita estornudar o toser. Pero, sobre todo, evita caer en el  pánico y el sensacionalismo.

“Vine a estudiar. Por el momento, no quisiera regresar. No me siento en situación de peligro”, asegura Carlos.

Ambos, como parte de su beca, reciben un estipendio que cubre todos sus gastos y necesidades. Pero en el caso de Carlos, la crisis  mermó su economía, por lo que se vio en la necesidad de recibir apoyo  de su familia en Bolivia.

En Estados Unidos, donde también habitan bolivianos, aún no decretaron cuarentena, pero las medidas sanitarias y la afectación al aparato productivo y económico es cada vez más visible.

Vladimir  es un cochabambino que reside en Virginia hace 15 años. Está al tanto de la mortalidad del virus, pero debe seguir trabajando y estar en permanente contacto con otras personas, porque vive del día a  día.

 

 

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