Menem, vendedor de ilusiones que marcó la década de 1990

Su política económica y monetaria fueron un espejismo. Gozó de su cargo durante más de 10 años y logró arriar las banderas y torres más altas del peronismo.
lunes, 15 de febrero de 2021 · 05:04

Alberto Amato  / Buenos Aires

Fue el presidente con mayor poder de la democracia recuperada. Y de antes también. Estuvo al frente del gobierno durante diez años, cinco meses y dos días. Esa década lleva su nombre, es la década menemista, la que dio vuelta la política en  Argentina, la que habilitó la aplicación de una política diametralmente opuesta a la que se hubiera esperado de un mandatario peronista.

El menemismo no fue sólo la década de gobierno de Carlos Menem, quien murió este domingo a los 90 años, sino los años en los que gran parte de la sociedad aceptó, toleró y celebró las andanzas de su Presidente, que se había puesto al frente de un país derruido por el segundo gran golpe de mercado de su historia (el primero fue en 1975).

No hubiera existido el menemismo sin el apoyo de la sociedad que lo votó ganador en tres ocasiones, deslumbrada  por el optimismo del candidato que prometía un salariazo, una revolución productiva y juraba no defraudar a sus votantes.

Menem fue un gran vendedor de ilusiones. Apostó a la renovación peronista que proclamaba la democratización del PJ, fue a internas, derrotó en 1989 al líder de aquella renovación, Antonio Cafiero, y regresó a las prácticas peronistas. más conocidas y de mayor rédito. En su dramático discurso de inauguración, el 9 de julio de ese año, fue perentorio: “Argentina, levántate y anda”, exclamó como un deseo consumado y en líneas escritas, o sugeridas, por la pluma de Gustavo Beliz. También proclamó que la corrupción sería un delito de lesa patria. Beliz se fue del gobierno pocos meses después de asumir como ministro del Interior con una frase lapidaria: “Estoy rodeado de corruptos”. 

La década menemista fue pródiga en corrupción, varios de sus funcionarios fueron a juicio. El propio Menem sufrió varios procesos penales ya como expresidente: en los más graves, terminó absuelto.

Menem ató el destino del país al  achicamiento del Estado, privatización de las empresas públicas, desregulación de la economía. La convertibilidad instaurada por Domingo Cavallo, un dólar igual a diez mil australes, creó una nueva moneda, el peso convertible: un peso, un dólar. Se frenó así la emisión de moneda para financiar al Estado, se aplacó la indomable inflación sin detenerla del todo.

Sentó a vedettes en su regazo, manejó una Ferrari endiablada en la ruta a Pinamar, jugó al fútbol, al básquet, al golf; recibió a Lady Di, estrechó las manos de los Rolling Stones, hizo sentar en su sillón presidencial a Nelson Mandela, prestó la Casa de Gobierno para que Alan Parker filmara la Evita que soñaron Andrew Lloyd Weber y Tim Rice.

 

Gozó  del poder

  • Neoliberal Tal vez convencido por su propia habilidad para crear ilusiones, Menem gozó del poder. Logró, con éxito y sin pagar un alto costo, arriar las banderas y torres más altas del peronismo. Cuando ya era un candidato lanzado a la conquista de la presidencia  mostró apenas su inclinación a las políticas neoliberales en boga en el continente.
  • Desarrollo La otra ilusión que Menem forjó, y la sociedad compró de buen grado, fue la de la reinserción de Argentina en el primer mundo. Menem abandonó el Movimiento de Países No Alineados, que Perón ensalzaba, y se alió a Estados Unidos, política que impulsó su canciller Guido Di Tella con George Bush.

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