Accidente del metro en México ahonda desigualdad en la capital

Antes de la construcción de la línea dorada, los habitantes de la zona suroriental que iban al centro debían realizar un trayecto de al menos tres horas.
viernes, 7 de mayo de 2021 · 05:04

EFE  /  Ciudad de México

La tragedia del metro de la polémica línea 12 de la Ciudad de México daba conexión entre el centro de la capital y varias de las zonas más pobladas y humildes de la periferia. Ahora, con su suspensión, de nuevo muchos vecinos se sienten “marginados”, dijeron ayer.

“(La línea 12) nos comunicó con ellos, nos acercó a la ciudad, nos sentimos ya defeños, chilangos (como se conoce a los capitalinos)”, detalló Carlos Martínez, un hombre de 58 años que lleva “toda la vida viviendo” en la zona donde ocurrió el siniestro que se llevó hasta el momento la vida de 25 personas y otras 40 permanecen hospitalizadas.

La estructura sobre la que rodaba el metro de la línea 12, conocida como la dorada, colapsó el pasado lunes entre las estaciones de Olivos y Tezonco, que se encuentran en la avenida Tláhuac, muy cercana a la división entre las alcaldías de Iztapalapa y Tláhuac, en el suroriente de la ciudad.

Estas dos alcaldías están dentro de las más pobladas de la ciudad y representan a la pobreza insertada en la periferia de una urbe con niveles alarmantes de desigualdad.

Más del 30% de la población de la capital vive en situación de pobreza, según los datos más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

De invasión a integración

En el caso de Tláhuac, sus pobladores se dedicaron por muchos años al cultivo y poco a poco la población fue trasladándose a diario a la ciudad para ocupar diversos puestos de trabajo.

“Primero hubo rechazo porque nos sentíamos invadidos los originarios del pueblo, pero luego nos dimos cuenta de que el progreso tenía que llegar y teníamos que comunicarnos con la ciudad”, relató Martínez, albañil de profesión.

Gran parte de la clase obrera que trabaja cada día en la zona centro procede del suroriente, donde antes de la existencia de la línea 12 podían tardar hasta más de tres horas en llegar a su destino.

“Nosotros nos sentíamos provincia, sentíamos que estábamos relegados. Entonces cuando pudimos subirnos al metro e ir hasta Mixcoac, trasbordar en Zapata o en Ermita vimos que bajábamos costos y tiempo”, contó.

Sin embargo, la línea dorada fue poco más que un espejismo, un amago de interés por la periferia, consideraron varios vecinos. Después del accidente, su servicio está suspendido indefinidamente.

El trágico accidente ocurrido el 3 de mayo dejó de nuevo a alrededor de 220 mil personas que utilizaban cada día la línea sin la posibilidad de viajar con gran velocidad y con un nivel de seguridad mayor que al de los autobuses.

“Esto está perjudicando a miles, a veces a uno lo corren del trabajo porque llegó tarde y a los jefes la verdad les importa poco”, explicó Romualdo Flores, vecino de la zona, mientras esperaba a que un autobús lo llevara a su destino.
 

 

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