El golpe y los 100 días que llevaron el caos a Birmania

En la madrugada del 1 de febrero, los generales derrocaron al gobierno de Aung San Suu Kyi, poniendo fin abruptamente a un paréntesis democrático de 10 años.
martes, 11 de mayo de 2021 · 05:04

AFP /  Rangún

A punto de cumplirse 100 días desde el golpe de Estado militar, Birmania sigue sumida en el caos, con un levantamiento popular reprimido a sangre y fuego, una economía paralizada por una huelga general e intensos combates entre el Ejército y las facciones rebeldes.

“Es una guerra civil (...) El Ejército perdió toda la confianza de la población”, resume el analista Khin Zaw Win.

En la madrugada del 1 de febrero, los generales birmanos derrocaron al gobierno de Aung San Suu Kyi, poniendo fin de forma abrupta a un paréntesis democrático de 10 años.

Hoy se cumplen 100 días desde el golpe de Estado, un periodo durante el cual la junta cercó judicialmente a la Premio Nobel de la Paz de 1991.

Bajo arresto domiciliario en la capital, Naipyidó, la exdirigente, de 75 años, es objeto de varias acusaciones sin que se le permita reunirse con sus abogados. Uno de ellos dijo ayer que comparecería por primera vez en persona ante el tribunal el 24 de mayo.

Mientras tanto, se mantiene al margen de la agitación y la violencia del país.

Las protestas están lideradas por una juventud sedienta de libertad y adepta de las redes sociales y de las nuevas tecnologías.

Y miles de huelguistas siguen bloqueando gran parte del país: bancos, hospitales, puertos y administraciones.

Casi 800 muertos

Al menos 780 civiles murieron en los últimos tres meses, según la Asociación de Ayuda a los Presos Políticos (AAPP).

El Ejército dice que son muchos menos y responsabiliza de la violencia a los “alborotadores” que cometen “actos de terrorismo”.

Los arrestos van en aumento, tanto de día como de noche.

Más de 3.800 personas están detenidas, muchas de ellas en lugares mantenidos en secreto, según la AAPP, que denuncia violencia contra las mujeres, ejecuciones extrajudiciales y torturas como en el caso del poeta Khet Thi, detenido el sábado y muerto bajo custodia 24 horas después.

“La gente vive con miedo y está desesperada (...) algunos piensan en suicidarse”, comenta la monja Ann Rose Nu Twang.

Pese a la violencia, la movilización continúa. “Queremos estar del lado correcto de la historia”, afirma un disidente.

Para mantener la presión sobre la junta evitando al máximo las represalias, organizan manifestaciones relámpago, con menos gente, una táctica que está dando resultado,  ya que la represión se ha atenuado en los últimos días.

La resistencia también se organiza políticamente. Miles de opositores se han refugiado en territorios controlados por facciones rebeldes, en el norte y el este del país, y diputados depuestos, que se han pasado a la clandestinidad, han formado “un gobierno de unión nacional”.
 

 

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