La desolación de ver al fuego sepultar el trabajo de una vida

Lo que para unos es una experiencia única, para otros se está convirtiendo en una pesadilla, al haber perdido sus propiedades o tener la certeza de que van a perderlas.
martes, 21 de septiembre de 2021 · 05:00

EFE  /  Santa Cruz de La Palma

Los vecinos de los núcleos más cercanos al nuevo volcán que emergió este domingo en Cabeza de Vaca, en La Palma (archipiélago español de las Canarias), han pasado de la expectación que genera un espectáculo natural de semejantes proporciones a la desolación de contemplar cómo la lava sepulta “el trabajo de toda una vida”.

Desde la población de Tajuya, en el municipio palmero de El Paso, se observa claramente la erupción y cómo corre la lava por una ladera que está siendo transformada por el material volcánico que no para de emerger por el cono del volcán.

Pero, sobre todo, se oye un rugido enorme, “como si de un batallón de aviones de combate se tratara”, afirma un vecino del pueblo.

Lo que para unos representa una experiencia única, para otros se está convirtiendo en una pesadilla, una tragedia personal, porque han perdido sus propiedades o tienen la certeza de que van a perderlas. No hay nada que pueda frenar el avance de la lava.

Desireé es una vecina de Todoque, el barrio al que se dirige la colada y teme el daño que pueda sufrir su vivienda.

Ella es de las que mira con desagrado al volcán. Le molesta el estruendo, no le ha dejado dormir en toda la noche.

Lo de menos es el ruido. Desirée pudo poner a salvo a sus animales el domingo, pero tiene miedo por su casa, porque sabe que “cientos” de viviendas han sido arrasadas.

“Es mi casa de toda la vida”, señala. “Esto no es fácil, nada fácil”, continúa.

Algunos vecinos desalojados se encuentran en la plaza de la ermita local de San Martín de Porres, que se ha convertido en un mirador privilegiado del volcán, pero no quieren hablar y esperan, angustiados, noticias sobre si sus propiedades se han visto afectadas.

La mayoría ha encontrado acomodo en casas de parientes y amigos porque “aquí todo el mundo se conoce y se ayuda”.

Arantxa vive en una zona agrícola del municipio de Los Llanos de Aridane y, aunque no la han evacuado, está nerviosa, “con la maleta preparada”.

Está muy preocupada, porque la lava sepulta campos y casas. “Se carga (destruye) fincas enteras”, ha lamentado esta mujer, que se pregunta cómo quedarán esas tierras cuando se detenga el volcán.

Además, apunta que muchas de esas casas son de “autoconstrucción” y buena parte no tienen seguro. Si bien reconoce que las administraciones públicas hacen lo que pueden, “no hay fórmulas mágicas”, recuerda.

Mientras, la erupción continúa y la lava se desplaza ladera abajo. Ya ha atravesado la carretera y continúa su camino hacia la costa, donde se espera que llegue esta tarde-noche local.

A los costados de la colada, se observan numerosos focos de fuego, que van quemando los alrededores.

Otro de vecino de la zona, que vivió la erupción del volcán del Teneguía hace cincuenta años también en La Palma, subraya que aquella tuvo mayores proporciones, pero llama la atención sobre otra cosa: este volcán puede provocar estragos más graves. “No había tanto peligro”, le apostilla otra lugareña, que también presenció la erupción de 1971. Eso sí, recuerda que entonces las cenizas llegaron incluso al otro extremo de la isla.

Mientras los vecinos contemplan el volcán, un helicóptero sobrevuela la zona, para tomar imágenes y obtener nuevos detalles sobre la evolución de la colada. De momento, la lava ya ha cambiado el paisaje. Donde antes había pinos y montebajo, ahora hay varias cimas humeantes, formadas por el material expulsado por el volcán.

 La lava sepultará infraestructura

Los ríos de lava que recorren la vertiente oeste de la isla de La Palma en dirección a la costa sepultarán comunicaciones terrestres, eléctricas y telefónicas y crearán una lluvia ácida cuando, en las próximas horas, lleguen al mar.

Así lo ha explicado  el catedrático de Geología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria José Mangas, quien ha detallado que las coladas de esta erupción de tipo estromboliano, caracterizada por pequeñas explosiones de materiales en estado pastoso, que suceden en pocos minutos u horas, acompañadas por derrames de coladas de lava, arrastran varios metros cúbicos de lava por segundo.

El efecto de este fenómeno es la creación de diversas lenguas de lava de varios metros de ancho que van sepultando a su paso carreteras, viaductos, tendidos eléctricos y telefónicos y fundiendo las tuberías de pvc de las conducciones de agua potable, ya que la lava avanza a unos 1.100 grados de temperatura.

“Es como una apisonadora, para volver a habilitar las carreteras se necesitarán explosiones, no se podrá con excavadoras”, ha referido.

El geólogo de la ULPGC, que en esta crisis volcánica colabora para facilitar a la población la comprensión del fenómeno al que está asistiendo, también ha aludido a la destrucción de viviendas, plantaciones, hoteles, casas rurales e instalaciones agrícolas que causará este volcán, un espectáculo de la naturaleza que también ocasionará “pérdidas importantes” para la isla de La Palma.

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