Covid-19, espionaje y nuevas alianzas

Las agencias de inteligencia se mueven en las sombras para detectar quién compra qué y dónde, además de fisgonear las redes de laboratorios para “adelantarse” al proceso de la vacuna o de otros descubrimientos.
lunes, 4 de mayo de 2020 · 14:58

Carlos Decker-Molina, especial para Página Siete *

Era el mes de febrero, entrada la tarde llegó a la fiesta y, como buen director del Mossad, Yossi Cohen, lanzó una mirada panorámica mientras atrapaba un vaso de vino. Lo ubicó, se fue sorteando gente conocida y de la otra. Se paró frente a él, se trataba de un funcionario de la jerarquía del hospital Sheba, se enfrascaron en una charla muy importante.

Lo que hablaron no se ha registrado, pero, por los resultados, se supone que fue el inicio de la convergencia entre servicios secretos y la salud pública israelita.

La operación secreta que se inició en un cóctel cambio la geopolítica y nacieron nuevas alianzas. El mundo ingresaba en la era de la pandemia Covid-19 con las policías secretas activadas.

La Mossad se puso en contacto con Estados con los que se podría entrar en acuerdos para abastecerse de insumos y de aparatos como respiradores. En esos casos los viejos aliados no sirven porque “están en lo mismo, algunas dictaduras son más permeables”.

El New York Times fue el diario que informó del encuentro, fue reproducido por otros medios como el programa Konflikt de Radio Suecia, que me ha dado autorización para citarlos.

El hospital Sheba fue fundado en 1948 y es el centro de salud más importante de Israel, en 2019 el Ranking de Newsweek lo colocó entre los diez mejores del mundo.

SÄPO es la agencia de inteligencia de Suecia, hace unas semanas advirtió públicamente que el país está en peligro no solo por la pandemia sino por el espionaje cibernético que aprovecha el actual trabajo a distancia “que ha debilitado las plataformas”. Hay algunos países u organizaciones privadas que intentan interferir y espiar sitios de seguridad y defensa, pero también webs académicos y de investigación científica.

Las agencias de inteligencia comenzaron a trabajar en dos sentidos. El espionaje y contraespionaje y las interferencias en el “libre mercado”.

Los controles fronterizos impuestos por varios países de la UE para intentar contener la pandemia están obstaculizando la libre circulación de productos esenciales como equipamiento médico. Suecia tuvo que esperar semanas para recibir unas partidas importantes de equipos de protección individual. Muchos países han impuesto restricciones a la importación de material médico sobre todo aquellos que producen respiradores.  En algunos casos esos materiales que estaban de paso han sido decomisados.

El comisario de mercado interno de la UE, Thierry Breton, ha enviado una carta a los ministros de Industria de la UE para evitar el “proteccionismo”.

El fenómeno no es sólo entre los países ricos, los nuevos tentáculos del egoísmo han llegado a otras latitudes.

Un cargamento de respiradores que había sido encargado a una empresa china por los estados más pobres de Brasil fue retenido en Miami. Se suspendió la operación comercial dejando al Brasil sin el suministro. El ministro Mandetta sugirió que se podrían enviar aviones de la Fuerza Aérea a buscar los cargamentos. Brasil ha decidido hace un recorrido aéreo muy especial para evitar la piratería de guante blanco. Usan aeropuertos de Etiopía para evitar nuevas retenciones.

No sólo se controla el comercio, pues, en esta carrera contra el tiempo hay una desesperación por ser los primeros en encontrar pruebas de inmunidad que pueden dar un respiro a la sociedad mundial mientras se espera la vacuna.

Las agencias de inteligencia se mueven en las sombras para detectar quién compra qué y dónde, además de fisgonear las redes de laboratorios para “adelantarse” al proceso de la vacuna o de otros descubrimientos.

Flavio Aggio, director de seguridad de la OMS, confirmó el pasado 25 de marzo de las centenas de veces que se ha intentado penetrar en sus archivos. Desde la pandemia se han multiplicado las tentativas de espionaje cibernético. “Se están rompiendo los códigos mundiales de ética”, dijo un funcionario de la seguridad de la agencia europea. 

Suecia

Los sitios más importantes en ciencias y tecnología que tiene Suecia son varios, pero sobresalen dos: El emblemático Hospital e Instituto Karolinska (disciernen los premios nobel de medicina) y la KTH (El colegio real de alta tecnología), justo en este último están a punto de oficializar una prueba segura para medir el grado inmunológico que deja el contagio con el Covid-19.

Sophia Hober, profesora en biotecnología molecular, dijo al vespertino Expressen que están muy adelantados en el trabajo para “medir los anticuerpos que es superior a las pruebas que se están usando en otros países”. La primera semana de mayo se realizarán 500 pruebas con el personal de la Hospital de Dandery (filial del Karolinska).

Ya han probado con 100 personas con muy buenos resultados. Sophia Hober dice que el grupo de investigadores de KTH ha usado más de 60 fracciones del virus, para acercarse al éxito. “El número de resultados positivos, por persona, garantizan la seguridad”. La prueba sueca se basa en un análisis de sangre que es más seguro que “el palito en la nariz o la garganta”.

Para llegar a los resultados, aún parciales, Sophia Hober y su equipo tiene la ayuda de un robot que es el encargado de las mezclas. Entre las materias que necesitan está “una proteína” para efectos de laboratorio. La KTH compraba de una empresa China, pero al no recibir nuevas entregas, se decidió fabricar su propia “proteína”.

Las pruebas que se están usando en algunos países están creando “falsas seguridades” dijo en conferencia de prensa Anders Tegnell, la figura principal de la vanguardia sueca en esta especie de guerra contra el virus.

