Un boliviano en Italia: Estamos a tiempo de cambiar y parar el virus

“Lo que debemos hacer requerirá que aprendamos a cambiar nuestras costumbres. Tenemos el tiempo a favor”, sostiene el ingeniero radicado en Bérgamo.
domingo, 22 de marzo de 2020 · 00:04

 Diego Rojas Arancibia  / Italia

Es ya casi año y medio que vivo y trabajo en Italia. Tuve la fortuna de ser contratado por una empresa que se ubica en Lombardía, y digo fortuna porque esta región es el motor económico de Italia. Con una población de 10 millones (similar a Bolivia) y un PIB de más de 400 millones de dólares, en Lombardía no se veían indigentes en las calles y en el trabajo (al contratarme) me aseguraron que el sistema de salud era el mejor de toda Europa. Me sentía seguro y afortunado, pues estaba viviendo en la octava economía del mundo y en la región más próspera de este país. 

Desde ese momento la vida en Mantova (mi ciudad) siempre transcurrió tranquila. Recuerdo que hace un mes cuando se comenzaba a escuchar del coronavirus, mis compañeros de trabajo se burlaban de las pocas personas que decidían usar barbijo y los llamaban “stronzi” o estúpidos en español. De hecho, el primer contagiado de Covid-19 en Italia vive a cinco kilómetros de mi residencia, pero aún así la vida seguía siendo normal.

De repente todo cambió y las medidas se fueron radicalizando casi cada día. Primero cerraron los bares, luego los cines. Paulatinamente los restaurantes y cualquier actividad comercial que no fuese esencial, fue obligada a suspender sus operaciones. 

Nuestra región fue la primera en entrar en cuarentena en toda Italia y tomando en cuenta esta “agilidad” por tomar medidas drásticas, sumada al ya mencionado excelente sistema médico, nos quedamos tranquilos simulando una vacación. De hecho, si bien el Gobierno dijo que las medidas serían hasta el 3 de abril, en el trabajo nos enviaron a casa sólo por una semana, pensando que luego todo se solucionaría. 

Pero son ya dos semanas que estoy en casa y a este punto, sinceramente no sabemos cuándo   vaya a terminar esto. Sólo este jueves  (19 de marzo) se registraron más de 200 muertos en Lombardía y el viernes pasamos a ser el país con mayor número de muertos por el virus del mundo. Además, tan sólo hace un par de días, el primer ministro Conte indicaba que a pesar de estos números el pico de contagios todavía no se alcanzó y llamó a la población a la calma y solidaridad, pues  las siguientes dos semanas serán decisivas en esta lucha.

La tercera economía de Europa y todo comenzó con un par de contagios, como en Bolivia hoy. Entonces, ¿qué podría evitar que con una economía mucho más débil que la italiana y un sistema médico mucho más precario como es el nuestro, Bolivia pueda sufrir el mismo destino? Estos dos factores no tienen por qué hacernos perder las esperanzas y  nos deben llevar a una profunda reflexión que culmine con un accionar concreto  por parte de cada boliviano. En juego está nuestro futuro y la vida de nuestros padres y abuelos. 

Quiero creer en primer lugar que  tenemos el tiempo a favor, pues Italia declaró cuarentena el 8 de marzo con ya más de 7.000 infectados y 1.500 muertos. En Bolivia ya se tomaron medidas similares y hay  ahora sólo 16 casos. 

Segundo, lo que debemos hacer no es difícil pero si requerirá compromiso, requerirá que aprendamos a cambiar nuestras costumbres no por dos semanas o un mes, pero probablemente por medio año o hasta 18 meses (que es lo que estima un estudio de la Universidad de Cambridge, podría demorar la globalización de una vacuna). 

¿Por qué en Italia de repente se dispararon los casos de contagios? Por su cultura. La mala noticia es que su cultura es muy similar a la nuestra pero la buena es que nosotros comenzamos a tomar medidas antes que ellos. 

El italiano al igual que el boliviano es muy familiar y, aunque viva solo, visita al menos tres veces a la semana a sus padres, abuelos,  etc. Los italianos se saludan con apretones de mano y besos en las mejillas, algo que es normal para  los bolivianos, pero poco común a nivel global. 

Análisis  del  The Washington Post  publicado el 14 de marzo.

Esta cultura de familia, combinada con la fiesta, los juntes con amigos y el comer afuera generaron la oportunidad perfecta de contagio. En un país con el segundo porcentaje más alto de personas adultas del mundo, este contagio generó  mayor mortalidad, pues el virus es más peligroso para  mayores de 68 años (el 98% de los fallecidos en Italia están por encima de esta edad). 

Entonces la misión es clara: debemos reformular nuestras costumbres y salir menos. Ninguna medida acatada por el Gobierno, por más extrema que parezca, tal vez llegue a ser suficiente; pero si nosotros cambiamos nuestro diario vivir, tal vez  sea más que suficiente.

Esto nos permitirá salvar la vida de nuestros seres queridos. Todas estas medidas y el #Social Distancing,  como lo han llamado en Estados Unidos,   permitirá a nuestro país ganar tiempo y evitar que los casos de contagio crezcan desmedidamente ante un sistema médico incapaz de atenderlos. 

Como la Presidenta alemana y el Primer Ministro británico dijeron: eventualmente se espera que hasta el 60 o 70% de la población llegue a contraer el virus. Pero es mucho más fácil atender a este 60%, si se contagia durante un periodo de dos años que en el lapso de un mes.

En las  gráficas publicadas por The Washington Post se puede observar la diferencia que puede hacer  la cuarentena y el cambio de costumbres en una población de 200 personas. Es fácil entender por qué no queremos ni podemos en Bolivia lidiar con toda esa marea de personas en el área naranja en los siguientes meses.

Entonces debemos poner de nuestra parte desde ya. Pero debemos también tener en claro que no será el final de la batalla, que habiendo aplanado la famosa “curva” de contagio, habremos salvado vidas (que es nuestra prioridad), pero inevitablemente habremos dañado nuestra economía y vendrán tiempos difíciles. 

Las calles de Mantova  están vacías.

Luego del mes de inmovilidad económica de octubre 2019, sumado a los efectos de este aislamiento tanto para empresas privadas como del Estado y a la caída global del precio de minerales y del gas (de los cuales nuestra economía depende en gran medida) seguirán meses duros y tendremos una vez más como bolivianos que levantarnos, dar pelea y volver a surgir. 

Lo haremos, claro que podremos, pero debemos saber a lo que nos enfrentaremos. La posible recesión económica no será culpa de este Gobierno  ni del que venga; será una consecuencia de la decisión de poner la vida del boliviano y su salud por encima de cualquier otro medidor. Es una decisión acertada y ahora nos toca en primer lugar, hacer que valga la pena.

Diego Rojas Arancibia es ingeniero de Proyectos en Piusi Spa.

 

  
 

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