El mundo supera el umbral del millón de muertes por el nuevo coronavirus

Hay oficialmente 1.000.009 decesos, mientras que la OMS advierte que las muertes podrían duplicarse y alcanzar los dos millones si no se mantienen medidas. América Latina es la región más afectada.
lunes, 28 de septiembre de 2020 · 00:04

AFP  / París

 La pandemia de Covid-19, originada a finales de 2019 en China y que se expandió por todo el mundo, ya superó  el umbral del millón de muertes, según un recuento de la AFP establecido a partir de fuentes oficiales. En total, se confirmaron oficialmente 1.000.009 decesos en el mundo, de un total de 33.018.877 casos detectados, mientras que 22.640.048 personas sanaron, según las autoridades. 

 Las drásticas medidas adoptadas por muchos países no han logrado por el momento frenar la pandemia, que está provocando desastrosas consecuencias económicas y ha atizado las divisiones políticas. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió el viernes que las muertes por Covid-19 podrían duplicarse y alcanzar los dos millones si no se mantienen medidas para evitar la propagación del virus. 

Las regiones más afectadas en número de decesos son América Latina y el Caribe (341.032 decesos, de 9.190.683 casos), Europa (229.945; 5.273.943) y EEUU y Canadá (214.031; 7.258.663). 

La peor pesadilla

El mundo tiene grabadas en sus retinas las imágenes de fosas comunes en Brasil, una morgue improvisada en el Palacio de Hielo de Madrid y camiones frigoríficos con cadáveres en las calles de Nueva York. 

Más allá de la frialdad de las cifras, la consecuencia más devastadora es el vacío dejado por quienes murieron, ya que muchos duelos tuvieron que hacerse sin que los familiares pudiesen acompañar a la víctima en el tramo final de la enfermedad, o siquiera despedirse de ella una vez muerta, a raíz de las medidas sanitarias. 

“Ni en mis peores pesadillas me imaginé que me iba a pasar esto”, dice Mónica, de 45 años, cuando recuerda que tuvo que certificar con su firma que el cuerpo que estaba por cremarse era el de su padre, Oscar Farías, que sucumbió en Buenos Aires el 27 de abril a los 81 años, sin haber visto siquiera el ataúd. 

El 11 de enero China registró oficialmente el primer muerto por el Sars-CoV-2, virus responsable de la Covid-19, que se propagó en un principio rápidamente en la provincia de Wuhan, donde fue detectado en diciembre. En un mes, China registró más de 1.000 muertos, un balance más grave que el que dejó el SRAS, que circuló en Asia en 2002-2003 y fue fatal para 774 personas.

 A partir de febrero, el virus comenzó a provocar muertes fuera de China y su aceleración fue exponencial, primero en Europa, que ve llegar ahora una segunda ola, y luego en el continente americano, donde las cifras de casos y decesos se mantienen altas desde junio. La respuesta gubernamental fue drástica en la inmensa mayoría de los casos. 

A  mediados de abril, cerca del 60% de la población mundial, unos 4.500 millones de personas, llegó a verse afectada por algún tipo de confinamiento. Las consecuencias económicas de este encierro, inédito en la historia, llegaron a todos los rincones del planeta. 

Comercios cerrados, calles desiertas, aeropuertos vacíos, penuria de abastecimiento en mercados: el mundo no había vivido algo parecido. En junio, el Fondo Monetario Internacional calculaba que el PIB iba a contraerse un 4,9% en 2020. 

En un año, el sector aéreo ha perdido el 92% de su volumen de vuelos. Los grandes eventos deportivos fueron interrumpidos, y los Juegos Olímpicos de Tokio aplazados hasta 2021, sin tener la certeza absoluta de que se puedan celebrar.

Patrick Vogt, un doctor de Mulhouse, Francia, que se convirtió en el principal foco en ese país en marzo, recuerda el terrible momento en que se dio cuenta de que el coronavirus estaba por todas partes. Otros médicos comenzaron a enfermar, algunos murieron. No se trataba solo de una gripe, como habían creído, sino de una “enfermedad mortífera”. 

En Asia, donde se registraban menos de 100 muertos por día hasta mediados de abril, el alza es continua desde entonces, principalmente por la situación en India. A nivel mundial, la curva se encuentra en una “meseta” desde principios de junio, con unos 5.000 muertos diarios según cifras oficiales. 

Para Franklin Américo Rivera, un fotoperiodista salvadoreño de 52 años, y su familia la pesadilla comenzó el 22 de junio con una faringoamigdalitis y, poco después, una infección urinaria.  

“No podemos describir ese gran vacío”, dice su hermana Geraldina Juárez. “No podía caminar mucho, así que pasaba el día en su silla, que había colocado en el patio”, y una noche la escasez de ambulancias, una tormenta y la saturación del sistema de emergencia se encargaron del resto.

Más allá de las cifras,   ausencias

 Una silla desocupada, una guitarra en silencio, una foto. Estos objetos cotidianos hablan de la vida y del vacío que dejaron aquellos que partieron por la pandemia de Covid-19, que ha dejado un millón de muertos en el mundo. 

Sobre la cama de Hugo siguen intactos un cobertor estampado con balones de fútbol y la funda bordada de la almohada con la frase “Pienso en ti” junto a un pájaro turquesa.  Un crucifijo cuelga de la pared de ladrillos. Allí vivía con él y su madre, su hermana, su cuñado y sus sobrinos Hugo López Camacho, un camillero del Hospital 20 de Noviembre de Ciudad de México. Murió de Covid-19 con 44 años en ese centro de salud . Hugo se cuidaba mucho y además no fumaba ni bebía.

 

 

 


   

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