Voluntarios libaneses recuperan Beirut con sus palas y escobas

Cientos de personas con escobas, guantes y palas tratan de limpiar de vidrios rotos y escombros las calles. No hay presencia visible del Gobierno en Beirut.
viernes, 7 de agosto de 2020 · 00:04

AFP y EFE / Beirut, Libano

Decenas de personas siguen desaparecidas en Beirut tras las explosiones que causaron al menos 137 muertos y 5.000 heridos en la devastada capital libanesa, donde el presidente francés Emmanuel Macron pidió este jueves al Gobierno “reformas indispensables” y un “nuevo pacto político para evitar el hundimiento” del país.

Las explosiones, provocadas según las autoridades por un incendio en un depósito del puerto donde se guardaban desde hace años 2.700 toneladas de nitrato de amonio, también dejaron unas 300 mil personas sin casa, mientras continúa la búsqueda de decenas de personas. 

Barrios enteros quedaron destruidos, en un país ya hundido en una crisis económica y social sin precedentes y donde más de la mitad de los habitantes ya vivían en la pobreza.

Los habitantes de la capital libanesa han decidido no esperar por las autoridades en las que no creen y han tomado palas y escobas para recuperar su ciudad. 

Gente de todo el país ha ido llegando a la capital para arrimar el hombro: algunos limpiando y otros ayudando a quienes han perdido su vivienda. Cientos de personas con escobas, guantes y palas trataban hoy de limpiar vidrios rotos y escombros de las calles.

“Vinimos a limpiar nuestras calles porque sabemos que nuestro gobierno no lo hará”, dijo a EFE Tina Maria Haidar. “Estaba ayer en Beirut y sé lo difícil que está siendo la situación así que estoy aquí para ayudar”, agregó.

En las calles no se observan funcionarios públicos y no hay presencia visible del Gobierno en los trabajos de limpieza de las áreas cercanas al puerto. Sí se ve una importante presencia militar, después de que el miércoles el Gabinete de Gobierno declarara una emergencia de 15 días en la capital libanesa y la administración del Ejército en la zona para mantener el orden público.

“Líbano no está solo”, tuiteó Macron a su llegada al aeropuerto de Beirut, donde fue recibido por el presidente libanés Michel Aoun. Más tarde dijo a la prensa que Francia quiere “reformas indispensables para el país”. “Si estas reformas no se hacen Líbano continuará hundiéndose”.

Macron, el primer jefe de Estado que visita Líbano tras las explosiones, se dirigió primero al puerto y luego al barrio de Gemmayze, devastado por la tragedia y donde enfrentó a una multitud enojada con la clase política, que apenas ha cambiado desde el final de la guerra civil (1975-1990), y a la que acusa de corrupción y negligencia.

“El pueblo quiere que caiga el régimen”, coreaban los habitantes. El Presidente francés, con una mascarilla, respondió que iba a proponer un nuevo pacto político  y pedir a sus interlocutores, entre ellos principales responsables libaneses, “cambiar el sistema, terminar con las división y luchar contra la corrupción”.

“Ayúdanos, eres nuestra única esperanza”, gritó un simpatizante cuando Macron se detuvo para encontrarse con los residentes, mientras los vecinos aplaudían desde los apartamentos, con las ventanas rotas y los balcones desmoronados.

El Presidente francés prometió a los presentes que volvería el 1 de septiembre a Líbano. “Les voy a proponer un nuevo pacto político esta tarde   y volveré el 1 de septiembre y si no saben cumplir, asumiré mis responsabilidades con ustedes”. Igualmente, garantizó que la ayuda no caería “en manos de la corrupción”.

“¿Estado?, ¿qué Estado?”. Los libaneses, solidarios, pero furiosos

En la zona de bares de Beirut, cientos de jóvenes libaneses, escoba en mano, barren los escombros tras las explosiones que devastaron a la ciudad, sin esperar una operación de limpieza del Estado, que consideran inepto.

“¿Qué Estado?” protesta Melissa Fadlalá, una voluntaria movilizada en la calle Mar Mikhaël, famosa por sus bares y restaurantes, no muy lejos del puerto de la capital libanesa.

Muchos edificios están hoy a punto de caerse, los escombros y ladrillos se precipitan a las calles aquí y allá una y otra vez, pero aún los ingenieros del Gobierno no han comenzado a revisar las condiciones de las edificaciones.

El riesgo para la gente que sigue viviendo en bloques afectados de manera leve o severa por la detonación está presente.

Otros ni siquiera han tenido la opción de dudar si quedarse en sus viviendas ante la situación en que han quedado los edificios. Según la Gobernación de Beirut entre 200 mil y 250 mil personas han perdido su casa por la detonación.

Los daños son ingentes en la capital libanesa y hay cálculos que sitúan las pérdidas entre los 3.000 y 3.500 millones de dólares.

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