La guerra entre EEUU y China en medio de la pandemia

Ciertas tendencias impedirán lo que ahora es particularmente necesario: que las dos superpotencias colaboren reconociendo los muchos intereses que comparten y tolerando sus profundas diferencias
martes, 12 de mayo de 2020 · 14:57

Carlos Decker-Molina *

Martin Wolff es uno de los analistas más respetados de Estados Unidos y lamenta en el Financial Times que la pandemia esté teniendo lugar cuando las dos grandes potencias del mundo, China y EEUU demuestran enormes carencias.

Wolff escribe: “Ser un superpoder no solo tiene que ver con la fuerza bruta, sino con ser considerado un líder competente y decente”. Hasta ese fragmento de la crónica, pareciera que Wolff se está refiriendo a Donald Trump, pero veamos la parte siguiente: “Tras sus victorias en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, EEUU fue ese tipo de líder. A pesar de su creciente fuerza económica, China no lo es”.

Lo que hay que averiguar es quién ahonda la divergencia y evita que esos dos poderes mundiales se pongan de acuerdo, como lo hicieron en su tiempo Roosevelt, Churchill y Stalin en Yalta, a pesar de sus profundas diferencias ideológicas.

La trama larvada contra China es una evidencia abierta con la llegada de Trump a la Casa Blanca, la pandemia y las elecciones en EEUU han provocado su ahondamiento peligrosamente.

EEUU

Konflikt, de Radio Suecia, produjo un largo programa sobre el tema que tratamos. Entre otros entrevistó a Jeremy Alters del estudio de abogados Berman Law Group de Florida, que quiere llevar a China a los tribunales por haber provocado la muerte de miles de personas, aunque su decisión más bien es por las lágrimas de su hijo que no pudo jugar un torneo de básquetbol debido a la cuarentena.

El periodista sueco le informa que su país ha perdido muchos ancianos porque el virus se introdujo a esos sitios donde se suponía que iban a haber resguardos: “En Suecia se pide responsabilidad a los políticos y no a la China”.

Esta es la divergencia fundamental, probablemente, entre EEUU y el resto del mundo. Lo que hace Trump es usar la “enemistad” con China para no discutir las carencias de su sociedad o las malas políticas que tienen su origen en la oficina oval de la casa de gobierno y sus profundos desacuerdos con los gobernadores demócratas.

El presidente estadounidense asumió el mando de  Estados Unidos para “volver a ser grandes”. Apuntó su artillería verbal y comercial contra China, es decir su aversión por el gigante es pública. Con la pandemia y su campaña electoral, la antipatía, se convierte en hostilidad.

El nuevo paquete anti-chino contiene las siguientes acusaciones:

- El origen del virus está en China. Ocultó tres semanas vitales.

- El virus es un producto de laboratorio. “más muertes que Pearl Harbor y que el 11S”, dice Trump.

- Su ministro de Exteriores, Mike Pompeo, acusa públicamente a China de haber ocultado la información de que el virus es producto de laboratorio.

- Tanto Trump como su ministro Pompeo acusan a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de ser un instrumento de la China. Y amenazan con quitarle la cuota anual (la mayor de todas)

- Trump y sus adláteres, entre los que figuran canales de televisión, comentaristas de radio y evangélicos, acusan al contrincante político a la presidencia, Joe Biden, a quien llaman "Beijing Biden", de ser un sirviente de los chinos.

Volvemos a la crónica del Financial Times. “Hoy, EEUU está perdiendo la reputación de ser una nación competente, ya maltrecha por una larga lista de guerras absurdas y la crisis financiera de 2007-09”

Martin Wolff rescata a la Reserva Federal como lo más efectivo del Estado, aunque se pregunta “¿Quién sabe lo que pasará con una segunda presidencia de Trump?”.

Lamentablemente, Wolff no está lejos de la verdad, personalmente pienso que Donald Trump volverá a ganar las elecciones de noviembre porque tiene un ejército de “bárbaros civilizados” que lo siguen porque se reconocen en él.

Incluso los demócratas tienen temores, por eso también usan el chiché anti-chino. Muchos spots de la televisión de los demócratas están dirigidos contra China, en esta carrera de locura no quieren quedarse atrás.

No llegan a las cotas racistas de los republicanos que, según Björn af Kleen del diario más importante de Suecia (Dagens Nyheter), han publicado un corto publicitario donde se ve a Joe Biden con Gary Locke, que tiene rasgos asiáticos, y ha sido gobernador y ministro de comercio de Barak Obama. La voz en off dice: “China elimina nuestros trabajos, roba nuestra tecnología y pone en peligro la salud de los estadounidenses”.