¿Cooperación o competencia? 

David Da-i Ho, americano-taiwanés, es uno de los científicos que logró la medicina que frenó la propagación del sida gracias al intercambio internacional de conocimiento. Ahora lidera un grupo de investigadores financiados por Jack Ma (Alibaba, la empresa de alta tecnología china) para encontrar una vacuna contra el Covid-19, pero tienen un problema, y es la política de Donald Trump de cara a la China.

Desde la presidencia,Trump se ha dedicado a desprestigiar y eliminar a China no solo de los espacios económicos, sino de los científicos. Los ha acusado abiertamente de “ladrones de know-how”. Probablemente China tiene sus espías como los estadounidenses los suyos. El cambio del concepto “cooperación” por “competencia”, ha eliminado los proyectos comunes de las dos potencias en el campo de la ciencia, quedan algunos en Berkley, pero han nacido los temores de uno y otro lado originando un nuevo posicionamiento mundial.

China abrió sus canales de cooperación con algunos países abandonados por USA y UE, como Serbia o el mismo Brasil que, se suponía que tenía una alianza muy fuerte con Trump.

Antes de la pandemia los científicos buscaban cotejar o investigar con otros investigadores de diferentes nacionalidades. “Era un ir y venir de la ciencia”. Gracias a la cooperación entre universidades y centros de investigación del mundo se lograron por ejemplo los avances para frenar el sida.

El vicepresidente de EEUU, Mike Pence, indicó que un tratamiento contra el coronavirus podría estar disponible para mediados del 2020 y llegaría a los pacientes a principios de 2021.

La doctora Chen Wei, reconocida por su trabajo sobre los virus SARS y el Ébola, es la directora del programa chino. En un video de Global Times dijo: “Los resultados iniciales demuestran que la vacuna produce los efectos deseados”.

La Agencia Europea de Medicina (AEM) afirmó que “podría pasar al menos un año antes de que una vacuna contra el coronavirus esté lista para su aprobación y de que haya cantidades suficientes que permitan un uso extendido”.

Suecia todavía sigue siendo el país abierto, según Matti Sällberg. En un área muy grande trabajan 400 científicos de todo el mundo en la búsqueda de una vacuna. Sällberg es uno de los ejecutivos del proyecto, le dice al periodista de Konflikt: “Ser el primero no implica automáticamente ser el mejor”

Sällberg sostiene que la vacuna debe usarse primero dónde más se necesita y no donde radican los acomodados y miedosos. “Puedo pasar por naif, pero pienso que la distribución debe hacer a través de la OMS para evitar un uso ‘nacionalista’. Y, recuerda el intento de Donald Trump por ‘comprar el trabajo de un laboratorio de Alemania’. Es cosa de Trump, porque así no funciona el mundo”.

El atraso, en algunos casos, se debe a cierto tipo de suministros, por ejemplo de ratones de laboratorio, que tienen genes humanos modificados en los que se hacen pruebas y que son procreados/cultivados en EEUU. Estos no responden a los pedidos porque están atochados o simplemente porque quieren dar prioridad a sus laboratorios.

Y… ¿los países pobres?

Países medianos como Brasil, Argentina, o Colombia, que tienen buenas infraestructuras, luchan contra la competencia desleal en la búsqueda de insumos para sus investigaciones, respiradores, mascarillas y otros adminículos sanitarios.

Según Lotten Collin, corresponsal de Radio Suecia en América latina, Colombia está comenzando a construir sus propios respiradores adaptando viejos aparatos. Lo están haciendo en talleres industriales de las FFAA y están dispuestos a pasar los diseños del proyecto a otros países de la zona para no depender de los grandes.

Debajo de los tres países citados están naciones como Chile (con gran parte su sociedad privatizada) Perú, Ecuador, Bolivia están en último lugar y con seguridad serán los más afectados en esta lucha de espacios comerciales y científicos.  

Lo mismo pasa con los intentos de la vacuna, Brasil es el más importante debido a que tiene una infraestructura industrial bioquímica y tiene un trabajo importante en el campo de la vacuna. A Argentina la pasa más o menos lo mismo en el campo de las pruebas inmunológicas.

Los temores

Si China descubre la vacuna se supone que la usará primero en su propio país y luego comerciará o cederá a sus aliados más cercanos, los terceros de la cola será los países abandonados por EEUU y la UE (probablemente en este sector surjan algunos de América Latina que están comprometidos económicamente con Pekín), o con los que ya tienen un cierto acercamiento de otra índole como Italia que, gracias a Mateo Salvini, tienen compromisos comerciales y financieros. Los cuartos de la cola serán los parias de la nueva geopolítica.

Si EEUU logra la vacuna antes que la China, el inquilino de la Casa Blanca se arrogará todos los triunfos y obrará lo mismo que la China, es decir primero su país y luego sus aliados, “siempre que paguen primero”.

La OMS está debilitada por la campaña de Trump, pero la arremetida contra los organismos multilaterales viene de antes. Bolton, que fue embajador de EEUU en la ONU cuando gobernaba Bush (el hijo), tenía la intención de “terminar con estos organismos que solo sacan dinero de EEUU”.

Si la UE quiere volver a jugar un rol, debiera asumir el rol de líder de la multilateralidad. Pero … una cosa es la realidad y otra la expresión de deseos.

El Covid-19 ha cambiado la correlación de fuerzas, la geopolítica y las alianzas y ha dado un impulso a un nuevo tipo de espionaje.  

* El autor es periodista boliviano que radica en Suecia.

 

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