El Covid-19 y Suecia: un modelo criticado

La sociedad en general está paralizada, pero todos pueden seguir trabajando de sus casas, no están cerradas las escuelas porque los padres están trabajando en la sanidad, los supermercados, correos, tráfico.
domingo, 5 de abril de 2020 · 09:43

Carlos Decker-Molina / Especial para Página Siete*

La estrategia sueca para enfrentar la pandemia provoca criticas externas e internas, llegando a extremos curiosos como la actitud de preclaros liberales pidiendo medidas autoritarias.

Criticas del exterior

Le Monde: “El cuadro que se da en el reinado … (de Suecia) es la de vikingos invencibles”

France Info se extraña que: “Se ha pedido a los mayores de 70 que no salgan de casa”.

La República de Italia: “Suecia rema contra la corriente de una manera irresponsable. El modelo nórdico comete un peligroso error”.

El Financial Times dice: “Suecia y su experimento único”

The Guardian informa así: “Suecia juega la ruleta rusa con sus ciudadanos”

Le Temps de Suiza escribe: “En Suecia la vida sigue como siempre”

El China Daily señala “Inesperada diferencia cultural”

Al -Jazeera se sorprende porque: “El gimnasio está abierto como siempre”

Críticas internas

Uno de los diarios más críticos es el Dagens Nyheter, liberal independiente. Pero la crítica se centra al poco protagonismo de los políticos que han sido reemplazados por los expertos. Algunos de los cronistas quieren una Suecia afrancesada.

Fokus, una revista del mismo signo político, coloca en su portada la fotografía de Anders Tegnell y el título dice: “Cambio de gobierno”, aludiendo a la dirección del Jefe de la Autoridad Nacional de Salud Pública que ha eclipsado a los políticos.  

Tegnell no es un burócrata puesto por simpatías, es el epidemiólogo del país con una trayectoria nacional e internacional muy extensa, trabajó en la OMS y fue uno de los expertos que luchó contra el ébola en Kongo-Kinshasa, junto a otros dos suecos más, uno de ellos profesor de Instituto de Epidemias Infectocontagiosas.

Este sueco y su equipo de expertos permanentes está jugando una partida de ajedrez con la muerte y, por supuesto, todos tienen alguna opinión.

Quien mejor para explicar el “modelo sueco” que un historiador. El diario conservador Svenska Dagbladet entrevistó sobre el tema a Larts Trägårdh.

Lo primero que sostiene el historiador es que hay una tradición muy enraizada que tiene que ver la estructura social del Estado. Afirma que en Suecia hay un profundo respeto a las instituciones públicas, mucho más que en otros países, pero, corrige no es un respeto ciego se trata de confianza mutua.

Por eso bastan las recomendaciones. “Usen sus cerebros. Quédense en casa, asuman su propia responsabilidad”. La “responsabilidad ciudadana” en Suecia es una de las más grandes del mundo.

La otra referencia que hace el historiador es la inexistencia de “ministerstyre”, en buen castellano sería, el ministerio no tiene timón. La tradición es de los 1600, cuando Axel Oxentierna fundó el aparato del Estado. Ello implica que Suecia esta dirigida por expertos de instituciones que funcionan alrededor de los ministerios en una sinergia con el gobierno que es le provee de leyes y regulaciones.

Oxentierna consideró que el país en tiempos de crisis grave debe ser dirigido por expertos de las instituciones afines a los ministerios y no por los políticos.

El historiador Trägårdh dice. “En otros países en similares circunstancias, los políticos tienen la gran oportunidad de mostrarse duros y fuertes, líderes que saben conducir a sus pueblos, sobre todo si las elecciones están cerca. Llegan al populismo con mucha facilidad”

La tercera razón es el la confianza mutua y la seguridad personal. La protección y seguridad sueca produce burlas en el exterior. Muy pocos conducen bicicletas sin cascos, nadie olvida ponerse el cinturón de seguridad cuando se aborda un auto. “Nadie escupe a la cara para mostrar su valentía”. Por supuesto que hay excepciones, “hay quienes no se comportan como dice el libreto, pero son los menos”.

La sociedad en general está paralizada, pero todos pueden seguir trabajando de sus casas, no están cerradas las escuelas porque los padres están trabajando en la sanidad, los supermercados, correos, tráfico, etcétera. “Si se cierran las escuelas, se cierra parte de las otras estructuras”. El cierre de colegios y universidad implica seguir estudiando online. No es ninguna vacación. Están cerradas muchas fábricas, algunas ya han declarado la quiebra, no se ve gente en la calle, sino la que trabaja.

Suecia procura un balance entre la salud y la economía

Cuando el Svenska Dagbladet pregunta al historiador sobre la reacción del mundo exterior, que califica de “irresponsabilidad que puede llegar a hacer detonar una virus-bomba”, contesta: “No lo sabemos, no podemos decir si lo estamos haciendo bien o mal, la experiencia nos lo dirá, pero es nuestra manera de actuar, lo hemos hecho siempre”.

Trägårdh recuerda que Suecia produce admiración, pero también envidia.

¿Qué es Suecia?

No es ninguna potencia y tampoco lo pretende, es un país pequeño (447.430 Km2) y de pocos habitantes (10.230.185) altamente industrializado, bastante sano (la media de vida es 83 años)

En Suecia se lee mucho, con Chequia y Rusia comparten el primer lugar de los países europeos que más leen. Pero es enfermo de seguridad, porque asegura a su población desde el nacimiento hasta la muerte, todo financiado a través de impuestos progresivos. Esta forma de administración ha sido considerada un modelo que, sin embargo, fue modificado por los “mercadistas” que gobernaron ocho años consecutivos en este nuevo siglo.