Si volvemos la mirada a las últimas páginas de Peste, la novela de Albert Camus, nos encontramos con un fragmento que calza como guante. “Es una idea que puede hacer reír, pero la única manera de luchar contra la peste es la honestidad”

Y la honestidad surge de donde menos se piensa, la CIA. Richard Grenell, director del organismo, sostiene en un comunicado que el coronavirus “no es artificial ni genéticamente modificado”, en consonancia con el primer informe escrito por la OMS.

El anuncio de la CIA coincide con la publicación del New York Times, que asegura que funcionarios de alto rango de la administración Trump presionan a la agencia de espionaje en busca de pruebas que apoyen la teoría de que el virus fue creado en un laboratorio en Wuhan.

China

Desde 2002, el semanario Der Spiegel ha dado un giro neoliberal, dicen sus críticos; sin embargo, sigue siendo un referente periodístico. Ese medio, con información del servicio de inteligencia alemán (BND), sostiene que el presidente de China,, Xi Jinping llamó al Tedros Adhanom de la OMS para pedirle unos días de respiro antes de dar a publicidad la vigencia de la pandemia.

Tanto la OMS como la ONU niegan la acusación. “Esas informaciones falsas distraen y ponen dificultades al trabajo de la OMS para terminar con la pandemia de la Covid-19”

Otra vez viene en mi auxilio Albert Camus: “Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nuca será otra cosa que mala” Esta es la principal carencia de toda dictadura, y China no es la excepción.

Trump es más que maquiavélico; un ser intelectualmente contrahecho, sin empatía; su paquete anti-chino tiene a la OMS (un organismo de la ONU, multilateral, que sirve a moros y cristianos como Unicef o como la OIT), como una pieza de la teatralización, lo que hace más fácil aceptar el paquete anti-chino por países, sobre todo de la periferia, que no quieren enemistarse con USA.

Puede ser que la OMS haya cometido errores, estas instituciones multilaterales suelen ser sometidas a inspecciones y si hay dudas, que se proceda a una investigación internacional luego de la pandemia, por lo menos es la opinión de un funcionario de la salud de Suecia que trabajó en el organismo.

China, al no tener transparencia, sin querer queriendo le hace juego a Trump. Una cosa es el desmentido oficial de la cúpula china y otras es la falta de información libre de ataduras político-ideológicas.

La defensa oficial china pasa por varios filtros y ello le quita el sustrato de veracidad, si la tiene. La duda sobre el sistema informativo dictatorial lleva agua al molino de Trump.

Lo interesante es analizar la parte científica, China comienza a tener mayor credibilidad y ello se debe a sus investigadores, algunos de ellos retornados de EEUU.

El 11 de enero, el profesor Jeremy Ferrar, en Londres, escribió un tuit reproducido por la prensa inglesa e internacional: “Fundamental para la salud global. Debemos celebrar y agradecer a todos los involucrados en Wuhan. Se debe reconocer y agradecer”.

Ferrer es jefe del Fondo británico de investigación Wellcome Trust. Su agradecimiento tiene su origen en el estudio chino que se hizo público para conocimiento de todos los científicos del mundo (ver virological.org) sobre el mapeo del código genético del nuevo coronavirus. El autor es el profesor Yong Zhen-Zhang, de la Universidad de Shanghái.

En una entrevista con el DN de Estocolmo, dice: “Hemos encontrado más de 2.000 nuevos virus que provienen de animales. Hemos logrado un sistema para descubrir los virus. Nunca ha habido tantos y variados virus, lo que no sabemos es cuándo aparecen en el cuerpo humano. Lo que estamos haciendo es descubrirlos, identificarlos y describir su estructura, ello permitirá combatirlos y producir anticuerpos o vacunas”.

Con no poco orgullo señala: “Hemos hecho lo que podíamos hacer como investigadores, para favorecer a la salud mundial”.

El código genético de Covif-19 descubierto por Yong Zhen-Zhang comenzó a analizarse en todos los laboratorios del mundo.

Al margen de lo que diga y piense Trump científicos de las universidades de New York, Carolina del Norte y la de Edimburgo en Escocia han publicado estudios que suman a otros 100 que han sido publicados por la OMS.

El esfuerzo científico global es vital para encontrar la vacuna, pues, el mapeo genético de Zhen-Zhang es el primer paso, no importa el nombre del país donde está el laboratorio.

Vuelvo a Wolff con el que comenzamos esta crónica, termina la suya diciendo:

“La crisis del coronavirus puede acelerar ciertas tendencias, como el auge chino y el relativo declive estadounidense. Eso impedirá lo que ahora es particularmente necesario: que las dos superpotencias colaboren reconociendo los muchos intereses que comparten y tolerando sus profundas diferencias”.  

Mientras Trump esté en el poder, lo escrito por Wolff es una expresión de deseos.

La Unión Europea tendría que llenar el vacío de liderazgo multilateral, pero… es también otra expresión de deseos.

Lo que no se puede aceptar es el chantaje: “Si no estás conmigo estás con mi enemigo”.

* El autor es periodista boliviano que radica en Suecia.

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