Jair Bolsonaro cumple 66 años, criticado por su negacionismo

Su desdén hacia la emergencia sanitaria ha derivado en que hayan llegado al Parlamento al menos unos 70 pedidos de juicio político para destituirlo.
lunes, 22 de marzo de 2021 · 05:04

EFE y AFP /  Brasilia

El presidente de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, cumplió ayer 66 años de edad presionado por su gestión negacionista de la pandemia del coronavirus, que sigue sin freno en prácticamente todo el país.

Ayer,  grupos de seguidores se movilizaron en redes sociales para felicitarle personalmente a la entrada del Palacio de la Alvorada, su residencia oficial en Brasilia.

El jefe de Estado, que está en el poder desde enero de 2019, afronta la segunda mitad de su mandato con la crisis sanitaria de la Covid-19 desatada y un escenario económico plagado de incertidumbres, con el desempleo en niveles récord cercanos al 14 % y el déficit fiscal y la deuda pública disparados.

Pero es el manejo de la pandemia, que deja ya en el país cerca de 12 millones de infectados y más de 290 mil  fallecidos, con un promedio de 2.000 muertes al día y hospitales colapsados, el asunto más cuestionado y por el que cada vez es más presionado, incluso por algunos sectores de centro y derecha.

Desde el inicio, Bolsonaro viene minimizando la gravedad de la Covid-19, que calificó de “gripecita”; desconfía de la efectividad de las mascarillas; defiende medicamentos sin eficacia comprobada contra la enfermedad, como la cloroquina; y apuesta por volver a la normalidad porque “la economía no puede parar”.

  Aunque más recientemente ha adoptado un tono pragmático bajo presión por la aceleración de la pandemia, que se ha cobrado unas 294 mil  vidas en el país, cifra sólo superada por Estados Unidos. 

Eso incluye su aparición ayer con mascarilla, antes una rareza, para saludar a los partidarios que le deseaban un feliz cumpleaños frente al palacio presidencial en Brasilia.  

Sin embargo, en la multitud eran muchos los que no tenían máscara, y Bolsonaro renovó en un discurso improvisado su oposición a las recomendaciones de quedarse en casa y cierres parciales, impuestos por alcaldes y gobernadores preocupados por el posible colapso del sistema de salud. “Están buscando pelea”, dijo Bolsonaro a sus partidarios, que le obsequiaron un pastel. 

“Si alguien piensa que vamos a renunciar a nuestra libertad, está equivocado. Algunos tiranos están tratando de restringir tu libertad. Pero puedes estar seguro, nuestro Ejército es verde oliva, y ustedes también” dijo.  “Pueden contar con nuestras Fuerzas Armadas para la libertad y para la democracia”, añadió.  


Esta semana, el líder ultraderechista, que ha cambiado tres veces al ministro de Salud en menos de un año -dos de ellas por divergencias en la conducción de la pandemia-, dio un paso más allá y llevó su campaña contra las medidas de distanciamiento social a los tribunales.

A través de la Abogacía General de la Unión, Bolsonaro demandó a la Corte Suprema limitar el poder de gobernadores y alcaldes a la hora de imponer restricciones a la movilidad para contener el alto número de contagios.

Ese desdén hacia la grave emergencia sanitaria, entre otros temas controvertidos, como su política medioambiental, ha desembocado en que hayan llegado a la Cámara de Diputados unos 70 pedidos de apertura para un juicio político con fines de destitución.

¿Bolsonaro versus Lula?

En el horizonte, las elecciones de 2022, a las que pretende presentarse para su reelección y que podrían derivar en un duelo entre él y el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien recuperó sus derechos políticos después de que un juez del Supremo anulase las condenas que pesaban en su contra por presunta corrupción.

Aunque su popularidad ha caído cerca de diez puntos en los últimos tres meses, el capitán retirado del Ejército aún conserva el apoyo de un tercio del electorado.

Sin embargo, algunos sondeos ya dan como favorito a Lula, que si bien aún no ha confirmado que se presentará, sí ha reconocido que está dispuesto a luchar por volver al poder, si el Partido de los Trabajadores (PT), que él lidera y fundó en 1980, así lo decide.

 

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