Y, entre otras cosas socavaron los cimientos financieros de los sindicatos que hoy no dan abasto inscribiendo nuevos socios que quieren gozar los subsidios por paro.

A pesar de sus modificaciones neoliberales, no pudieron destruir todo el aparato de seguridad de social porque los suecos de un modo general no quieren perderlo, quizá modificarlo de acuerdo con las circunstancias. Hay administradores privados, pero los capitales son del estado (impuestos). Hoy se pagan 20 euros por consulta, pero cuando se llega a los 100 euros la atención médica es gratuita y ello vale tanto para diagnosticar una apendicitis como por un trasplante de corazón. 

El seguro social privado existe, pero ni los reyes lo tienen porque el servicio público ofrece alta calidad. Un ejemplo: el nacimiento de la princesa Victoria fue en el Hospital Carolino de Estocolmo, un hospital público.

Una explicación necesaria

La palabra Lagom es otra de las pautas del modelo, nada a los extremos, al medio está lo correcto, no es una traducción de literal sino conceptual. El Lagom sueco se aplica hasta en el fútbol. No hay un Zlatan sin los otros 10, mañana la estrella desaparece, pero el equipo sigue con vida.

La confianza ciudadana sobre sus instituciones es la más grande del mundo. Aquí juega un rol la prensa y en Suecia es muy libre de ataduras tanto políticas como empresariales. De un modo general está arropada de una gran credibilidad, porque es la que pregunta, debate e investiga lo que hacen los expertos, hombres de ciencia y políticos. Es la que duda de los expertos.

El Covid-19

La BBC-Mundo escribía: “Los locales de comida en Suecia continúan recibiendo clientes”. Sin embargo, la mayoría están cerrados de mutuo propio y los abiertos aplican el distanciamiento social, mesas para dos. Dos metros de distancia una mesa de la otra.

Los buses siguen circulando, llevando a quienes trabajan en la salud, con los ancianos, en la escuela y en otros servicios afines, pero, los vehículos no van llenos, van espaciados y para llevar a todos al trabajo o a la casa; han multiplicado los viajes para evitar aglomeraciones. Para defender al chofer los viajeros suben por la puerta de atrás.

Los inmigrantes

Suecia tenía emisiones radiales en varias lenguas de los inmigrantes (fui uno de los jefes de redacción), esas emisiones han pasado a internet, pero hay información a través de las alcaldías de barrio y las autoridades de salubridad y trabajo.

Hay indicios que algunos focos infecciosos se han dado en los suburbios. Es una población que huye de dictaduras por lo que tienen reflejos condicionados por esa tradición.   

Hace una semana el primer ministro Stefan Löfven se paró frente a las pantallas y habló seis minutos: “Debemos hacerlo todos junto, si no fracasaremos. Se trata de mi responsabilidad como gobernante pero también de la tuya como ciudadano”.

La ministra de Salud, por su parte, dijo a la prensa: “La estrategia del Gobierno sueco es inhibir la propagación de virus, proteger a los grupos vulnerables y no sobrecargar el sistema de salud, pero al mismo tiempo el gobierno quiere reducir las consecuencias económicas y proteger a nuestras industrias con diferentes paquetes de estímulo del ministerio de finanzas”.

Suecia tiene una extraordinaria red de contactos científicos, de hecho, participan en varias tareas internacionales en búsqueda de una vacuna, pero, a la hora de aplicar lo que dice un experto coreano y un experto sueco, le dan más credibilidad a este último porque ser experto no es sólo saber el resultado de las probetas, sino conocer el cuerpo social donde van a hacer las curaciones. El comportamiento sueco es único al que los extranjeros adherimos si no queremos caer en la categoría de aislados.

Suecia nunca fue capitalista salvaje y tampoco socialista a la rusa, Suecia es Lagom capitalista y Lagom socialista, con un gran respeto por los derechos humanos y las libertades individuales. No ha cerrado los ojos ante el avance de la digitalización y la cibernética de la que son actores principales.

El ministro de Digitalización dijo que para continuar la lucha contra el Covid-19 podrán disponer de la información de la big-data, pero despersonalizada, no como en China que la tienen incorporada como control político.

Finalmente, los datos del 4 de abril a las 16:00 (día y hora de este texto) son los siguientes:

Casos con Covid-19: 6.078

Personas en sanidad intensiva: 469

Muertos: 333

Hay un crecimiento en el número de contagiados que los expertos en salud pública lo esperaban, pero hace unas horas en la conferencia de prensa diaria dijeron que posiblemente en una semana se llegará al pico más alto porque lo que lanzaron un par de prohibiciones. No ir de visita a centros de ancianos donde han aparecido algunos contagiados. Evitar aglomeraciones y seguir conservado la distancia de uno a dos metros. En estos días se hará prueba al personal hospitalario y de sanidad porque se han dado algunos casos de contagio.

Mientras tanto sigo el ejemplo de los suecos, mi responsabilidad ciudadana no es solo conmigo y mi familia, sino con la sociedad, me impone obedecer las prohibiciones como el quedarse en casa desde donde escribo estas líneas deseando lo mejor a mis compatriotas bolivianos que no tienen los medios del país desde donde escribo, pero, con fuerza de voluntad y disciplina se pueden vencer al Covid-19. 

¡Suerte!

* Carlos Decker-Molina es periodista boliviano y radica en Suecia.

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