La jueza Bader Ginsburg, una pionera que luchó por la igualdad de género

Quien fue la segunda mujer en obtener un asiento en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, peleó durante gran parte de su carrera contra un sistema que parecía perpetuar la discriminación de género.
domingo, 20 de septiembre de 2020 · 00:04

EFE  / Washington

La jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos   Ruth Bader Ginsburg (1933 -2020) falleció este viernes a los 87 años, convertida en adalid del feminismo y en un ícono de la cultura pop con millones de fans que la homenajean por haber esculpido una doctrina legal que permitió hacer avances clave hacia la igualdad de género.

Cuando en 1956 Ginsburg comenzó a estudiar derecho en la Universidad de Harvard, sólo otras ocho mujeres compartían pupitre con 500 hombres y, en la profesión jurídica, la representación femenina se limitaba al 3%, recuerda en su biografía My Own Words (Mis propias palabras).

Ginsburg se adentró en un mundo reservado para los hombres y se topó con muchas dificultades. Se mudó a Nueva York en 1958 y, cuando ese mismo año se graduó como primera de su promoción, ningún bufete de abogados la contrató por el mero hecho de ser mujer.

Se concentró en el mundo académico y comenzó a dar clases en la Universidad de Columbia para unos años más tarde, en 1972, ser una de las fundadoras del Proyecto de Mujeres de la Unión para las Libertades Civiles en América (ACLU, en inglés), cuyo objetivo era cambiar las leyes para garantizar la igualdad efectiva entre hombres y mujeres.

La estrategia de Ginsburg era usar los fallos contra la segregación racial para mostrar que la jurisprudencia ya establecía que todas las personas deben tener los mismos derechos bajo la ley, un principio recogido en la Constitución de Estados Unidos pero que entonces no se aplicaba a las mujeres.

En vez de apostar por un cambio radical, Ginsburg fue cosechando pequeñas victorias que creaban un precedente jurídico y sobre las que se basaba para, paso a paso, desmontar el sistema que permitía la discriminación.

Además, Ginsburg llegó a entender que parte de su misión era “educar” a la mayoría de hombres blancos que ocupaban el Tribunal Supremo y que creían que no había ningún error en su visión del mundo.

“En esos días, me veía a mí misma como una profesora de infantes porque los jueces no creían que la discriminación de género existiera”, recordaba sonriente en un documental sobre su vida estrenado en 2018.

Fue en 1975 cuando Ginsburg hizo ver a los magistrados que la discriminación de género era un problema de fondo que perjudicaba por igual a hombres y mujeres. Lo hizo a partir del caso de Stephen Wiesenfeld, un hombre al que el Gobierno negó una ayuda económica de viudedad porque estaba reservada para mujeres.

Ginsburg consiguió que los jueces fallaran unánimemente a su favor y, poco después, el Tribunal Supremo accedió a revisar si, durante siglos, había actuado con un sesgo machista.

En total, Ginsburg argumentó seis casos frente al Supremo entre 1973 y 1976, de los que ganó cinco; mientras que el Proyecto de Mujeres de ACLU participó en 300 denuncias en sólo dos años, entre 1972 y 1974.

“Azote” progresista

  La lucha por la igualdad de Ginsburg adquirió una nueva dimensión en 1980, cuando dejó la abogacía para vestir la toga de jueza y pasar a la corte de apelaciones de la capital de Estados Unidos, donde se labró fama de moderada y cautelosa y desde donde dio el salto al Tribunal Supremo en 1993 gracias al nombramiento del presidente Bill Clinton.

Fue la segunda mujer en llegar a la máxima instancia judicial de Estados Unidos después de Sandra Day O’Connor, por la que Ginsburg profesaba una gran admiración pese a  representar polos opuestos a nivel ideológico.

Al principio, Ginsburg se ubicaba en el centro-izquierda del espectro político. Pero, a medida que la Corte Suprema se volvió más conservadora, comenzó encarnar visiones más progresistas y tomó la costumbre de exponer sus argumentos en un escrito que publicaba como voto particular, como cada vez que disentía con la mayoría de magistrados.

Poco a poco, sus vehementes opiniones se volvieron más coloridas y comenzaron a llamar la atención de los más jóvenes, especialmente después de que en 2013 la magistrada se opusiera a acabar con parte de una ley que garantizaba el derecho al voto de los afroamericanos y había sido aprobada en 1965.

El cáncer

Un  cáncer de colon que superó en 1999  fue sólo el principio de su batalla contra esta enfermedad. En 2009 superó otro cáncer de páncreas, en 2018 tuvieron que extirparle unos nódulos malignos de su pulmón izquierdo y, en el verano de 2019, reapareció en el páncreas ese mal, aunque en ese momento parecía haberlo vencido.

Este año, sin embargo, la jueza tuvo que hacer frente de nuevo al cáncer de páncreas que ha acabado por costarle la vida.

El cáncer también le arrebató al amor de su vida,  Martin, al que conoció cuando ambos estudiaban en la Universidad Cornell en Nueva York. “Él era el único joven con el que salí al que le importaba que tuviera un cerebro”, repitió en varias ocasiones.

Ginsburg es considerada como una heroína por buena parte de Estados Unidos, pero, a cambio, se convirtió en el blanco de odios de la derecha radical, que se burlaba de su edad y le pedía dejara su cargo vitalicio en el Tribunal Supremo.

Ante la pregunta de cuándo pensaba jubilarse, la jueza siempre respondía de manera similar: “Seguiré haciendo este trabajo mientras pueda hacerlo, y cuando no pueda, ese será el momento en el que me retiraré”.

Trump anunciará próxima semana su nominado al Supremo

El presidente de Estados Unidos  Donald Trump  afirmó ayer que espera nominar la próxima semana a su candidato para ocupar la vacante dejada por  Ginsburg en el Tribunal Supremo, y que seguramente será una mujer.

“Puedo ver que lo más probable es que sea una mujer. Si alguien me preguntara ahora, diría que una mujer en primer lugar. La elección de una mujer diría que sería ciertamente apropiado”,  apuntó Trump a los periodistas en la Casa Blanca.

Preguntado sobre el momento en que presentará a su nominado al Supremo, el Presidente respondió: “Creo que la elección será la próxima semana”.

Trump también fue cuestionado por el hecho de que vaya a presentar un nominado al Supremo antes de las elecciones , cuando los republicanos bloquearon que el expresidente Barak Obama lo hiciera en 2016 antes de los comicios.

“Eso es consecuencia de perder unas elecciones”, señaló Trump.

Horas antes el mandatario había instado en Twitter a los republicanos a cubrir “sin demora” la vacante dejada en el Tribunal Supremo por Bader Ginsburg, que falleció el viernes a los 87 años.
 

 

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